El rincón de los pesqueros (10)

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Trainera y batel en la tranquilidad de 'entremuelles' (1912)

El batel

Parece ser que la primera vez que aparece este nombre, se refería a una embarcación menor empleada en el servicio ordinario de comunicación con tierra y otras naves, siendo durante los siglos XV y XVI un tercio menor que la “barca” de las naos, y durante el viaje, se llevaba siempre estibado en cubierta, de tal forma que el embarcarlo era señal de partida, y por ello la de desalojar la nao para cuantas personas no fueran de viaje, según expresa el dicho… “Batel dentro, amigos fuera”.

Ahora bien, al llegar a nosotros, nos encontramos, sin duda, ante la más estilizada y esbelta embarcación de todo el Cantábrico, y con esta palabra “batel”, representará al ligero esquife, que movido a remo, como elemento menor de la flota artesanal norteña. A finales del siglo XIX y hasta muy entrado el siglo XX, armaba un aparejo áurico, que consistía en un corto mástil, que emergía de una fogonadura en la primera bancada, con una ligera caída hacia proa, y armaba una vela al tercio, que en la distancia la hacía parecer una triangular.

Batel

Posteriormente, este aparejo iría desapareciendo hasta quedar simplemente como una embarcación movida solamente a remo. (A “motor de alubias”, como lo denominaba mi buen amigo Francisco García Antolín “Paco Fragarán”)

Todos estos bateles, que en realidad era una lista de veleros menores que la trainera, montaban sobre la regala cuatro toletes, dos por banda, aunque también estaban incluidas embarcaciones de seis toletes o mas, que tenían nombres propios, como eran los “potines” en Guipúzcoa, “barquillas” en Cantabria, o “lanchinas” en Asturias.

Lanchina asturiana regresando a puerto (c. 1900)

El diseño era común en todas ellas y consistía en presentar “líneas de agua” muy finas, tener dos proas, poco calado y popas de “nuez”, estando todas ellas gobernadas por medio de espadilla.

Son verdaderas traineras en miniatura.

Fernando Suárez Cué

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