Poo de Cabrales

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Imagen, Valentín Orejas

Estábamos sacando fotos al Casaño, justamente desde el puente que permite cruzar a Poo de Cabrales, donde ese pacífico y rumoroso río tiene su vega, cuando nos llamó la atención un inquieto pájaro de colores ocre, verde, amarillo y beige -creo que era un mosquitero- que se lanzaba al río en busca de alimento, volviendo apresuradamente, como una suerte de boomerang, a la rama que le servía de percha. Al mismo tiempo, unas truchas aquí, y otras allá, creaban círculos concéntricos en la superficie de la cristalina agua al saltar para atrapar insectos en el aire. Un poco más lejos, una pareja de azulones nadaban confiados y una garza real estaba posada estática y altiva sobre un árbol.

Tras estar entretenidos un buen rato, nos dimos cuenta de que a pesar de la cantidad de veces que hemos transitado por delante de Poo de Cabrales, seguramente porque no circulan vehículos de paso por su interior, no conocíamos ese pueblo del concejo más quebrado de Asturias.

Nos faltó tiempo para atravesar el puente, y girando a la izquierda nos encontramos frente a la iglesia parroquial, que data de 1679 y está bajo la advocación de Santa María Magdalena. Destaca en ella, además de su forma de prisma, un original pórtico cerrado, que guarece la fachada occidental y el lienzo norte, y un bonito empedrado.

Sin perder la compañía del Casaño, y con el Uriellu, gracias a un jirón en las montañas, a la vista, seguimos hacia las afueras del pueblo, y tras pasar frente a casonas blasonadas llegamos a un espectacular Palacio de planta rectangular, dos alturas y a cuatro aguas. Enseguida, nos fijamos en el precioso corredor de la fachada principal con columnas dóricas de sillería, y en su capilla dividida en dos por el arco de triunfo.

Esta joya de la arquitectura civil asturiana, rehabilitado hace pocos años, ha recibido distintos nombres, dependiendo de quienes fueran sus dueños. Así, en un principio se le conoció como el Palacio de los Pérez Bulnes, cuyo escudo de armas luce en la fachada, seguidamente fue propiedad del Cardenal Inguanzo, y más tarde, y de esa forma se le denomina ahora, de los Cernuda.

Después, reparamos en que el Palacio guarda un espacio de respeto con la población y, también, que los inmuebles que lo preceden habrían sido de hidalgos, segundones, caseros o llevadores.

Nos hubiera gustado deambular entre las calles de Poo, que tienen nombres curiosos como Alegría o Olvido, y admirar sus casonas de indianos, algunas en la actualidad dedicadas al turismo rural, pero teníamos el tiempo justo para llegar al Pozo de la Oración y ver refulgir el sol en las paredes del Naranjo del Bulnes.

No hicimos mal en aprovechar aquel momento, ya que en unas horas comenzó el temporal y el Uriellu muy blanco se perdió, durante unos días, entre las nubes.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

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