Estampas del pasado (II)

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1807

El vientón

El Almirante Cervera, acorazado de la Armada en manos del ejército golpista, había destruido a cañonazos en el año 37 los puentes de la carretera nacional que enlaza Santander con Oviedo , en Unquera-Bustio sobre el río Deva y en La Franca sobre el río Cabra con el objeto de cortar la retirada a las tropas republicanas presionadas en la Cornisa Cantábrica por el avance de los sublevados del Frente Norte.

En el Deva habían construido una pasarela de madera, que soportaba apenas las carretas tiradas por bueyes. En el Cabra tardaron años en unir los acantilados de cada orilla con un puente practicable. Por lo que la escasa circulación que existía entre las dos provincias tenía que desviarse desde Puertas de Vidiago, por una carretera de grava apisonada y polvorienta, bordeando la falda norte de la Sierra del Cuera a salir a Panes donde, enlazando con la que desciende de los Picos de Europa hacia Unquera, retomaba la nacional hacia Santander.

Madrugada del 15 al 16 de febrero del año 1941.

Había un leve y cálido viento del Sur aquel atardecer; y jugábamos los chiquillos al escondite en la explanada de la aldea entre nogales centenarios.

Un chopo enorme y un fresno, separados unos cien metros de las viviendas más próximas, castañueleaban con sus hojas como aplaudiendo nuestros juegos.

Las mamás nos apremiaban para que nos recogiésemos, pero nos hacíamos los remolones gozando de aquella placentera brisa.

A la entrada de la noche, la brisa ya era un viento que iba arreciando progresivamente hasta convertirse en un verdadero ciclón.

Las tejas romanas y las chimeneas se paseaban por los tejados tañendo como esquilones, para finalmente hacerse añicos al caer sobre los cantos de las caleyas.

De cuando en cuando, nos estremecía de terror el ruido de los árboles al caer abatidos por el huracán.

La monstruosidad de los estallidos de los truenos parecía quebrar las fibras en el interior de nuestros cerebros.

El viento aullaba entre las cornisas como una colosal jauría de lobos enloquecidos.

Era una noche infernal, tenebrosa; iluminada por los fogonazos verdes de las centellas.

Horas interminables. Dantescas.

Al alba, al amainar el viento, empezó a llover fuertemente; siguiendo así hasta bien entrada la mañana, para quedar poquito a poco domada aquella furia y, finalmente terminar en una brisa apacible similar a la de la tarde anterior cuando todo había comenzado.

Más tarde, pasado el mediodía, el panorama era desolador. Los ancianos nogales y los demás árboles estaban en el suelo arrancados de raíz. A varias de las casas de la aldea les había desaparecido el tejado; la viga mayor de la casa de mi abuelo apareció destrozada a más de un kilómetro en un bosque detrás de la aldea, donde miles de robles y castaños habían sido derribados.

Al acercarse el atardecer, un púrpura bellísimo aparecía en el cielo tras el Picu Lillo y, lentamente se iba extendiendo por todo el horizonte; como si la Naturaleza arrepentida nos brindara el sosiego que ella misma nos había arrebatado la noche anterior.

Poco habría de durar aquella placidez, pues avanzada la noche sin haber conciliado aún el sueño, comenzaron a pasar camiones, decenas de camiones, por aquella carretera estrecha de zahorra en dirección a Panes.

Eran bomberos de Oviedo y Gijón. Los que venían primero despejaban la calzada aserrando los troncos caídos..

Estaba ardiendo Santander. El incendio más demoledor de la historia de la ciudad .Aquella tragedia que – a pesar de haber sólo un fallecido- hizo palidecer la tan recordada explosión del barco Cabo Machichaco que, a finales del siglo XIX ( 1893) había hecho enormes destrozos y causado numerosas víctimas – 590 fallecidos y más de 2000 heridos- en los aledaños de su embarcadero de Maliaño.

El vapor Cabo Machichaco

Aquel incendio arrasó gran parte del casco histórico de la ciudad incluida la catedral . La mayoría de los daños fueron materiales, pues miles de familias perdieron sus hogares y negocios. Pero afortunadamente una sóla víctima mortal, un bombero, y al rededor de un centenar de heridos.

Eladio Muñiz

6 Comentarios

  1. Muy buen apunte Fernando.Es cierto, Lisboa otra ciudad marcada por las tragedias: tsunamis, incendios, explosiones…
    Gracias amigo.

  2. A las dos de la tarde del viernes 3 de noviembre de 1893, mientras se encontraba anclado en Santander, estalló un incendio en la cubierta del barco de vapor “Cabo Machichaco”, en cuyas bodegas aparte de otra carga general, transportaba 1.720 cajas de dinamita con un peso bruto de 51.400 kg,
    Eladio, esa tragedia, me hace recordar otra ocurrida el 25 de Agosto de 1988, cuyo resultado, de características similares hizo desaparecer unos de los barrios más antiguos de su tiempo. El romántico corazón de Lisboa, el lisboeta barrio De Chiado. Terribles historias, de dos bonitas ciudades abiertas y enfrentadas a todos las Mares del Mundo, pero que les fue muy difícil enfrentarse al fuego.

  3. Desgraciadamente, el bueno de Juan Junco «El Chaparru» murió hace tiempo, creo recordar que en el año 2.000.
    Un beso, Eladio.

  4. Gracias guapa. Con razón me ardían hoy las orejas.
    Oye ¿ Vive Juan el Chaparru de verdad? Cuando le he visto me ha dado un vuelco el corazón. Ha sido el Chaparru uno de las personas mas nobles que ye he visto en mi vidfa.

  5. Eladio, tú si qué tienes que contar y sabes como hacerlo!!!Hoy, me acordé de tí, pues hice la ruta de las Tradiciones, muy cerca de Boquerizo. Un abrazo gigante.

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