El rincón de los pesqueros (18)

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Pareja de faluchos al arrastre

El falucho

Entre Ayamonte (Huelva) y Algeciras (Cádiz), la Mar se ha mostrado generosa con esta región, como casi siempre sucede en aguas donde vierten ríos caudalosos, debido al aporte de minerales y substancias nutritivas. Además hay que contar que el golfo de Cádiz recibe permanentemente el flujo de la corriente atlántica que se precipita en el Mediterráneo a través del estrecho de Gibraltar. Además, y como felicidad para el pescador, estas ricas y fértiles aguas disfrutan de una amplia Plataforma Continental, que en el Golfo de Cádiz, está limitada por la isobata de 100 m. de profundidad, teniendo una anchura variable, mayor en el área central, y más estrecha hacia Portugal y el estrecho de Gibraltar, lo que propició la temprana aparición del arte del arrastre.

Los primeros pesqueros andaluces tienen que recordarnos a los barcos del Cantábrico, y sobre todo a los gallegos, ya que estos pesqueros, tradicionalmente, navegaron hasta esas aguas a la caza de la sardina desde hace mucho tiempo. Debido a eso, la forma esos diseños se adaptaron rápidamente al golfo de Cádiz.

Falucho (1890)

Dentro de las diversas embarcaciones empleadas para las artes de la Mar, el falucho era la embarcación reina de esa zona. De casco ligeramente alargado, pertenecía a la familia de los jabeques y se les veía utilizar las kilométricas playas tendidas entre el Guadiana y el Guadalquivir.

Los faluchos clásicos mantenían esloras de unos 15 m. y 18 m. mangas de 6 m. y puntales sobre el 1,90 m., y desplazando unas 25 Tm. aproximadamente. Medidas sorprendentes para las aguas norteñas, acostumbradas a las boniteras cantábricas, que para 15 m. de eslora, exhiben tan solo, 3,60 de manga, poco más de la mitad de la de un falucho.

Como característica especial dentro de los faluchos, se debe citar la facultad de variar la inclinación del palo a barlovento, evitándose con ella la toma de rizos al ventar duro.

A partir de ahora y adentrándonos en el Mediterráneo, veremos embarcaciones muy “mangudas”, pero tiene su explicación, pues cuando se navega ciñendo bajo el empuje de una vela latina, la fuerte escora que se produce, necesita de buenas mangas. Esto no ocurre con la bonitera norteña, y no eran necesarias estas medidas, pues la vela al tercio, navega con vientos largos, pudiendo modificar, con ayuda de “falquines” la inclinación del mástil.

Aparejo de falucho

La variedad en los tipos de faluchos que pescaron en el golfo de Cádiz y en el resto del Mediterráneo fue enorme, no solo por sus dimensiones, sino por sus planos bélicos, ya que los hubo de uno y dos palos, todos ellos armando velas latinas, con o sin foque, y fueron la base propulsora de las viejas flotas pesqueras de esas zonas.

Era tal su facilidad para dar salida al agua embarcada, que a las aberturas rectangulares que para este fin tiene en la cubierta alta, se les denomina “falucheras”

Bibliografía: “Enciclopedia General del Mar”. “Pesqueros Españoles”. “Las Artes de la Mar”. “La navegación en Cataluña”

Fernando Suárez Cué

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