Sirviella

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Imagen, Valentín Orejas

Nuestra siguiente visita, después de subir a Gamoneo de Onís, en el Concejo que se tiende al norte del macizo occidental de los Picos de Europa y cuyo topónimo dicen que significa “tierra provechosa”, fue a Sirviella.

En ese pueblo de la parroquia de Benia de Onís y a orillas del Guëña, afluente del Sella, nada más llegar deja con la boca abierta una imponente Torre de forma cúbica y tres pisos, que a excepción de los sillares y cortafuegos está pintada de un blanco hueso, en la que destacan el escudo de armas de los Posada y dos ventanas abiertas en la segunda planta cuya luz está dividida por unas pequeñas columnas.

Dejando atrás la Casona, que así llaman a esa Torre medieval que datan en el siglo XVI, seguimos a la izquierda y en la carretera que une Sirviella con Talavero no tuvimos más remedio que detenernos para contemplar un palacio con un patio al que se accede a través de una portada construida con sillería de piedra caliza en el que resalta un escudo de armas.También, se van los ojos a su vistosa galería y sobre ésta un corredor con cubierta y barrotes de madera.

Volviendo sobre nuestros pasos llegamos a una coqueta placina en la que, además de casas tradicionales de piedra caliza y arenisca, madera de roble o castaño y teja curva tradicional, se encuentra una capilla rural a dos aguas, que según me contó Paco, un vecino que habla con la mirada y sabe lo que no está escrito en los libros, atesoró una imagen de la Virgen de Belén sobre una burra. En la actualidad, además del Cristo de las Injurias, al que está consagrada, custodia a la Virgen de Gracia, a la que llevan en procesión, cada 8 de septiembre, a la Ería, a unos 3 kilómetros, donde se halla la bucólica capilla de Rozada.

Y todo esto, y algo más- pues hasta me habló de un crimen que sucedió hace muchos años- me lo contó el expresivo y comunicativo Paco en La Sidrería El Pareón que, establecida en una antigua casería familiar y totalmente integrada en el entorno, regenta con profesionalidad, esmero y ganas de agradar su dueña: Soraya.

En ese rincón típico y acogedor se puede beber la sidra etiqueta Sirviella, marca creada por la propia Soraya, que se elabora en un llagar, que está bajo los comedores, y se almacena en una cueva para mantener intacta la temperatura.

Y por si lo anterior fuera poco, la polifacética propietaria hace una jalea de sidra por reducción, receta de su abuela, que añade otra razón para visitar Sirviella.

Volvimos por donde habíamos ido, y al echar la vista atrás me pareció que Sirviella era como el escenario de una novela pastoril.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

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