Arangas de Cabrales

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1816

Sorteando los argayos caídos en la cara sur del Cuera por las lluvias de marzo y abril, dejando atrás Peñamellera Alta y unas hermosas praderías ocupadas por rebaños de ovejas, en un suave descenso llegamos a Arangas de Cabrales.

De lejos, a lo primero que se van los ojos, además de a tanta montaña blanca al fondo, es a una Iglesia enclavada en un alto y un poco distanciada del pueblo.

Una vez que te acercas, lo que llama la atención son sus poderosos sillares de piedra rosácea y una ventana ojival de tracería calada, que parece estar hecha de tela y no de piedra.

Después, nos enteraríamos que este templo medieval de estilo gótico, que sufrió interior y exteriormente múltiples reformas, está bajo la advocación de San Pablo, fue fundado por Juan Villar Mier y construido entre 1570 y 1590.

Seguidamente, en lo que reparas es que enfrente de la puerta sur hay un enorme tejo, varias veces centenario. De este árbol, que en realidad no es tejo, sino teja, y junto al cual uno se puede sentir joven, cuentan que es el más viejo de Cabrales y, también, que en los años 50, el cura lo vendió a un maderista alegando que las raíces afectaban a los cimientos de la Iglesia, pero cuando el comprador fue a cortarlo se encontró con que los vecinos del pueblo rodeaban al tejo, logrando así impedir tal disparate.

Aparte de salvar árboles, los habitantes de Arangas vienen dado más ejemplos de su manera de ser, así hace pocos años aportaron su mano de obra en la restauración de la Fuente de las Infantas, que no es cualquier fuente, pues, además de tener un poema propio, que le dedicó Alfonso Camín, el cual la mayoría de los vecinos conocen de memoria, es lugar de leyendas, entra las cuales hay una que narra que en ella se iban a peinar las dos hijas de un moro que allí vivía.

Tampoco faltan en este pueblo de la parroquia de Arenas casas blasonadas, como la del Navariego, de estilo renacentista, que se alza en un alto desde donde parece dominarlo todo, que tiene grabado el año 1669 en el dintel de la puerta y en la fachada los escudos de Mier y Cossio.

Ya en el interior, al lado de edificaciones de portada de arco de medio punto, y hasta una con ventana estrellada e inscripciones piadosas, se halla la valiosa casona del Santón que, aunque gravemente deteriorada, no pasa desapercibida por la presencia de una formidable piedra armera.

Abandonamos Aragas de Cabrales escuchando el sonido del agua saltando en pequeñas cascadas y con tan buena impresión que decidimos seguir poco a poco adentrándonos en ese Concejo que se extiende entre El Cuera y los Picos de Europa, y cuyos habitantes, según refieren diversos autores, nunca toleraron señorío de nadie.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

2 Comentarios

  1. Descartes, en nombre de Valentín y en el mío, mil gracias. Me lees «con muy buenos ojos», pues me comí un «de». Es lo que trae no repasar. Un beso.

  2. Leerte es un placer por tu idioma exquisito, por lo que nos enseñas, por lo que sabes y como nos lo explicas. Y por si fuera poco, las fotografías de Valentín Orejass son simplemente, obras de arte. No nos falteis por favor

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