Volveré. Un año no es un siglo. ¡Volveré!

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Las batallitas del abuelo

Las batallitas del abuelo

Un anno non è un secolo, tornerò.

Párrafo con el que comienza una novela rosa de gran éxito en la Italia de los años 90 del siglo pasado. Así mismo esta frase sería el origen de una canción “bombazo”, que por las mismas fechas ayudaba a consolar el agridulce de las ausencias de muchos enamorados del mundo entero.

https://youtu.be/aZdYAfuLOt4o

En el argumento, situado en la Italia colonial de los años 30, a un mozo siciliano – Cósimo , de Trápani- le envian a Abisinia a complir con su servicio militar obligatorio y, a sus veinte años, comenzaba a percibir un sentimiento hasta entonces desconocido para él: La nostalgia.

Era la primera vez que se alejaba de la “mamma”, pero sobre todo de “ la sua ragazza”.

Y aquel año que “no iba a durar un siglo”, en ocasiones le parecía que estaba durando un milenio.

Nunca supe si la novela y la canción fueron publicadas al tiempo con fines comerciales, pero en todo caso el resultado ha sido de un éxito sorprendente, pues si no llegaron a “esposarse por aquello de la pera y la manzana”, se amancebaron cariñosamente para mejor resistir la amargura de la nostalgia.

Existen disparidad de nostalgias. Algunas muy dolorosas.

Sentir nostalgia es siempre sentir una ausencia y, ¡¡cuántas ausencias invaden nuestro espíritu cuando visitamos un camposanto!! Hace un tiempo, al ver algunos mármoles en el pequeño cementerio de mi aldea, hasta algunos que no habían sido mis mejores amigos los comencé a considerar como a hermanos muy queridos.

Un gran pesar atenazaba mi pecho y, una extraña fuerza centrípeta me obligaba a girar y girar entre los nichos; hasta que al final, caminando por el senderillo que conducía a la salida, recordaba la rima de Bécquer: Dios mío qué solos se quedan los muertos.

Me hubiera quedado, pero afuera había vivos que me necesitaban tanto como yo los necesito a ellos . La opción era clara.

El sentimiento de nostalgia es tan frecuente que a veces podemos sentirnos tentados a pensar que es algo inherente a lo que somos, a la naturaleza humana. Es por eso que todos podemos identificarnos con la nostalgia: vivimos con ella, bailamos con ella, reímos con ella, lloramos… la acariciamos aún más cuando llueve en nuestras vidas.

Como si durante los días de tormenta, cuando nuestra visibilidad fuera casi nula, la nostalgia brillara y se ofreciera como nunca ante nuestros ojos.

Sentimos nostalgia por alguien, por un pasado que ya no está presente, por lo que hemos sido. También podemos sentir nostalgia por el presente, que desafortunadamente ya no es como era. Sentimos nostalgia por los momentos, los detalles, las caricias, las palabras … En resumen, la nostalgia es tan real como lo somos nosotros, por eso nos penetra profundamente.

La nostalgia se aloja siempre en lo pasado, y nuestro pasado es como un país remoto; es como un país del cual nos hubiéramos exiliado ; y al igual que cualquier exilio, es frío y difícil, por lo que empleamos mucho de nuestro tiempo en buscar el calor que lo mitiga. Este exilio puede estar en el otro extremo del mundo, pero también puede estar muy cerca de nuestra tierra prometida. Puede ser el arrepentimiento de un tiempo lejano, o el de las horas que acaban de pasar.

La nostalgia no nos debe sumergir en una profunda melancolía. Querer volver a lo que éramos es una forma de conocernos mejor. Obviamente, no se trata de no querer vivir el presente o sentirse mal por nuestra vida de hoy, sino simplemente reconocer y tomar conciencia de lo que hemos podido experimentar antes.

La nostalgia, como la mayoría de las cosas en nuestra existencia y nuestro mundo, tiene dos facetas. Así cuando escuchamos esa palabra, nos parece escuchar algo dulce y a la vez triste.

Sentir la ausencia de nuestra familia, nuestros amigos o de los seres queridos es algo que nos desnuda. Pero también es una caricia, también toma conciencia de las personas que tenemos en nuestras vidas y que realmente amamos.

Pero la nostalgia a menudo pinta nuestra cara con los colores de la melancolía. Suele acontecer más intensamente durante el otoño y el invierno. Pero debemos ser valientes. Debemos entender que es la ausencia de lo que vale, de lo que nos hizo o lo que nos hace sentirnos felices, y porque “ el mundo gira, no se para ni un momento” y la primavera volverá.

Si la nostalgia tiene su origen en una ausencia permanente , debemos tener el coraje de verla como el precio que se paga por las cosas más bellas.

Debemos mantener la imagen de la nostalgia como un sentimiento que nos completa, que nos permite identificarnos con el mundo en el que vivimos y que nos inscribe totalmente en el presente, con una conciencia perfecta y sin remordimientos del pasado.

Saludos amigos míos. Espero hayáis tenido reparadoras y placenteras vacaciones.

Eladio Muñiz

1 Comentario

  1. Eladio, precioso y sentido artículo. Me hace preguntarme si hay lugares intrisícamente melancólicos o somos nosotros quienes les inculcamos ese carácter.
    Estoy encantada de que volvamos a ser compañeros de columna los sábados.
    Un abrazo muy fuerte.

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