Anillo de los Picos de Europa

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Nuevo récord femenino en 26 horas 18 minutos,
contado en primera persona por Sonia Regueiro.

La hora prevista de salida son las 09.00 horas y el lugar elegido para completar el recorrido circular es Poncebos. Tras pensarlo con detenimiento quiero tener suficientes horas de luz para atravesar el Macizo Occidental pasando por sus tres refugios de día -Vega de Ario, Vegarredonda y Vegabaño- ya que es una zona en la que la niebla es muy habitual y el GPS puede perder algo de señal.

Todo preparado: la ropa elegida es una falda con mallas compresivas y camiseta de manga corta de la marca deportiva WAA (todo un acierto) ya que la previsión del tiempo me dice que las temperaturas serán muy agradables incluso en altura. En la mochila llevaré una chaqueta y pantalón ligeros de goretex (también de WAA) y guantes por si la climatología cambia. También llevo el frontal con batería de recambio, el GPS con pilas de recambio, manta térmica, dinero, móvil, visera, gafas de sol, barritas energéticas y gominolas (me encantan) y por supuesto agua y sales minerales. Y los preciados bastones ligeros que tanto me ayudan en las subidas y desmontables para guardarlos en las bajadas y en los escasos llanos.

Tengo tantas ganas de empezar que a las 08.45 horas inicio la Ruta del Cares hacia la Canal de Trea. Llego a Vega de Ario y primera sorpresa, un grupete de amigos (Rubo, Olvido…) que están de ruta y me animan con verdadero entusiasmo y esto hace que aunque la fuente esté seca no le de importancia. Muy amablemente, el guarda del refugio me llena el bidón con grandes palabras que me llenan de energía. Además tomaré una coca-cola que tengo comprobado me sienta de maravilla cuando realizo actividad exigente.

Pasaré los Lagos de Covadonga rápidamente llegando al Refugio Vegarredonda a mediodía y sin entretenerme me dirijo hacia el paso de la Forcadona. Una zona muy entretenida y divertida ya que exige ir muy atenta de hitos y GPS para no desviarme con alguna trepada sencilla. Al llegar arriba me emociono y me permito unos minutos para saborear el momento. La bajada es brutal y enseguida llego al Refugio libre de Vegahuerta donde puedo volver a llenar mi bidón para continuar bien hidratada hasta el maravilloso Refugio de Vegabaño que se encuentra en un lugar idílico.

Aquí hago una pequeña parada para comer un par de barritas y tomar otra coca-cola. Sé que desde este punto hasta Cordiñanes me toca correr ya que es un tramo de bastante pista y llano pero aunque no me motiva este tipo de terreno estoy muy concienciada y conseguiré no dejar de correr ni un segundo. Antes de Cordiñanes cogeré fuerzas en el bar de Posada de Valdeón para afrontar la dura subida al precioso, espectacular e increíble Refugio Collado Jermoso, donde se pueden apreciar las mejores puestas de sol del mundo.

En la subida me quito la camiseta ya que llegaré arriba con los últimos rayos de luz y agradeceré volver a ponérmela seca para afrontar la noche y con ella la caída de las temperaturas. Como siempre, es un placer saludar al más que simpático guarda Pablo, quién ha conseguido convertir este refugio en todo un hotel de cinco estrellas. Me tomo otra coca-cola y sigo mi camino concentrada ya en superar la noche de la mejor manera posible.

Inmersa en pleno Macizo Central y con continuas subidas y bajadas me dirijo al Refugio Cabaña Veronica. Nunca olvidaré el momento en el que su guarda Carlos enciende la luz para guiarme y decirme que está ahí para lo que necesite. Al llegar le saludo, pero apenas paro un par de minutos porque no quiero quedarme fría. Una pena pasar por aquí con tanta prisa y perderme el estupendo pan que cocida en su propio horno.

Ya estoy corriendo por la pista que se dirige al famoso Teleférico de Fuente Dé para poco antes de eéte desviarme hasta el Refugio privado de Áliva. Ahora sólo puedo pensar en llegar a las Vegas de Sotres donde tengo una bolsa con comida, ropa, botiquín… que escondí hace un par de días. Es medianoche y resguardada en una “pequeña cueva” será una gran cena (tortilla, jamón, chocolate, plátano, almendras saladas… había de todo). No tengo ningún problema de ampollas u otros así que con el estómago lleno me dirijo hacia el temido canal de Jidiellu.

Como en otras ocasiones se me hace dura la subida pero consigo mantener un ritmo constante muy bueno. Después de librarme de la caída de una piedra bastante grande que pasa muy cerca (consecuencia de varios rebecos que están vigilándome) consigo llegar arriba y éste es otro gran emotivo momento ya que soy consciente de que llevo gran parte de la travesía realizada y conseguir el objetivo de terminar empieza a cobrar fuerza. Con la piel de gallina y enormemente contenta guardo mis bastones para correr hasta el Refugio de Andara. Su guarda Kike es un chico encantador, me gustaría saludarle y contarle que estoy intentando completar el anillo pero creo que a estas horas de la madrugada no es muy buena idea. Desde aquí llegaré con facilidad al pueblo de Sotres donde me hubiese encantado poder sacarme una foto en Casa Cipriano con Sonia y Juanjo que tan bien nos tratan siempre. Una pena que todavía sea noche cerrada.

Comienzo a sentir un dolor en el gemelo pero me obligo a mí misma a no pensar en ello y me concentro en subir a buen ritmo hasta el Refugio de la Trenosa. Aquí no puedo evitar pensar en lo plácidamente que dormirán su guarda Emilio y mi amiga Eva a la que tanto le gusta pasar los días en este entorno auténtico, tan auténtico como ella.

Conozco como la palma de mi mano el camino que lleva hasta el famoso y concurrido Refugio Urriellu así que desvío mi pensamiento y me vienen imágenes de personas muy queridas que ya no están pero que estoy segura me acompañan en mi camino. En el refugio sus guardas Sergio y Tomás (hoy libraba Iñigo, qué pena) se afanan en su trabajo ya que hay mucha gente. Me tomaré un café bien calentito y comeré algo rápido, se hace de día y estoy deseando llegar hasta al Refugio de Cabrones. Y al llegar a la Corona del Raso, llega la mayor de las recompensas al esfuerzo, me recreo con todo el esplendor del amanecer. Un hermoso sol rojizo y el Picu a mis pies… no puedo pedir más… El dolor del gemelo desaparece y no puedo estar más feliz.

El enclave del Refugio Cabrones es embriagador. Si necesitas desconectar del mundo, éste es el lugar ideal para hacerlo. Estoy ansiosa por comenzar la bajada que me llevará hasta Bulnes y finalmente a Poncebos. El primer tramo es muy entretenido teniendo que ayudarme con las manos en algún tramo y se me pasa muy rápido. Sin embargo, la fuerte y larga bajada por la Canal de Amuesa se me hace pesada, a estas alturas las piernas están muy doloridas y es peor bajar que subir.

Una vez en Bulnes, sólo pienso en llegar y con Ander y Eva corriendo detrás de mí y animándome constantemente no dejo de correr hasta parar en el punto de partida. No me lo creo, lo hemos conseguido, y digo hemos porque sin mi pareja, amigo y compañero de cordada Ander Cangas no lo habría logrado. Ha estado avituallándome todo el día y toda la noche sin dormir corriendo de un lado para otro, asegurándose de que todo iba bien. El Anillo es increíble, ¡¡pero él lo es mucho más!!

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