Paseos prohibidos

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Aunque ya hace mucho tiempo que las decisiones “brillantes” por parte de los “cuidadores” de nuestro “paraíso natural” no me sorprenden, no por ello dejan de ponerme los pelos de punta. Me refiero aquí al permiso concedido por el Principado para la matanza de cientos de cormoranes. Al parecer, no tienen en cuenta recomendaciones reiteradas de lo beneficioso que es para la salud y el espíritu el contacto con la naturaleza. ¿Por dónde pasearemos ahora? Tengo la impresión de que los políticos hacen caso a ciertos colectivos sin pararse a analizar las consecuencias que se derivan de sus decisiones que yo, personalmente, considero desatinadas. No creo que el problema para la pesca fluvial sea tan grave como para llegar al extremo de permitir una matanza de cientos de cormoranes. No son estos el problema, sino los vertidos contaminantes a los ríos, la falta de limpieza y la pesca furtiva. Comencemos por ahí y no pretendamos arreglar el asunto a base de tiros y sacrificio de animales. Me pregunto si alguien controla el número de piezas que se van a abatir. ¿Se lleva un control de las piezas abatidas o se deja a los “matadores” que actúen a su aire?

Unos días después de conocerse la noticia de la citada autorización por parte del Principado, y aprovechando las horas vespertinas antes del cambio horario, decidí realizar una caminata por las inmediaciones del río Bedón. Caminé unos dos kilómetros río arriba y, ¡qué casualidad!, no vi ningún cormorán. Sí había azulones con crías. ¡Qué bella estampa ofrecían los pequeños siguiendo a su madre! Al final de la caminata, a la altura del lugar donde estaban los patos sonó un disparo. Desde luego, no se trataba de un cormorán. No los había. Fácil es suponer cuál fue la presa abatida. No tengo nada en contra de los cazadores ni de los pescadores. Sin embargo, todos sabemos que los hay buenos, que respetan las normas y no matan por matar. Pero, por desgracia, también los hay “malos”, es decir, que disparan a todo lo que se mueve sin el más mínimo remordimiento. Trabajo cuesta creer que un ser humano sea capaz de matar por “placer” a otra criatura, inofensiva e inocente, que tiene el mismo derecho a la vida que él. Nuestra región es bella y variada en espacios naturales, y es labor de la Administración velar por que siga así. Nadie pide disponer de grandes espacios ni, mucho menos, de bosques ancestrales, pero sí poder pasear por las hermosas riberas de nuestros ríos y seguir escuchando trinos, no tiros de escopeta. Y ver las hojas deslizarse río abajo sin encontrarnos con aves muertas. La variedad de la vida animal que habita en la ribera de nuestros ríos es abundante. Muchos de estos animales no los vemos porque son silenciosos y huidizos, y nos temen. Y ahora, con el ruido de disparos, no tengo duda de que nos acercaremos al río y escucharemos un silencio funerario. ¿Qué será de las garzas, de las nutrias y del martín pescador? ¿Será posible evitar que se libren de lo que se avecina? Sinceramente, creo que no. Pero como los “gobernantes” tiene poder para hacer, deshacer, prohibir y conceder, poco podemos hacer nosotros para impedirlo. Bien sé que estas protestas no sirven para nada, pero, al menos, se desahoga uno expresando su opinión.

No estaría de más que estos “legisladores” pusiesen, al menos, todos los medios necesarios para que nadie se salte la ley. ¿Cómo?, menos “ideas” y más control.

José Manuel Carrera Elvira

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