La señorita “Bona tarda”

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A medida que avanzamos en edad, tanto más sensibles somos ante los inconvenientes y  más nos afectan las situaciones adversas. Leer la prensa o ver los informativos es, desde hace ya mucho tiempo, demasiado,  algo parecido a una película de terror. Observo atónito cómo el Parlamento se asemeja a un zoo incontrolado en el que todos se pelean con todos, y los insultos y las expresiones peyorativas se suceden sin interrupción. Es tal la ferocidad en el conflicto político que hace que el ciudadano se plantee no votar a ninguno de los participantes en la gresca. O sea, a nadie. “De perdidos, al río”, dicen en mi pueblo. Creo que estos señores no se dan cuenta de que, por lo general, la moderación y el silencio oportuno son de más utilidad  que la furia y el insulto. El insultador, sin proponérselo, hace un flaco favor al insultado, pues es este último el que inspira simpatía al observador. La gente no se chupa el dedo, y hasta el menos listo se da cuenta de esas mentiras baratas y de esos juegos con  el lenguaje. Al parecer estos señores políticos consultan un raro diccionario de sinónimos. Digo esto porque cuando nos hablan de “diálogo” vemos, a juzgar por los hechos, que se trata de concesiones y sumisión. Y Ahora, una vez “ligeramente” desahogado, me referiré al título del artículo. Es, sin duda, el tema catalán el que ocupa mayor espacio en prensa y televisión; también el que más hartazgo e indignación provoca en la inmensa mayoría de la población. En alguna parte he leído que “España no es un país para música e idiomas”, que son dos índices estadísticos importantes para  saber si el nivel cultural está por encima o por debajo de la media. Eso pensaba yo. Sin embargo,  después de haber visto en varias ocasiones el informativo de La Sexta, comienzo a ponerlo en duda.. Si ustedes ven los fines de semana el informativo de esa cadena comprobarán que una señorita aprovecha la conexión con Cataluña para saludar con un “bona tarda”. Lo hace una y otra vez, muy ufana y orgullosa de saludar en la lengua de los que dicen que los españoles hablamos el idioma de las bestias. Pero lo más curioso es que desde el otro lado le responden con un “buenas tardes”. Y más asombroso aún es que la citada señorita no se sonroja siquiera, sino que lo repite. ¡Qué ridículo y qué manera de “lamer”! Cuando se establece conexión con Londres, París o Berlín no hay problema, se emplea el “buenas tardes”, pero cuidado, con Cataluña no. ¿Qué importa no saber inglés, francés o alemán? Lo que cuenta es dominar el “bona tarda”, el Govern”, la Generalitat, el Procès etc. Eso es saber idiomas. Y hacer el ridículo. Así nos va.

José Manuel Carrera Elvira

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