Cáraves

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Imágenes, Valentín Orejas

Era un día muy soleado de enero, aunque con ese frío que te envuelve al parecer que viene por la tierra y por el cielo, cuando en compañía de Nel Melero, “el fotógrafo oficial de las Peñamelleras y de sus gentes”, y que en pocos días viajaría a Chile para escapar de este invierno y disfrutar de aquel verano, decidimos visitar Cáraves.

Mientras subíamos a ese pueblo por la empinada carretera que se toma al final de Trescares -que sigue con su iglesia cerrada al culto sin que nadie le ponga remedio- no se me quitaban de la cabeza, la cual me gustaría tener más en su sitio para expresarme mejor, las colmenas de velutinas, como una suerte de nidos de papel maché, que habíamos visto por el camino en las ramas altas de los árboles, y que desde que en el año 2004 llegaron en un barco a Europa no han dejado de expandirse sin descanso.

Una vez en Cáraves te percatas de que está dividido en dos barrios, a la derecha según llegas, y conocido como la Voleta, se encuentra la Iglesia de Santa María Magdalena, que tiene una pequeña estancia que hace funciones de sacristía, y un poco más arriba llaman la atención los restos de una capilla, bajo la advocación de San Emeterio, en la que se adivina que fue de buena construcción y tuvo bellos frescos.

Después, camino al otro barrio, columbrando las inconfundibles siluetas de los buitres volando en círculos sin batir las alas, Nel me fue señalando refugios que podrían ser de lirones caretos: árboles añosos, roqueros y sobre todo construcciones viejas, donde ese “dormilón con antifaz” se reguarda para entrar en un profundo sueño. ¡Hibernar! ¡Qué arreglo!.

Y ya en Higares, como se llama esa otra parte de Cáraves, conocimos a Tere y a su hermana Finita, dos de los nueve vecinos con que cuenta el pueblo en la actualidad, y que amablemente nos dieron a probar, al reparar en nuestra curiosidad, unos pequeños frutos anaranjados envueltos como en farolillos chinos, que resultaron ser Physalis, arbusto originario de América del sur, especialmente del Perú, que se está poniendo de moda para repostería.

A la bajada de ese pueblo del Concejo de Peñamellera Alta, tan definido por sus accidentes geográficos, con los ojos en las extraordinarias vistas al río Cares, al que no te cansas nunca de mirar, y en los pueblos de Trescares y Mier, y los oídos en la agradable música que siempre lleva Nel en el coche, me di cuenta de cuánto me gustaba este invierno del norte, con las umbrías todavía blancas, a pesar de ser más de mediodía, y el aliento como si fuera humo.

Y me sorprendí pensando que no hay lugar mejor para vivir el invierno que el Oriente de Asturias.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía, Valentín Orejas

2 Comentarios

  1. Rostroazul, buenos días.
    Tiene razón que me da un poco de pena que nuestro amigo Nel Melero se haya marchado a Chile…Pero vendrá muy pronto…antes de las elecciones…Y seguiremos “vagamundeando” por las Peñamelleras.
    En cuanto a la iglesia de Trescares, le cuento está bajo la advocación de San Vicente Mártir y existen escritos que la remontan al siglo XIV, pero desgraciadamente se encuentra cerrada al culto desde hace más de dos años debido a que le han aparecido unas grietas enormes que amenazan con desprender la bóveda y las paredes. Así que los vecinos de Trescares no pueden, como hicieron durante cientos de años, celebrar las misas, los matrimonios, los bautizos, las fiestas patronales, las exequias, las novenas, los aniversarios….Y como decía nadie le pone remedio…El tres de marzo del año pasado en este Diario, a traves de un artículo dedicado a Trescares, me hacía eco de la inquietud y desasoiego de los vecinos de no volver a ver abierta al culto su iglesia.
    Cambiando de tema, no hay inviernos como los del Oriente de Asturias… sobremanera como el de este año en el que se suceden los días soleados y suben las temperaturas en las horas centrales a más de 20 grados. No existe un clima como el nuestro, donde no tenemos nieve todavía en las alturas del Cuera, al contrario que en Canarias…donde se está quedando el Teide en blanco…..como mi cabeza cuando le contesto a usted..
    Gracias por su constancia.

  2. Doña Maiche: Sino fuera por Tere y Finita, que le animarón un poco la visita en Cáraves; yo detecto un cierto aire nostálgico en su excursión;….. digamos un poco de sabor agridulce como el de los frutos Physalis Peruviana, y es que doña Maiche a usted se le nota bastánte su estado de ánimo en su prosa,…. por lo que me atrevo a deducir, que la fuga de Nelson en su Velero para tierras lejanas, que es casi casi ….su compañero oficial de las Peñamelleras, la ha tocado un poquito el corazón, Y no quiero decir más doña Maiche….por si luego me increpan.

    Otra cosa que me llama la atención doña Maiche, es que le resulte placentero el frío invierno del norte, del cual tanto se queja el hermano lobo…al no hallar en el bosque helado nada que comer y tener que buscar el ganado para aquietar el hambre. Menos mal que en esta ocasión no ha decidido un descenso en solitario a pinrel y se ha resguardado en la nave terrestre de Nelsón, que al parecer tiene, no solo buen gusto naturalista, sino también buen gusto musical, aunque nos deje en la incertidumbre de los temas que le pone, lo cual que me permitiría conocer algo más de su personalidad…..Esperamos y deseamos el pronto regreso de Nelson por el bien del diario y de usted Doña Maiche…..no se nos ven a bajo ánimo.

    Por último doña Maiche, …..usted siempre tiene la cabeza bien en su sitio para expresarse…y lo hace con gran sagacidad….aunque cueste encaramarse allá arribón, para describir poblaciones que están perdiendo su quinta esencia….”la población”, y me da a mi la sensación que sin remedio…como lo del culto en Trescares,….porque digo yo…sin almas a quien curar…..¿para que se necesitan curas en un lugar?

    Esperemos que la Diosa Turbina se espabile sino quiere quedarse sin más visitantes que los intrépidos expedicionarios del Diario del Oriente, que semana tras semana nos cuentan, que los lugares como Cáreves ….¡EXISTEN!

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