Naturaleza en peligro

0
355

Es posible que, de vez en cuando, surja alguna noticia buena y yo no las vea, aunque tengo la impresión de que últimamente todas son malas. Esta es una de ellas, de las malas. Unas 96.000 especies engrosan la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, de las cuales más de 26.000 están en peligro de extinción. Y lo más grave es que esta cifra va en aumento. ¿Hasta cuándo? Probablemente hasta que sea demasiado tarde. Me entristece leer estas noticias, pero están ahí, nos gusten o no.

Comentaba esto con un conocido y me decía que estas “pequeñas cosas” no eran importantes. Pues bien, le dije, estas “pequeñas cosas” son las que, con el tiempo, pueden transformarse en “grandes desgracias”. Se trata de datos alarmantes que nos afectan a todos, también a Asturias, aunque a muchos les parezca algo lejano o que nada tiene que ver con nosotros. Es cierto que estas noticias no provocan gran alarma social y, lo que es peor, no dan votos. Soy consciente de que poco podemos ayudar nosotros como simples ciudadanos, ya que estos temas deberían ser enfocados y dirigidos desde instancias más altas. Pero como nada cabe esperar de los políticos, que bastante tienen con velar por la seguridad de sus puestos, no nos queda más que ayudar a través de la protesta y el comportamiento cívico y respetuoso en esta materia.

Desgraciadamente, ya no es posible reparar lo destruido en la zona costera ni evitar las quebraduras ocasionadas por las canteras en nuestras montañas. ¡Eso sí es contribuir a la destrucción de la naturaleza y del patrimonio asturiano! Pero a pesar de esto, aún quedan cosas bellas, casi únicas, en nuestra región. Soy aficionado a la fotografía y veo cómo cualquier imagen captada, bien sea en la costa, en la ribera o en la montaña, desmerece en belleza sin la presencia de algún ser vivo de su entorno.

Me enfurece comprobar cómo en las limpiezas, de tarde en tarde, en la proximidad de las sendas cercanas al río, se talan alisos y abedules ya desarrollados como si se tratara de maleza. Con ello, el área disponible para los animales silvestres es cada vez menor, contribuyendo así a la destrucción de su hábitat y a la pérdida de biodiversidad. Se supone que en los ayuntamientos hay personal cualificado para dirigir o controlar estos trabajos de limpieza. Pero por lo que veo, no es así. Sencillamente, mandan a unos señores a “limpiar”, sin más. Los árboles traen recuerdos.

Cuando veo esos alisos talados me viene a la memoria el texto del bello poema de Goethe: “El rey de los alisos” así como la hermosa música compuesta por Schubert para el Lied del mismo nombre. Pienso que talar un árbol es como asesinarlo. Esos alisos no estorban ni entorpecen el paso a nadie; embellecen el entorno. Un árbol no debe talarse si no es totalmente necesario. Respetar y mantener la flora de un lugar es imprescindible para la protección de la fauna. Tener esto en cuenta es tanto como contribuir al mantenimiento de la naturaleza y la belleza.

Eso sí está a nuestro alcance.

Seguiré visitando ríos y montes que, como digo más arriba, aún quedan. Y como quiero ser optimista, pienso y confío en la nuevas generaciones de ciudadanos y políticos, convencido de que (me refiero especialmente a estos últimos) se preocuparán más por la conservación de nuestro patrimonio y serán más honrados y competentes que los actuales.

José Manuel Carrera Elvira

Dejar respuesta