La piedra de las víboras

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Imagen, Valentín Oregas

Ya sabéis que yo soy más bien persona de Mar, y que para mí todo lo que esté más arriba de los 15 metros sobre su nivel, eso lo dejo para las gaviotas, pero…

Ell otro día fui a dar una vuelta por “El Mazucu” en compañía de unos muy buenos amigos a ver las curiosidades que en un almacén tiene guardadas el gran Luis Obeso Celorio, “el Páxaru” (aunque eso ya os lo contará Perela, que maneja la pluma como nadie, y basada en las fotos de Orejas, un mago de las imágenes), cuando nos encontramos con la simpática y dicharachera Rosi Meré. No tardamos en “pegar la hebra”, y entre las muchas cosas de las que hablamos, salió a colación la cantidad de víboras que hay por aquellos lares, por lo que nos relató una leyenda, que…

Os cuento. Parece ser, que cuando se acerca la época de apareamiento de estos reptiles, los “víboros”, al parecer muy excitados ellos, se reúnen alrededor de una piedra muy especial que solo ellos conocen y enrollándose con mucho cuidado eyaculan sobre ella. No me preguntéis como lo hacen, pues yo no lo sé, ni me lo puedo llegar a imaginar, pues ni “patucas” ni “meruquina” (que yo sepa), tienen los “probitinos”, por lo que habría que preguntárselo a Onán, pero a este solitario no lo tenemos a mano, y nunca mejor dicho.

Respecto al uso que le den las víboras a semejante “banco de semen”, y como se lo montan para aprovecharlo, pues qué queréis que os diga… ¡Ni idea!

Pero sigamos. Parece ser que esa piedra, a partir de ese momento, adquiere unas propiedades mágicas y milagrosas, muy superiores a los antídotos existentes, aunque sean elaborados por Bayer.

De estas mágicas propiedades ya tenía “conocencia” David de Villa (“tiu David), el cual empezó a buscar y buscar, hasta que consiguió encontrar una de esas maravillas.

El final del relato está, en que si a alguien le pica una víbora, lo que hay que hacer es llamar al “tíu David”, el cual se os va a presentar rápidamente con su “joya”. La coloca encima de la marca que los colmillos del reptil han dejado sobre el cuerpo de su víctima, produciéndose entonces el milagro. La piedra empieza a desprender una especie de humo muy suave, y a los pocos minutos, al retirarla, podréis comprobar que ha absorbido el veneno y ha hecho desaparecer las marcas dejadas por el ofidio.

Vosotros, veréis lo que hacéis, pero como yo lo creo a “pies juntillas”, en la agenda y junto a todos los datos y teléfonos de urgencias, llevo la dirección del “tíu David”, porque no me seáis incrédulos, que… ¡Haberlas “haylas”! Y si no, preguntárselo a todos los que se han beneficiado de tamaño prodigio de la “Naturaleza reptiliana”.

Eso, y tal como nos lo contaron, “vos” lo cuento.

Hasta la vista amigos.

3 Comentarios

  1. Juan Ignacio, estaba yo presente cuando Valentín hizo esa fotografía, y te puedo decir que le echó más valor que “Jim de la Jungla». Para mí, que este reportero gráfico es sin lugar a dudas, «O terror dos grandes ofidianos dos “Picos da Europa”, porque la susodicha «ofidia», no se atrevió a moverse ni un pelín.
    Un saludo

  2. Una igual que esa le picó a mi perro en Burgos, cazando, en pleno ocico…. casi lo mata… Estuvo 2 días en la UVI… Al final salió adelante…. si hubiera visto Valentín el salto que dió para atacar a mi perro… no se hubiera acercado tanto…. Saltó dos metros por el aire, al lado de un muro como esa y se fue a tal valocidad que le dispare dos tiros y se me escapó… debía tener algún nido cerca porque la agresividad que presencié fue increíble.

  3. Estuve presente cuando la simpática Rosi Meré nos contó la historia que de una forma tan célebre y fantástica nos ha relatado Fernando Cué.
    Lo cierto es que aquella excursión al Mazucu dio mucho de sí: buitres, víboras, trombeyos… Hay días que salen redondos.
    Gracias, Fernando.

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