Uno de los desvelos de Don Egidio

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El artículo de este sábado está dedicado a Manuel Maya Conde, bajo cuya dirección y cariño empecé a escribir, y lo hago glosando, como me enseñó, a un personaje que él admiraba y nos acercó, y que al igual que a Lolo nunca Llanes podrá agradecer su legado.

Muchos llaniscos, y en especial los simpatizantes del Bando de San Roque, sabemos que la Hospedería del Santo de Montpellier fue fundada en el año 1330 para descanso de los peregrinos que iban a San Salvador de Oviedo y a Compostela.

También, tenemos referencia de que, una vez cesadas las peregrinaciones, se convirtió en el Hospital del Concejo, y que pegado al mismo se encontraba la Capilla, existiendo en la pared medianera unos huecos, una suerte de ventanas, para que los enfermos pudieran oír misa desde la cama.

Asimismo, somos conocedores de que el hospital ocupaba un edificio de unos doce metros de fondo por cinco de ancho, que no contaba con otra comunicación con el exterior que la puerta de entrada, y que el acceso al piso superior, reservado para quien tenía a su cargo los menesteres que hacían funcionar la institución, era a través de una escalera interior de piedra.

Y recordamos haber escuchado hablar de que la última encargada, que reunía la condición de enfermera, cocinera, aguadora y amortajadora, se llamaba Asunción y que rezaba rosarios de su invención:

“¿Quién como Dios? Como Dios naide”, decía uno de ellos.

Lo que ya no es de tanto conocimiento general, es que aquel hospital, que no podía atender a las necesidades del Concejo y que al extenderse la Villa iba quedando entre las casas con perjuicio para la higiene, quitaba el sueño a Egidio Gavito Bustamente, celoso alcalde de Llanes, que vio la solución en la construcción de un edificio moderno y municipal.

Así que como primer paso gestionó con los patronos del hospital de San Roque la venta de la antiquísima institución, y con su producto, donativos y fondos municipales, proyectó un nuevo centro sanitario.

Además, otro ilustre llanisco, Román Romano, siempre altruista, secundó al alcalde ofreciendo un solar en la carretera a Pancar, donación que fue aceptada por el Concejo, después de agrias discusiones debido a la ubicación y a la dificultad de cimentación.

Ocurría esto entre 1896 y 1898, inaugurándose el hospital en ese último año, bajo la dirección de Manuel de la Vega Marcos y encargándose de la administración las HH. Religiosas del Buen Consejo.

El hospital constaba de planta baja con recibidor, cocina, capilla y dos salones y en la planta alta, dos amplias salas, sala de operaciones, cuartos de baños y clausura para las monjas.

Es de resaltar que el Reglamento, redactado por Don Egidio, aunque asesorado por expertos en la materia, rigió hasta los últimos años de vigencia del hospital.

Nunca Llanes podrá agradecer los desvelos y el buen hacer de aquel alcalde, bajo cuyo mandato la administración municipal de la Villa y el Concejo brilló por su honestidad, convirtiéndose en extraordinario que, en aquellos tiempos tan aciagos de España, nuestras arcas municipales cubrieran puntualmente todos sus compromisos.

Sirvan estas lineas como un homenaje a Don Egidio, “El Alcalde de Llanes”, hombre pequeño de cuerpo pero grande de espíritu.

Fuente: Textos de “El Oriente de Asturias”

Maiche Perela Beaumont

Fotografía, Valentín Orejas

4 Comentarios

  1. Fernando, buenos días.
    Me ha encantado tu recuerdo de las tertulias que se montaban espontáneamente en el despachín de Lolo de la Imprenta, y que tanto echamos de menos desde que desapareció «El Oriente de Asturias».
    También, te agradezco tus flores, sobre todo lo de cría…
    Un abrazo muy fuerte.

  2. Cuando parece que empieza uno a darse cuenta de la desaparición de Lolo Maya, y el dolor del momento comienza a remitir, me encuentro con esta fotografía de Perela que ha vuelto a volcar en mi memoria toda una serie de momentos pasados en ese despacho, en el que tantas y tantas veces estuve sentado con el maestro, hablando de infinidad de cosas, casi todas relacionadas con nuestra Villa.
    Despacho ese, en el que a tantas tertulias asistí acompañando a mi madre, Teresina Cué, y en el que por cierto, Lolo se sentaba en el su “rinconín” enfrente del ordenador, y a mí me dejaba hacerlo tras la mesa del despacho, en la que él llamaba la silla de “presidencia”.
    Todo empezaba cuando llegábamos, y Teresina le decía a Lolo que solo era un momentin para saludarle, pues íbamos con muchísima prisa. La segunda que llegaba, con más prisa todavía “pegaba la ebra” sumándose a la incipiente tertulia. Entraba la tercera, y más de lo mismo, con lo cual al final, un par de horas después, allí no cabía ni un alfiler más y todos de palique, pero eso sí, todos con muchísima prisa.
    Así era Lolo, con una capacidad de llamada digna de toda admiración. El tiempo era suyo y en el despacho de la imprenta, podía detener el tiempo a voluntad, para encontrarse con sus amigos y disfrutar de su compañía y conversación, con la satisfacción de saber hacerles partícipes de ese disfrute.
    Gracias a Lolo Maya por los momentos que nos hizo vivir y a Maiche Perela por esa foto que tantos recuerdos me ha suscitado, foto en la que aparecen estas dos queridas personas, una en la plenitud de sus conocimientos y sabiduría, y la otra, esa guapa cría (ni caso cuando dice “estoy bastante feina con ese pelo tan corto, tan abrigada y unas gafas tan grandes”, pues no es cierto), que está entrando en esa maravillosa edad de su propia sazón.
    Un abrazo amigos.

  3. Rostroazul, buenos días. Le agradezco mucho lo que ha escrito sobre Manuel Maya, director de «El Oriente de Asturias» durante más de medio siglo e hijo predilecto de Llanes, al que yo admiraba y quería de una manera especial.
    Estoy de acuerdo con usted de que en la fotografía de lo que nosotros llamabamos «la imprenta» estoy bastante feina con ese pelo tan corto, tan abrigada y unas gafas tan grandes, pero le puedo asegurar que esos ratos que pasé con Lolo fueron extraordinarios, fructíferos e imborrables para mí.
    También, le aseguro que no sé cocinar y esta vez no le engaño. Y aunque aprendiera no podría superar la popular sección de nuestro querido Fernando Suárez Cue, asimismo colaborador y amigo de Lolo Maya, «Antaño de pañuelos y monteras.
    En cuanto a Egidio Gavito Bustamante, personaje al que tanto admiró e investigó Maya, que le voy a contar si era mi tatarabuelo.
    ¡Qué le sea leve el final de mes!
    Le devuelvo los cordiales saludos.

  4. Doña Maiche…..yo no puedo sentir su aflicción por Manuel Maya, porque no lo conocí, así que mi conduelo es con usted, porque debe estar triste; …….aunque si le soy sincero en la foto que hoy nos reporta con el susodicho, tampoco se le ve muy radiante, …… tiene usted un aspecto como….entre la hermana sabionda de Dexter y una abogada Arzobispal especialista en nulidades canónicas, …..pero por contra he de admitir que Don Manuel desprende serenidad y señorio, …..vaya para él mi deseo de Paz y descanso en su transito, …..ya sabe que yo soy creyente Doña Maiche.

    En cuanto a Egidio Gabito, pues debió de ser un fenómeno Doña Maiche, porque no hay mayor bien que ocuparse de la salud del prójimo o el próximo y con todo lo que usted nos cuenta, incluido el problema urbanístico, que dejó «fuera de ordenación» al hospitalillo por quedar absorbido en el crecimiento de la villa y ser actividad clasificada de «insalubre»; y los desvelos de don Egidio, todo nos apunta a un personaje «notable»…… en definitiva como usted Doña Maiche, que vaya cantidad de cosas que sabe de la historia de Llanes…..no quiero ni imaginarme como será el recetario, que a buen seguro ya estará preparando para sorprenderme, porque no se piense que me va a engañar esta vez como hizo cuando me dijo que era rubia…..seguro que sabe usted de cocina mogollón…..o sea que venga….hable con la dirección y comience el cuadernín de recetas morenas de doña Maiche…….¡cocina Llanisca!….verá como es más popular que los pañuelos y las monteras.

    y ya no escribo mas doña Maiche, que es fin de mes y tengo que hacer cosas,….pero sobre todo salud y siga deleitándonos con tanta cultura comarcal.

    saludos cordiales de Rostroazul

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