Llegan las elecciones, tápense la nariz

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Una nueva cita con las urnas hace florecer (estamos en primavera, después de todo) las reuniones de aspirantes al trono con los potenciales depositadores de votos en los transparentes receptáculos plásticos.

Uno, dentro de su imbecilidad, se pregunta si acaso los partidos no tienen tiempo en todo el ínterin de las legislaturas para llevar a cabo de manera regular esos contactos que ahora y a contrarreloj mantienen atropelladamente con hoteleros, hosteleros, taxistas, taxidermistas, sexadores de pollos y demás ralea de esa que tiene en su mano ponerles o quitarles del sillón.

Mi imbecilidad debe llegar al súmmum cuando pienso que, además, ello les haría más cercanos a la ciudadanía e, incluso, más creíbles… esto es: que les daría una mejor imagen de la que tienen actualmente entre la gente.

Y no solo se trata de esas reuniones que ahora brotan como setas. Se trata también de esas “confianzas” que, repentinamente, ponen los elegibles en manos de sus electores.

Un ejemplo: VecinosxLlanes ahora que llegan esas elecciones municipales invita a llaniscos y llaniscas a que dejen indicado en su página web en que invertirían ellos el dinero del presupuesto municipal. Lo hacen cuando durante los años que ha durado la legislatura en ningún momento le dieron una opción similar, ni siquiera lejanamente parecida, a esa misma ciudadanía llanisca.

Es un ejemplo de cómo, en buena medida, las campañas electorales se centran cada día más en ver la manera de ofrecer engañosas propuestas al confiado votante a fin de este nos entregue su voto.

Y un paso más allá están los compromisos, las promesas. Para lograr el objetivo final le prometemos al confiado electorado lo que haga falta, nos echamos a sus pies si hace falta.

Como recordaba en mi anterior Opinión, en 2015 el ahora aspirante a repetir como Alcalde se comprometió en el programa electoral -con el resto de miembros de su candidatura- a permanecer en cargo un máximo de 4 años. Ahora tanto Riestra Rozas como Elviro Santos (sin preocuparse lo más mínimo por dar siquiera la más peregrina razón para ese cambio tan radical de pensamiento) se olvidan de aquel compromiso y se presentan con el objetivo de seguir en el machito: lo que hace cuatro años tanto les criticaban a los otros y ellos se comprometían a no hacer, ahora ya no les parece mal.

El tema no está, pues, en que lo que se haga esté bien o mal: el tema está en que si lo hago yo está bien, pero si lo hace el otro está mal. Electoralismo puro y duro. Esto ya no trata de la ciudadanía o del vecindario, trata de que sea yo –y no el otro- quien se siente en el trono.

Luis Sordo

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