La figura del cerdito

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Ahorro para un futuro en común

El “matacíu”, o matanza es una costumbre artesanal y popular que se repite en Asturias desde tiempos remotos, ya que el cerdo ha sido siempre sinónimo de prosperidad y abundancia.

Tenía lugar, al menos una vez al año, coincidiendo con los meses más fríos del invierno. En los días anteriores a la matanza, se celebraban reuniones familiares y se invitaba a uno o dos vecinos, expertos matarifes, para preparar y afilar los instrumentos. Se elegía un día que se previera sin lluvia, niebla, nieve o demasiada humedad para realizar la matanza.

‘Mataciu’ en Cué (1918)
‘Mataciu’ en Cué (1918)

Durante la Edad Media, en el mundo cristiano, una familia que tuviese un cerdo en su casa o en su pequeña granja era un símbolo de prosperidad y garantía de futuro (“del cerdo se aprovechan hasta los andares”), pues en caso de guerras o malas cosechas tenían una fuente de alimento al que recurrir y con el que poder subsistir, ya que además de carne, proporciona embutidos durante un año para la alimentación de una familia.

Recordemos que en la Europa de la Edad Media la esperanza de vida para el hombre era de 49 años y el de las mujeres de 53 años, una corta vida debido a las constantes enfermedades como la Peste Negra, la falta de medidas sanitarias y las frecuentes guerras que asolaban el continente. Durante este periodo de la historia, los pastores de cerdos eran los que mejor conocían los bosques y los linderos, por lo que eran llamados para atestiguar sobre los límites de propiedades y definir su extensión.

Ahorro para el mañana

En España en general y en Asturias en particular, la matanza del cerdo permitía conservar durante todo el año una fuente importante de proteínas de origen animal. Hay que recordar que comer carne era un privilegio que solo estaba al alcance de clases adineradas, ya que las clases populares debían conformarse con pan, cereales (gachas), que dependía de la zona geográfica, y de la casquería. Ante la dificultad para consumir carne por los menos pudientes, tener un cerdo era como ahora tener unos ahorros en una hucha para echar mano de ellos en caso de necesidad…

Por todo ello, las primeras huchas, y que han llegado hasta nuestros días, tenían forma de cerdito, símbolo de ahorro y de reserva para el futuro.

Fernando Suárez Cué

1 Comentario

  1. Fernando, ya se te echaba en falta.
    Me ha gustado mucho «La figura del cerdito». Además, esta muy bien ilustrada.
    Me ha recordado las huchas de barro con forma de cerdito que me compraba mi abuela en «El Marigordo».
    Aquellas que cuando estaban llenas rompíamos con un martillo.
    Gracias y hasta el lunes con «Antaño de pañuelos y monteras».

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