«Jarqueños» vs. «Mestizo» o Colunga a finales del siglo XIX

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El atentado bomba contra el Alcalde D. Prudencio Pérez de Velasco (1894)

Sí, señores, sí, no se trata de la elucubración de alguna mente enferma ni nada de eso, no, no… (La mía no lo está, y además tengo un papel que lo dice, ya lo saben…)

Les digo bien: Atentando con bomba contra la casa familiar del Alcalde de Colunga D. Prudencio Pérez, así como lo oyen…

Bien es verdad que tampoco se trataba de la potente y archiconocida bomba Orsini tan utilizada en la época, no, cierto es, pero vamos, que tampoco era moco de pavo, pues aun tratándose de una bomba pirotécnica, todo parece indicar que se trataba de un artificio procedente de la industria minera utilizada en excavaciones con una nada desdeñable potencia explosiva.

Pero vamos a los hechos:

Julio de 1894

“Criminal atentado y escándalo en Colunga”, dicen las crónicas de la época

“Aprovechando el ruido de los cohetes y la algazara de la fiesta con la que se celebra la foguera de Loreto, una mano criminal ha colocado un artefacto explosivo a la entrada de la casa que habitan D. Prudencio y D. Bonifacio Pérez de Velasco, produciendo el susto consiguiente y la penosa impresión que ocasiona ser víctima de una asechanza como esta…”

“Oyose la deflagración en toda la villa que celebraba con gozo la fiesta de su patrona…”

“Afortunadamente nadie, ni la servidumbre se hallaba en ese momento en la casa…”

“El hecho que denunciamos nos ha producido honda y sentida indignación…”

Las reacciones no se hacen esperar, y al día siguiente D. Bonifacio Pérez iracundo, sale a la calle profiriendo amenazas y prometiendo cazar a tiros de tercerola a los ocultos causantes del hecho culpando del asunto aunque sin citar nombres a sus enemigos: “Los Jarqueños”

Porque sí, señores, en esa época de la que estamos hablando había en la localidad dos bandos políticos muy definidos:

Los Pidalistas, cuyos representantes en Colunga eran la todopoderosa familia de “Los Pablos” que dominaba por completo la vida económica y política local encabezados por D. Prudencio Pérez de Velasco Alcalde prácticamente perpetuo, llamados peyorativamente por sus enemigos “Los Mestizos” y sus opositores los Populistas conservadores, llamados también peyorativamente por los Pidalistas o Pablistas “Los Jarqueños” – atrincherados cada uno en su Casino:

Los Pidalistas o Mestizos en “El Casino de Los Señores” en La Calle Real mirando por encima del mundo y Los Jarqueños en el más popular y modesto “Casino de la Unión” , en la Calle Pidal, para más inri el nombre del enemigo a los que acusa D. Bonifacio de la fechoría, quienes advierten al poco a través de su prensa afín, fundamentalmente “La Tía Cacica” y “La Opinión de Villaviciosa” que no están dispuestos a consentir en modo alguno que se les acuse de felonía semejante salpicando de lodo su honra a la que estiman más que la vida.

El asunto trajo cola, y complicó aún más las cosas entre los enconados rivales ya que aunque condenaron enérgicamente el atentado, Los Jarqueños fueron señalados por el pueblo como culpables tácitos de la fechoría, y estos reaccionaron con virulencia a través de sus medios contra los Pidalistas o Pablistas acusándolos de auto atentado, haciendo alusión a que ni dueños, ni siquiera criadas ni personal de servicio alguno se hallase en esos momentos en la casa, asegurada según las mismas fuentes en una importante cantidad hacía pocos días, recordando además que algunos miembros de esta familia, aunque absueltos habían sido procesados por tentativa de asesinato entre otras lindezas.

La confrontación no quedó ahí y las cosas no hicieron más que enredarse y volverse cada vez con más virulencia en contra de Los Jarqueños que culpables o no fueron acusados por todo el mundo de la fechoría, lo que no hizo más que incrementar el poder del omnímodo D. Prudencio y los Pidalistas y provocar además una importante escisión en las filas jarqueñas quedando aún más debilitadas y sin apoyo si cabe durante una larga temporada.

Así que ya ven, bombas y todo. Increíble, ¿no?

¡Pues vaya cómo se las gastaban nuestros abuelos!

Omar Pardo Cortina

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