Calamitas

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'Sólarsteinn' o 'Piedra solar' vikinga

“Calamitas”, fue el nombre que recibió en la Edad Media la aguja náutica, y que consistía en una aguja imantada, flotando en una vasija llena de agua que basada en su propiedad señala siempre el Norte magnético.

Antes de la creación de instrumento alguno que marcara la dirección de navegación en Mar abierto, esta dirección se determinaba partiendo de la posición de los cuerpos celestes, y de los accidentes geográficos presentados por las cercanas costas por las que navegaban. Algunas veces la navegación se apoyaba con el uso de sondas, pero ambos métodos, sondas y cuerpos celestes, presentaban en su uso dos dificultades principales, que eran cuando estaban sobre aguas demasiado profundas para el uso de sondas, y cuando el cielo estaba demasiado nublado, o el clima se presentaba muy neblinoso.

Calamita con flotador

Ahora bien, hubo pueblos de navegantes que no necesitaron el uso de tal instrumento, la “calamitas”, como fue, hasta cierto punto, el caso de los árabes, que generalmente contaban con cielos despejados al navegar por el golfo Pérsico y el Océano Índico, o como por su parte, los marineros del relativamente poco profundo mar Báltico que hicieron uso extensivo de las sondas, por lo que en un principio parece ser que no necesitaban de este instrumento para completar sus singladuras.

Su funcionamiento se basa en el magnetismo terrestre, por lo que señala el sur magnético que corresponde con el norte geográfico y es improductivo en las zonas polare, Norte y Sur debido a la convergencia de las líneas de fuerza del campo magnético terrestre.

Calamita primitiva

Inventada por los chinos hacia el siglo X de nuestra Era, fue traída al Viejo Continente por navegantes italianos, presumiblemente venecianos (no olvidar al gran viajero Marco Polo). El nombre chino del aparato se ha perdido, o por lo menos yo no lo conozco, pero el sorprendente instrumento fue llamado “bùssola” al llegar a Italia hacia el siglo XIII, palabra que fue tomada del latín vulgar “buxida” (“cajita hecha de madera de boj”), y que a su vez es procedente a su vez del griego “pyxis, -idos”, del mismo significado.

En Europa, la brújula es oficialmente conocida desde el Renacimiento, y su nombre actual en España partió, según parece, de la palabra italiana ya citada, pero que se deformó por influjo de la palabra en el castellano antiguo “buxeta” (“cajita”), y tomó una “r” después de la “b” inicial.

Calamitas usadas por navegantes orientales. Siglo XIII

Ahora bien, la etimología, que por cierto es el que más me gusta, es la que nos cuenta que su nombre fue debido a que inicialmente se creyó que obraba “por brujería” de allí su nombre más común y que es un diminutivo de bruja, “brújula”.

Más adelante fue mejorada para reducir su tamaño y facilitar el uso, cambiándose la vasija de agua por un eje rotatorio, y añadiéndose una “Rosa de los vientos”, que sirve de guía para calcular direcciones. Actualmente las brújulas han recibido pequeñas mejoras que, si bien no cambian su sistema de funcionamiento, hacen más sencillas las mediciones a realizar. Entre estas mejoras se encuentran sistemas de iluminación para toma de datos en entornos oscuros, y sistemas ópticos para mediciones en las que las referencias son objetos situados en la lejanía.

Brújula china

Otro elemento a tener en cuenta respecto a la orientación en mares abiertos, es la de los marineros vikingos, la célebre “sólarsteinn”, o “piedra solar”. Objeto, tal vez mágico, que es citado en algunos textos contemporáneos…

”El tempo estaba muy nublado. Estaba nevando. El rey Olaf envió a alguien para que echara un vistazo pero no había ningún punto claro en el cielo. Entonces el rey cogió su piedra del sol, miro al cielo y vio de donde venía la luz de la que adivinó la posición del sol invisible.»…

Muy interesante, pero esa ya es otra historia.

Un abrazo.

Fernando Suárez Cué

1 Comentario

  1. Navegar partiendo de la posición de los cuerpos celestes…¡Qué difícil era todo antes!
    A mí también la etimología que más me gusta es la de «Brújula»diminutivode bruja, por aquello de la magia. Me encanta la palabra «calamitas».
    Muy interesante, como siempre.
    Y gracias, Fernando.

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