Buelna

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Imagen, Valentín Orejas

Bajando de la sierra plana de la Borbolla hacia el mar, la mirada se queda prendida en la esbelta torre-campanario de la capilla bajo la advocación de Santa Marina de Buelna.

A poco que nos fijemos comprobaremos que a este pueblo de la parroquia de Pendueles, de casas tradicionales de piedra y madera, con los segundos pisos abiertos en solana y constelados de flores de colores luminosos, todo se le ha dado por partida doble.

Así, no solo atesora el templo de Santa Marina, sino que también guarda otra capilla, la de la antigua rectoral, e incluso una de ánimas, una suerte de pequeño altar en el que se ve un Pantocrátor con Jesús en Majestad y abajo la Virgen; apareciendo también ánimas, que liberadas de las penas del purgatorio, suben al cielo.

Además, conserva una segunda torre-campanario de sección cuadrada, hoy casa del Concejo, que podría ser de origen románico, en la que con tiempo y paciencia se columbra en la clave de uno de sus arcos de la parte superior la representación de un guerrero, en cuyo pecho se adivina un enorme corazón del estilo al conocido como “elefante enamorado” de la cueva del Pindal, que como el rupestre pide una fábula.

Tampoco, le faltan casas blasonadas, como la que se encuentra a la entrada o el que fue palacio del conde del Valle de Pendueles, que datan en el siglo XVIII , y que se alza en lo alto de una finca cerrada por muros de piedra, con la portada encubierta bajo un pórtico de dos arcos y acceso a través de un grandioso portón con blasón.

Y si todo lo anterior ya hacen de Buelna uno de los pueblos más bonitos y atrayentes de Llanes, sus playas, también en número de dos, destacan por ser de las más singulares del Concejo.

Hacia el occidente, “las Arenillas”, con su espectacular pináculo calcáreo en la salida al mar que, por asemejarse a nuestra tradicional montera, conocemos como peña Picona. Y al oriente, escondida en un entorno espectacular, una dolina que se comunica con el agua a través de una cueva y sujeta al vaivén de las mareas. Se trata de Cobijero que junto a Gulpiyuri son las dos playas interiores del Concejo, que al primer golpe de vista parecen de mentira y luego de juguete, y que según la leyenda fueron un regalo del dios Neptuno a la diosa Turbina.

No puedo acabar este paseo por Buelna sin contarles que cada vez que me acerco a nuestras playas tierra adentro, en las que el monte no se puede precipitar más al mar, me entran ganas de que solo se pudieran ver de lejos o a través de un cristal, para salvarlas del inminente peligro de que se conviertan en un parque temático.

Y sé que no hago bien escribiendo de ellas.

Imagen, Valentín Orejas

Maiche Perela Beaumont

Fotografías, Valentín Orejas

5 Comentarios

  1. Apreciado Rostroazul.
    Siempre leo atentamente y con gran interés y simpatía, tanto los artículos con los que en su “Cuadernín de Campo” nos obsequia Perela, como las doctas contestaciones y agudos comentarios con los que muchas veces los completas, aunque algunas de ellas no las comente, pero (siempre hay un pero), ciertas veces me descolocas cuando aparecen frases en tus escritos como esta última que reza … “pero desde aquí hago un llamamiento a Fernando o a Nelson para que le devuelvan la sonrisa”
    Te aseguro que le he dado muchas vueltas a la frase, y no he podido llegar a entenderla, pues partiendo de que se le devuelve algo a alguien que anteriormente se le ha quitado o lo ha perdido, solo me da vueltas una pregunta… ¿Es posible darle alegría y sonrisas a unas castañuelas?
    Un abrazo amigo.

  2. Buenos días, Eugenio.
    Sin duda, la autopista ensordeció Buelna y cambió su entorno con esa ladera hormigonada que le dejaron de regalo.
    Pero, como bien dices, todas las soluciones eran malas y algo tenían que sacrificar.
    No obstante, Buelna sigue siendo uno de los pueblos más bonitos y encantadores del Concejo.
    Gracias por tu comentario.

  3. Cuando salgo del túnel, aparece la mar que bate la costa y la luz de poniente lo envuelve todo.
    Es precioso.

    Al poco, surge Buelna. Como un cuento.
    Lo observo y me produce una sensación mezclada.
    No consigo disfrutar de su belleza,.. sin que aparezca un cierto sentimiento de culpa.

    Me beneficio y disfruto del negro asfalto, ancho, liso y suave que me permite viajar cómodamente,…
    La autovía tenía que pasar por algún lado,… y le tocó a este precioso pueblo.
    El terrible impacto visual de la autovía y sus paredones sobre sus tejados,… el ruido de rodadura que provocamos,… penetra en las casas,…

    Me alejo y sigo mi camino.

    Trato de pensar en otras cosas.
    Me digo que el beneficio de muchos excusa el perjuicio de los pocos,… pero,…
    es una canallada para Buelna

  4. Rostroazul, buenas noches.
    Primeramente, muchas gracias por su comentario y sus elogios, los cuales no me merezco, pues estos artículos sobre lugares tan especiales se escriben casi soñando.
    En cuanto a la nostalgía que cree percibir en mí, tengo que decirle que a pesar de que, como dice un amigo, la nostalgia anda por todas partes y en todas las cosas, no es ese sentimiento el que me embargó al escribir sobre Buelna, sino cierta inquietud o preocupación porque mis escritos colaboren a que las singulares playas interiores tengan todavía más afluencia de gente y se deterioren sin remedio.
    Le agradezco sus buenos deseos para el mes de octubre, y espero que también a usted le sucedan solamente cosas buenas.

  5. Muy buenas Doña Maiche,…. He leído y releído su cuaderno de hoy, y por alusiones a una leyenda de infausto recuerdo para mi…. estaba tentado a no comentar… pero escribe usted con tal belleza y riqueza, que me es imposible ser…. «indiferente»…. O como dicen los infaustos comentaristas deportivos, refiriéndose a los árbitros…. «pasar desapercibido»….cuando tenían que decir…. «inadvertido» ……. así que allá vamos….

    Mire doña Maiche… no conozco esos lugares, que usted tan bellamente describe…… pero solo con ver la armónica simetría de la foto de Buelna, se entiende toda la catarata de vocabulario embelesado con el que nos seduce semana tras semana…. Y es que fíjese doña Maiche…..

    …. /…. con los segundos pisos abiertos en solana y constelados de flores de colores……. /….. en la que con tiempo y paciencia se columbra en la clave de uno de sus arcos….. /…. con su espectacular pináculo calcáreo en la salida al mar que, por asemejarse a nuestra tradicional montera, conocemos como…..

    ¡Tremendo doña Maiche! …. como soy de tierra adentro…. y zona minera… de un territorio entre bosquimano y oxidado… descubrir la fragancia tan bien descrita, de las interminables bellezas de su comarca me provoca el deseo de viajar a la Villa….. en consecuencia,… ¡qué no sentirán!… los Llaniscos con sus escritos?

    No obstante doña Maiche,… como llevo un año de seguimiento del diario… ya la voy conociendo… y siempre que se queda usted en las descripciones arquitectónicas y pastoriles,… ya sean marinas o campesinas… y nos deja tirados sin su sagrado apunte de restauración o su ameno descubrimiento del paisano/a lugareño de turno….. ya podemos intuir su estado de ánimo…. NOSTÁLGICO….

    No se que sucederá….. que avatar de la vida la estará golpeando… pero desde aquí hago un llamamiento a Fernando o a Nelson para que le devuelvan la sonrisa… y eso se traduzca en su escritura…

    Y sino…. Ya sabe,…. a esperar a finales de Octubre…. el mes de Octavio…. Del que decía el estoico emperador romano Marco Aurelio…. que siempre sucedían cosas buenas…

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