La enredadera roja del otoño

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Otro mensajero del otoño es la ampelosis, enredadera a la que se conoce también como parra virgen, ya que es de la familia de la vid, que enérgica y vigorosa desciende por muros y fachadas cubriéndolos de verde sin nada más que la ayuda de sus zarcillos, una suerte de minúsculas ventosas que se adhieren con un adhesivo que segrega la propia planta.

En el otoño sus hojas, antes de caer y permitir que el sol incida directamente en los muros y paredes evitando la humedad invernal, se sonrojan virando a un sugerente color escarlata.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía, Valentín Orejas

4 Comentarios

  1. Eugenio, muy buenas tardes.
    Tú bonito comentario me ha traído a la memoria, y no sé por qué, un poema de Rubén Darío
    Juventud, divino tesoro
    ¡ya te vas para no volver!
    Cuando quiero llorar, no lloro
    y a veces lloro sin querer.
    Un abrazo.

  2. El bosque en otoño me produce una dulce melancolía.
    A pesar de ello, es mi estación preferida.
    Vivir el bosque es, vivir la vida.

    Me encantan los caducifolios, que como el haya y el abedul, mis árboles mágicos,… aceptan templadamente el consejo del tiempo y… su paso.
    Los perennes me gustan menos,… son un tanto engreídos, como algunos incautos siempre vivos, que no quieren aceptar la inevitable zancada de las estaciones.

    A los robles, fresnos y castaños, les gusta presumir de sus amarillos, de sus rojos y de sus ocres.
    Pasaron el ímpetu de la primavera y gozaron de la plenitud del verano,… para ahora, apaciblemente devolver las hojas a la tierra que los hizo crecer.

    Disfruto, como ellos, de los sonidos del otoño que anteceden a los silencios del invierno para, y en la medida de lo posible y sin rendirse, esperar el brote de sus apretadas yemas,… en la siguiente primavera.
    Tenaz reencarnación,… hasta que, esperemos que tarde, la Moira mayor nos visite.

    Mientras tanto la vida,… merece vivirse.

    Un abrazo.

  3. Rostroazul, buenas noches.
    Para prodigarse usted tan poco por «la comarca» se sabe mover muy bien, o quizá el plan lo diseñó «la princesa». Una visita a San Vicente de la Barquera siempre es un acierto y más con la luz de otoño. En esa villa todo, y no solo usted y la aristócrata, pide una fotografía: La Iglesia, el castillo, el puente, los picos, la playa de Merón, en el parque natural de Oyambre, con sus dunas y su especial vegetación.
    Y qué decir de atravesar el Cares..para llegar a Asiego, el flamante pueblo galardonado este año con el premio Princesa de Asturias, con sus sobrecogedoras vistas al Urriellu, que seguramente ya tendría nieve.
    Después, encuentra la casa de su abuela, por cierto La Moría es el barrio más emblemático de Llanes. Y acaba cenando en el Bálamu y de invitado, esa princesa que le acompaña, además de no compartirle, debe ser millonaria.
    Da envidia su fugaz visita…Espero que la próxima vez venga solo… Hasta entonces…Digo hasta la colaboración del sábado….

  4. Doña Maiche….. muy… buenas…tardes.

    El otro día no entre a comentar su artículo, porque me encontraba como las lluvias,…., ¡en plan disperso!….. ¿y sabe porqué doña Maiche?…. porque como buen seguidor de Marco Aurelio,… esperaba que a finales de octubre,… a la sazón de los primeros «cupages» de vino del año, me sucediera algo bueno….. Y el caso es que .. ¡sucedió doña Maiche! ….

    Sucedió, que pasé fugazmente por su comarca,….. que me recibió con un tiempo digno del dios Cronos…. y por supuesto pensé en usted,…. pero tenía poca capacidad de maniobra para intentar encontrarla, porque era fin de semana…. y además  yo viajaba con «princesa» incluida, que no estaba muy dispuesta a compartirme…..

    Paseamos por la República cántabra de San Vicente,… ascendimos por la calle alta hasta el castillo…. e incluso nos fotografiamos frente a su comarca, que se atisba con los picos al fondo, desde el rellano de la iglesiona (parezco de Gijón) de Santa María de los Ángeles «templarios».

    Tanto caminar por la barquera, nos abrió la sed….y  ya en la parte baja de la villa cántabra, nos sentamos a hidratárnos en una cafetería llamada El Manantial,… pero como estamos en otoño, siguiendo a Marco Aurelio,….rechazamos el agua y nos dimos al «ampelo», que como usted sabe por su cuadernin de hoy, es el néctar de la Parra (o ampelosis)…..

    Después cruzamos el puente y paseamos hasta la playa del Merón…  y allí nos tumbamos a resaquear el ampelo, enredados entre sus zarcillos como ventosas……que momento Doña Maiche.

    Mi princesa sugirió después ir a la zona de Asiego…. de la que usted tanto sabe y ha escrito…. y entramos por Panes al atardecer,  dejando Alevia a la derecha, que nos siguió con su ojo de Sauron instalado en la torre…. Y hasta me pareció escuchar como un susurro,… que decía… Rostroazul… ¡Te veo! y pienso contárselo a Doña Maiche….

    Seguimos por la rivera derecha del Cares… parando en Trescares a tomar un cafelito en un hostal con terraza, que se llamaba Monte Río…. era la antesala del momento cumbre que iba a vivir…..

    Por fin llegamos a un mirador y allí, frente con frente al Urriello…. la Diosa Turbina sucumbió a los encantos y poderío del rey de los Picos…. se nos hizo de noche… sin rechistar… ¡Que otro momento doña Maiche!!

    Para terminar…optamos por Llanes para cenar buen pescado… en el Balamu,…. Aproveché para ver la casa donde nació mi abuela… en 1897…. en La Moría,  una de las que tienen galería acristalada, que aún se conserva.

    El Balamu debe ser barato porque había mucha gente,… por eso dejé que pagará mi compañera…. pero usted no estaba… Pues miré y miré…con la esperanza de encontrarla y nada…. no la encontré. Pero en cualquier caso cenamos de lujo, mientras mi princesa no paraba de regalarme los oídos, con el día tan maravilloso, que ya se volvía rojo…. como la enredadera…

    Quién sabe si algún día pudiera repetir el recorrido…. con usted Doña Maiche…. Quien sabe…… si así fuera sería a buen seguro…… un día perfecto.

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