Sueños y pesadillas

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¿Quién no ha soñado alguna vez? Todos lo hacemos de vez en cuando. Soñamos mientras dormimos, aunque algunos lo hacen incluso despiertos. Yo siempre he tenido sueños, ya desde la niñez; recuerdo que tenía pesadillas con frecuencia: soñaba que alguien me perseguía o que me caía de un tejado. Eran sueños desagradables cuyo recuerdo duraba días y hacía que sintiera temor a la hora de acostarme. También los tenía de otro tipo, gratificantes y agradables, viéndome jugando al fútbol, marcando goles y siendo aplaudido por el público, o sacando un sobresaliente en una asignatura que siempre suspendía.

Me gustan esos sueños agradables en que puedes disfrutar, aunque sea por unos momentos, del encanto de lo soñado. Durante el sueño dejamos de ser lo que somos e ignoramos la realidad a la vez que alejamos de nuestra mente pensamientos incómodos. Soñar despierto es algo diferente, ya que el contacto con lo ostensible impide en gran parte el desarrollo de la fantasía.

Digo esto porque anoche tuve un sueño durante el cual pude disfrutar intensamente. Supongo que mi sueño tiene mucho que ver con la situación que estamos viviendo en nuestro país desde hace demasiado tiempo. Ver a esa pandilla de políticos corruptos desfilando por las pantallas de televisión y en las portadas de todos los periódicos es algo que impresiona, irrita y desespera a cualquiera.

De ahí mi sueño: en el transcurso del mismo me sentí con poderes extraordinarios; soñé que solo con el pensamiento tenía la capacidad de enviar a los políticos corruptos, mentirosos, embaucadores e incompetentes a una galaxia lejana, sin posibilidad de retorno, con las manos atadas y un cartel colgado al cuello resaltando sus ejemplares “virtudes”. ¡Qué alivio sentí! Pero…, como decía el poeta: “Los sueños, sueños son”. Lo triste es el despertar.

José Manuel Carrera Elvira

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