Peter Handke, el Nobel polémico

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Una de las últimas polémicas del sector culto mundial me tiene un poco alucinado.

Su protagonista es el autor austriaco Peter Handke.

Todo arranca meses atrás cuando se da a conocer que a él se le concedía este año el Premio Nobel de Literatura y se reavivó a medida que se acerca la fecha de entrega del galardón (el próximo martes 10).

El anuncio de la concesión trajo como respuestas el posicionamientos de otros autores (Joyce Carol Oates, Hari Kunzru, Jennifer Egan, Salman Rushdie…) contrarios al reconocimiento y condenándolo, así como a la dimisión de un jurado de dichos Premios Nobel.

La causa de esas posiciones contrarias a la concesión del premio viene dada por la postura proserbia de Handke en la guerra que deshizo Yugoslavia. Postura que le llevó, por ejemplo, a negar salvajadas como la matanza de Srebrenica y otras lindezas impulsadas y/o protegidas por Slobodan Milosevic y los suyos.

Partamos del hecho de que es cierta, innegable, aquella postura de Handke con respecto a Serbia y Milosevic.

Pero es que a Handke no se le ha otorgado el Nobel de la Paz. Se le ha concedido el Nobel de Literatura, un premio que se otorga por méritos literarios.

Y, unido a ese razonamiento, me llama no menos la atención que el saliente miembro del jurado de estos premios respaldase su dimisión con el ¿razonamiento? de que se ha otorgado el premio colocando “la obra literaria por encima de la política”

Insisto: a Handke se le otorga el Nobel de Literatura, no el de la Paz. En ese segundo caso entonces sí que habría que poner la política en primer plano.

En cuanto a lo que hace al caso de sus colegas escritores manifiestamente contrarios al galardón y al galardonado, curiosamente no se conoce que ninguno/a se haya manifestado –por ejemplo– contra las editoriales que publican a Handke o que alguno/a haya renunciado a su propio contrato con alguna de dichas editoriales.

Como bien apuntó Nuria Iceta el pasado mes de octubre en un artículo de opinión en El Periódico “Si no preservamos la literatura como obra de creación y no nos centramos en ella a la hora de juzgarla, ¿no estaremos también poniendo en cuestión la libertad de expresión de su autor?”.

Y sí, es cierto: esta Opinión se acaba y no me he metido para nada con el Alcalde… será la Navidad.

 

 

 

 

 

 

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