El ginkgo de Poo

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En Poo, en su parque de tan gratos y nostálgicos recuerdos, se me fueron los ojos a las hojas de un Ginkgo Biloba, que parecían monedas de oro en las ramas, en los bancos, en el suelo.

A este superviviente, único en su especie y contemporáneo de los dinosaurios, se le llama también “portador de esperanza”, porque en Hiroshima, a principios de la primavera de 1946, un viejo ejemplar de este árbol destruido y seco empezó a brotar.

Maiche Perela Beaumont

Fotografía: Valentín Orejas

4 Comentarios

  1. Rostroazul, buenos días.
    Continuando el tono poético que usted ha comenzado, le cuento, aunque seguro que lo sabe, que Goethe consideraba que la hoja de gingko era el mejor símbolo de una relación perfecta.
    Así, dedicó a Marianne Von Willemer a la que le unía, sobre todo, un amor intelectual, ya que ambos estaban casados, un poema que cantaba al gingko.
    Reproduzco una estrofa:
    ¿Será este árbol extraño algún ser vivo
    que un día en dos mitades se dividiera?
    ¿o dos seres que tanto se comprendieron
    que fundirse en su solo ser decidieran?

    Por algo se considera a Goethe el fundados del romanticismo.

  2. Al Ginko

    Un árbol. Bien. Amarillo
    de otoño. Y esplendoroso
    se abre al cielo, codicioso
    de más luz. Grita su brillo
    hacia el jardín. Y sencillo,
    libre, su color derrama
    frente al azul. Como llama
    crece, arde, se ilumina
    su sangre antigua. Domina
    todo el aire rama a rama.
    Todo el aire, rama a rama,
    se enciende por la amarilla
    plenitud del árbol. Brilla
    lo que, sólo azul, se inflama
    de un fuego de oro: oriflama.
    No bandera. Alegre fuente
    de color: Clava ascendente
    su áureo mástil hacia el cielo.
    De tantos siglos su anhelo
    nos alcanza. Luz de oriente.
    Amarillo. Aún no imagina
    el viento, la desbandada
    de sus hojas, ya apagada
    su claridad. Se avecina
    la tarde gris. Ni adivina
    su soledad, esa tristeza
    de sus ramas.
    Fue certeza,
    alegria – ¡otoño ! – . Faro
    de abierta luz.
    Desamparo
    después. ¿Dónde tu belleza ?

    Elena Martín Vivaldi

  3. Eugenio, buenos días.
    Del ginkgo, además de ser un árbol con unos colores maravillosos en otoño, siempre me llamó la atención de que es único en el mundo, sin parientes vivos. Me alegro de que te haya traído buenos recuerdos.
    Muchas gracias por tu comentario y un abrazo.

  4. Es un precioso árbol de crecimiento pausado que llega, después de muchos años, a tener una impresionante presencia.

    También me trae un montón de recuerdos familiares. Era el ábol capricho de mi padre.
    Un bellísimo color del otoño.

    Un abrazo

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