Pimiango

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En lo alto, dominando el mar y los picos de Europa, y con su identificativo depósito de agua, se encuentra Pimiango.

La mayoría que frecuenta el Oriente de Asturias sabe que a este pueblo del Concejo de Ribadedeva no le faltan indescriptibles acantilados, pinturas prehistóricas, miradores, como “el Picu”, con vistas al Urriellu, o “el Picu Cañón”, estratégico en la guerra de independencia. También es admirado su faro, el más oriental de Asturias y rodeado de encinas.Y nadie que lo visite deja de acercarse a la Ermita de Santu Medé, que atesora leyendas y una fuente milagrosa, que hasta una estrofa del pericote nos lo recuerda. Así mismo, aunque menos concurrido, el misterioso Monasterio de Tina tiene su público.

Incluso se está haciendo famosa la singular representación que se realiza en el mes de agosto en memoria de la estancia en Pimiango de Carlos de Gante cuando, en compañía de su hermana Leonor, se trasladó desde Flandes.

Lo que no es tan de dominio público, es que la Iglesia, pintada de blanco y con los vanos en amarillo, a cuatro aguas y con torre campanario y reloj, está bajo la advocación de San Roque y custodia imágenes del Monasterio: la Virgen de Tina y Santa Ana con la Virgen y el Niño.

Tampoco, por el difícil acceso que mantiene intacta su belleza, suele tener gente la playa de Mendía, de aguas del color de la malaquita y de tal claridad que no es necesario bucear para ver el fondo.

Pero lo que si me parece que se desconoce es que a la entrada, en el Palacio, la casa fuerte de los Gutiérrez de Colombres, de piedra, con su fachada dividida en dos y orientada al sur y con un arco que da paso a un patio interior, establecieron sus dueños en el siglo XVII un taller gremial para enseñar el oficio de zapatero a sus vecinos y dotarlos de un medio de vida. Así de aquella escuela salieron numerosos zapateros que recorrieron los pueblos del Norte y crearon un argot para entenderse solo entre ellos: El Mansolea. De ahí que a los habitantes de Pimiango se les llame mansoleas.

No deja de llamar la atención la afición de los pobladores de Pimiango a hacerse zapateros, confirmada por el Catastro del Marqués de la Ensenada de 1753 que recoge que de 51 vecinos, 32 eran zapateros, y añade que ninguno marinero.

Y llegado a este punto surge la pregunta ¿Por qué, a pesar de ser Pimiango el pueblo de Ribadeva más cercano a la costa, vivía de espaldas al mar?.

Al parecer, no siempre fue así, hasta finales del siglo XVI, sus habitantes se dedicaban a la pesca con sencillas barcas, pero por esas fechas una fuerte e inesperada galerna las hizo zozobrar, pereciendo todos los pescadores, quedando solo en el lugar mujeres, niños y ancianos, los cuales nunca olvidaron como sus familiares intentaron en vano ganar la costa, y tras jurar que ninguno de los suyos volvería jamás a la mar, se apartaron del litoral y se avecindaron junto al Palacio.

Sin duda fue un juramento inquebrantable y cumplido a rajatabla.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

2 Comentarios

  1. Rostroazul,muy buenos días.
    Me sorprende, a la vez que me llena de satisfacción, que usted, contra viento y marea, siga fiel a comentar, además tan acertadamente y siempre con ingenio y humor, los miércoles y sábados los artículos que publico en Diario del Oriente.
    Así que se merece al menos una visita a Pimiango, que creo que le gustará. Y me atrevo casi a asegurar que lo que más le impresionará será la Ermita de Santu Mede, entre encinas de copas redondeadas, trorncos retorcidos y acantilados precipitados al mar.
    Allí, donde se respira una paz de siglos, se da uno cuenta que hay tiempo para la calma y para el silencio.
    ¡Espero que no se olvide de que tenemos pendiente un paseo por Pimiango!

  2. Doña Maiche…. Su artículo de hoy parece un apartado sacado de un diccionario de la ilustración.

    El título no deja entrever la catarata de aspectos relevantes que usted aborda con esa elegancia, que le pone a todo, lo que le intetesa.

    No se como lo hace, para decirnos tanto en tampoco espacio y que además…. me deje con las ganas de acudir a Rivadeva.

    Sin duda para conocerla elegiría Tina… o Santu Medé….. O mejor la playa de Mendía….¡Vaya sitio para conocernos!.. ¿eh doña Maiche?

    Siga por ese camino de darnos a conocer tan locuazmente su entorno….. No se canse nunca de hacerlo….. No se canse…. Doña Maiche

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