La gusana

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Sacando gusana en el Bao de Niembro (1975)

Hace algunos años era diferente. En las tiendas de efectos de pesca apenas se podían encontrar un par de cebos distintos, cucharillas, imitaciones y dos o tres tipos diferentes de gusanos para encarnar. Pero hoy no, hoy las cosas han cambiado mucho y en cualquier tienda que se considere especializada en pesca será fácil encontrar una interesante variedad de diversos señuelos y cebos para pescar cualquier cosa.

En nuestro caso particular, y si no recuerdo mal, había dos tiendas en Llanes que se ocupaban de estos artículos. Una sita en la calle Castillo, era “El Potro”, aunque jugaba en otra división, pues tenía algunas cañas, celabardos, anzuelos, y poco más, aunque todo ello parecía ser de alta calidad. La otra, que también tenía productos de una calidad más que considerable y que abastecía a casi todos los aficionados incluida la marinería era “Fragarán” de Adolfo García del Cueto (“Fragarán”), pues en esta había existencia de todo, cañas, líneas, plomos, anzuelos, sibioneras, celabardos, boyarines, y otras mil cosas destinas a lo mismo, y si le faltaba alguna cosa que uno quisiera, la pedía, no sé dónde, pero al día siguiente allí estaba. Estoy convencido totalmente que, en todas las costas de la geografía española, nunca una tiendina tan chica, pudo llegar a servir y facturar tanto.

La gusana o meruca (gusano del Norte)

Pero… ¿Tenia de todo?… ¡Pues no!. Había una cosa que no tuvo hasta muchos años después, y era la “gusana” (“merucas”), un cebo espectacular e indispensable, y cuya “caza”, tenía su intríngulis, Y me explico.

Cuando éramos unos críos (¡”Santana” vendita!, Hay que “amolarse”,estoy hablando ya del siglo pasado), y teníamos la intención de ir “echar unas varadas”, ya fuera a La Barra a pescar “panchines” o algún “durdu”, hacia “La Media Luna” a “xaraguetos”, a “entremuelles” a por los “mugles” grandones (por cierto pesca muy divertida y peleona), o al “Muelle Merlón” (La cabezona del Sablin), a “lubinetas” o “xuglas” (muchas pesqué allí, subiendo la mar y al “caer la luz”, en compañía de Pili Muñoz y familia), lo primero que hacíamos era ir “a gusana”.

Aqui me teneis sacando gusana en el ‘Bao’ de Niembro. (1975)

Había dos zonas y formas de conseguirla. La primera, que era la que mas me gustaba, era cavar con un “palote” en la arena, a bajamar, en varias zonas, como eran la que había bajo el “Campu’l gatu”, bajo la Rula, y sobre todo donde salían mas y mas gordas era en la Dársena”.

La otra zona, había que trabajarla con azada, y eran los pedreros que había debajo del puente, y todo el curso del “Carrocedo” hasta el “Lavadero”. La verdad es que eran muy buenas, pero salían pocas y muy trabajosas de conseguir (No sé porque siempre me gusto mucho la “Ley del mínimo esfuerzo”).

Una vez las tenías, te dabas un paseo hasta el Sablín para “enarenarlas” (rebozarlas), en arena seca para su más fácil conservación, ya que no se me volvió a ocurrir guardarlas en la nevera, porque el día que las descubrió Teresina, mi madre, salimos las gusanas, el bote y este cristiano, que ni os cuento porque os lo podéis imaginar.

Gusana coreana

Por último, también andábamos a otro tipo de ellas, que eran las llamadas “gusanas de roca”, y para conseguirlas, ibas a marea baja por la lastra rompiendo alguna que otra protuberancia de las rocas, para descubrirlas y cogerlas antes de que escaparan, pues, aunque parezca mentira eran bastante rápidas. Eran muy buenas para pescar porque eran muy duras y se “anzuelaban” bien. Lástima que eran difíciles de encontrar, sobre todo las grandes. Esta “carnada” se guarda bien en una lata llena de ocle mojado, ya que les daba una buena protección

Y pocas cosas mas usábamos como carnada para pescar. Las quisquillas que cogíamos con “celabardo” en los pozas que dejaba la marea bajo la Media Luna, San Antón, o el ‘Pozu los mundiates“ en la Barra. Las “llamparas” y bígaros que se conseguían en toda la lastra, y alguna que otra vez, andabas por los bares, para que te dieran las cabezas y gambas rotas sobrantes de las cajas en las que las traían. Para los “mugles”, creo que lo mejor era el pan.

Tras la aparición y uso de los detergentes que después se vertían a la Ria, estos eliminaron a estas gusanas, que llegaron a desaparecer totalmente, junto a los cámbaros, mulatas y otros más (yo llegue a ver percebes bajo la lastra de San Antón), solo te quedaba el ir a cogerlas a marismas más o menos retiradas, como podían ser el “Bao” de Niembro, “Tina Mayor” en Bustio, o “Tina Menor” en Cantabria, entre otros sitios, o comprársela a unos hermanos que había en Niembro, que se dedicaban a venderlas.

Visto lo visto, tiendas como “Fragarán”, empezaron a traer distintos tipos de cebos, como las réplicas de gusanos y quisquillas hechas con poliamidas, o los citados gusanos y quisquillas liofilizados (“deshidrocongelación” o “criodesecación”, es un proceso de deshidratación usado generalmente para conservar un alimento perecedero).

Gusanos rojos artificiales
Imitación artificial de la lombriz de tierra

Otros los traían vivos, como era la misma gusana de la que se abastecían en otros lugares de la costa, o la llamada “coreana”. Amigos, esta nunca me gustó, ya que la verdad es que con ella no pesqué ni una “xugla”. Era enormemente agresiva (a mi me mordió varias veces), y creo que no pesque con ella, porque ese animalín, no esperaba a que el pez se acercara para comérsela, pues estoy convencido que esa “mala bestia”, se “tiraba” a por ellos.

Hasta la vista.

Fernando Suárez Cué

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