El coral rojo

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Coral rojo en su habitat

Dentro de la familia de los corales (“coradillae”), es el coral rojo (Corallium rubrum) uno de los que más llama la atención, y cuya naturaleza animal no fue descubierta hasta 1722, ya que con anterioridad se creía que era un arbusto marino que se endurecía al sacarlo al aire, por lo que se le llamaba “árbol de piedra” o “Litodendrum”.

Su esqueleto calcáreo es duro, de un máximo de unos 50 cm. y presenta todas las tonalidades del rojo, debido a la presencia de sales de hierro en su estructura compuesta de carbonato cálcico. Otros colores que presentan los corales son el color blanco y el negro.

Este animal vive en colonias en forma de rama de árbol en los que los individuos se reparten el trabajo, pues mientras unos pólipos, que disponen de 8 tentáculos plumosos, son los que se encargan de capturar el alimento, otros mucho más porosos son los que se encargan de hacer circular el agua por el sistema de tubos que forma la colonia.

Se reproduce sexualmente. Las larvas tienen una fase embrionaria de un mes y de algunos días de vida planctónica, para después fijarse en algún tipo de sustrato, en lugares con poca luz, aguas tranquilas, de salinidad constante y junto a una luz tenue, encontrándolo por lo tanto, y sobre todo, en fondos rocosos, en cuevas, voladizos o fisuras en las rocas, y en profundidades que oscilan entre los 30 y 200 metros.

Una vez fijados, comienza su desarrollo, pero a un ritmo muy lento, ya que se les calcula un crecimiento de unos 3 o 4 cm cada 10 años.

Se distribuye por el Mar Mediterráneo y Océano Atlántico Oriental desde Portugal y Canarias, hasta las Islas de Cabo Verde.

El Coral rojo, fue en las costas españolas del Mediterráneo una especie abundante, pero debido a la explotación abusiva con fines comerciales de la que ha sido objeto, hoy en día ha desaparecido de muchas zonas. Las colonias grandes, de entre 20 y 30 cm, sólo se encuentran a gran profundidad, entre 40 y 400 m. En aguas superficiales los ejemplares son de 6 u 8 cm.

Collar de ramas de coral

Esta especie está hoy día protegida en Reservas Marinas en las que se encuentra: Cabo de Palos e Islas Hormigas, Cabo de Creus, Islas Medas, Isla de Alborán, Levante de Mallorca, Cala Rajada, Norte de Menorca,  y Reserva marina de las Islas Columbretes.

Según el “pensamiento mágico”, en gran parte del mundo (por ejemplo los esqueletos humanos pintados con rojo cinabrio en la América precolombina y, especialmente en Europa) el color rojo es considerado fasto o portador de buena fortuna, no denota solo a un color sino a la belleza y a la buena suerte. El color rojo por lo general está asociado a la vida, a la fuerza y a la denominada “fuerza vital”, esto explica que en cierta joyería popular se use al coral rojo, sobre todo porque sigue la creencia de que debido a su procedencia, de las profundidades marinas, el coral tiene vibraciones muy positivas, Potenciando y haciendo más fuertes las sensaciones de paz, serenidad e imparcialidad. En particular el coral rojo ayuda de forma muy eficaz a clarificar los problemas y conflictos internos, envidias y egoísmos ajenos.

Pendientes de plata y coral

Visto todo esto, no es de extrañar, que en un elegante y bello “traje del ramu”, como el que lucen nuestras “aldeanas” se lleven collares de coral rojo, así como pendientes, camafeos o broches de este mineral para sujetar la solitaria y la chaquetilla. Donde nunca debe aparecer es en pulseras o anillos. Pero la verdad, es que la belleza de las mujeres llaniscas, son un marco espléndido para lucir semejante joya.

Para terminar una bonita tradición, una de la más antiguas, la del “Cuerno de Coral”, como amuleto de la suerte.

El cuerno de la suerte

Esta tradición, de origen italiano, es el llamado “cornicello” o el fálico “cuerno italiano”, cuyo principio se sitúa en Alguer, ciudad de la costa noroeste de Cerdeña, y una de las mayores zonas de producción del coral rojo del Mediterráneo.

Esta tradición nos cuenta que habiendo evidencias de la presencia de los cuernos de los animales muertos, colocados en defensa y protección del núcleo de alojamiento en tiempos muy antiguos, fue como un símbolo de suerte y prosperidad, y cuya presencia como símbolo proviene de una leyenda de la mitología griega.

En dicha leyenda, se nos relata que Zeus, el padre de los dioses, fue criado por las ninfas y amamantado por una cabra. Un día, mientras él montaba, accidentalmente rompió un cuerno a la cabra. La ninfa Melissa se compadeció de la cabra y cuidó amorosamente de su herida. Zeus, por lo tanto, para agradecer a Melissa, tomó el cuerno roto y lo llenó con frutas y flores, dándole el poder de hacer aparecer todo lo que su dueño deseara. Esta es la leyenda del cuerno de la abundancia o cornucopia. La forma natural del coral, que se asemeja a una rama, lo hace particularmente adecuado para la transformación en el famoso “Cuerno de la suerte”.

Cuerno de la abundancia

Hasta la vista.

Fernando Suárez Cué

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