La nansa

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Nasa poliédrica. (1891). Anales de la Sociedad Española de Historia Natural

La “nansa” es una de las artes de pesca pasiva más antiguas y tradicionales que existe, y que puede encontrarse en múltiples culturas ribereñas y costeras, en cualquiera de los ríos o Mares a las que nos dirijamos.

En un principio consiste en un artilugio basado en una red de pesca  pasiva (se coloca en un lugar fijo y sin movimiento), y construida en forma de cilindro truncado, que se va estrechando hasta conseguir una forma de embudo invertido, que es la forma que nos recuerda.

Esta forma tan determinada es la que, cuando la posible presa (principalmente crustáceos y cefalópodos), entran en ella, va dirigido su recorrido hasta caer en un depósito del que les es imposible salir. Para hacerla más efectiva se coloca en su interior un cebo (los mejores son trozos de pescado azul), que incite a los peces y mariscos a introducirse en ella.

En España, aunque como ya hemos dicho se usa en todo su litoral,  es un arte muy usada sobre todo en toda la costa de la Cornisa Cantábrica  y en Galicia, donde se disponen (las nansas), a lo largo de la línea madre, a espacios regulares, y tumbadas sobre el fondo marino, dejando que se muevan a merced de las corrientes.

Nasas para langostas de madera y red

Una variante de las nansas mas o menos tradicionales, es la que se emplea en la costa catalana (no sé si en otras se hará igual), y que consiste en largar en fondos arenosos unas líneas que a tramos regulares llevan atadas unas pequeñas ánforas de barro. Cuando las levantan, se encuentran con una buena cantidad de pulpos que se han metido en dichas jarras buscando refugio.

Respecto a las nansas para la pesca de la “angula” y sobre todo de la “anguila europea”, de la que son sus “alevines”, hay leyes muy estrictas para conseguir una producción rentable con una protección a sus zonas de recolección como son, por ejemplo, los canales del Delta del Ebro, por conseguir llegar hasta las trampas que han sido colocadas por los 300 pescadores autorizados de angula, que resultan de las licencias sorteadas cada año.

En el Cantábrico en general y en nuestra Villa en particular, el empleo de las nansas es tan viejo como el de nuestros pescadores, que desde siempre han tenido este arte como uno de los importantes en la economía. aunque antiguamente no fuera un producto al que se le podía sacar mejores beneficios, como los que se le puede sacar en la actualidad.

Nansa de juncos

Tuvimos grandes pescadores dedicados a este menester, desde Toribio Juan Goti Parás (“Juanillo”), que tenía la fama de ser el mejor pescador de langostas de todo el Cantábrico, hasta Pedro Pérez Villa (Pedro el “Sordu”), uno de los mejores pescadores de la historia del Concejo, y que por cierto en el año 1948, murió ahogado, arrastrado por un golpe de Mar mientras mariscaba en “La Corredoria”, en Buelna, siendo rescatado su cadáver y, desembarcado en la Barra, por  Antonio Díaz (el “Negro”), y Domingo Herrero (“Mimi”), el otro marinero que lo acompañaba.

A partir de ellos, fueron muchos y muy buenos los pescadores que les siguieron en esos menesteres de pesca y marisqueo con nansas, siendo el primero que me viene a la memoria es Antonio Díaz (“el Negro”), al que llamaban así, por lo obscura que tenía la tez de tanto andar a la Mar y bajo el Sol, un verdadero profesional de este tipo de pesca, de tal forma que usaba unas preciosas nansas que se confeccionaba el mismo con varas de avellano. Tras el vinieron dos de sus hijos Alfonso Díaz Cué (el “Negrín”), y su hermano José Antonio Díaz Cué (“Tinchu”), grandes pescadores con este arte, que sabiamente las calaban en distintos lugares de nuestra costa.

Nasa mediterranea

Podían largar en la Mar, entre 100 y 150 nansas, entre, y por cada uno de los dos “aseos”, lo que hace un cómputo de entre 200 y 300 nansas diarias, en tandas de 15 a 20 unidades, ya que el tamaño de las lanchas con las que faenaban no daba para más. Para que decir más… Un trabajo de titanes, para conseguir llevar el sustento necesario para el mantenimiento y desarrollo de sus familias. Poca gente conozco que haya trabajado tanto y tan duro cono ellos en un ambiente tan agresivo como en el que ellos se desenvolvieron.

Había otros de nuestros pescadores que usaron este arte, como creo recordar fue el inolvidable Francisco José Meré González (“tiu Pépe”), desde su lancha “Beatriz”.

Como no quiero faltar a nadie, es más que fácil el pedir que me disculpen todos aquellos que las usaron y a los que no he nombrado. No tengo datos.

Nasa para peces

En fin, en el puerto de Llanes, como en el muchos otros, ya no se ven la cantidad de nansas que se veían hace años arranchadas en nuestros muelles, sobre todo las mas grandes, las dedicadas a la captura del centollo y la langosta, y por los comentarios que he oído en el puerto, es debido a una ya cierta escasez de estos animales en nuestras aguas, debido a la presión que sobre ellos han hecho, primero los “arrastreros”, con sus “bolos” como aparejos, y la principal y más dañina, en mi opinión, los aparejos de malla, como fueron y son “los miños”.

ANEXO

Incorporamos esta preciosa foto que me ha enviado el buen amigo Alfonso Díaz (“Fonsín”), y que representa una de esas antiguas nansas manufacturadas con varas de avellano, y que en este caso, ésta que presentamos, fue hecha, vete a saber cuántos años ha, por el su “güelu” Alfonso Díaz (“el Negro”).

Nansa de Alfonso Díaz (el ‘Negro’)

Fernando Suárez Cué

1 Comentario

  1. Que en la pesca de arrastre y la ecología no son buenos compañeros de viaje es algo tan cierto como que el mar existe, por eso son muchas las quejas que se han producido por el uso en el arte de pesca por arrastre del denominado “tren de bolos”, que son artefactos que se añaden a las redes de arrastre, que les permite superar sin romperse, los obstáculos que impiden faenar en fondos de roca, y por lo visto se ha pedido a la Administración que active la total e inmediata prohibición, de la pesca de arrastre en profundidad con este tipo de arte.

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