¡Concho con el plástico!

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Estos fragmentos de plástico comienzan a ser omnipresentes

La verdad es que no tengo imaginación, para ver cómo se puede resolver el problema de la enorme polución de micro-plásticos en nuestras Mares. Cuando hablamos de los desechos plásticos que terminan en ese líquido elemento generados por los humanos, siempre pensamos, aunque no seamos demasiado conscientes, en las grandes cantidades de fabricados fácil y perfectamente reconocibles, como pueden ser las diferentes formas de los envases y botellas de plástico (más de un millón de botellas se compran por minuto en todo el mundo), pero no nos acordamos, posiblemente por lo difícil que es para nosotros localizarlos, de otros orígenes de desechos como por ejemplo son los que producen los neumáticos de los coches, o las colillas de nuestros cigarrillos, y que la mayoría de nosotros desconocemos por completo de que son una gran fuente de contaminación plástica.

Al rozar con el firme, las ruedas sueltan pedacitos de caucho sintético, que, como los demás plásticos, es un polímero derivado del petróleo. Las escorrentías producidas por las lluvias arrastran estos restos de plástico, que acaban en ríos y mares. Hay cálculos que suponen que hasta un 28 % de los residuos micro-plásticos que llegan a los mares, provienen del desgaste de los neumáticos.

Neumático gastado

En una sociedad no muy lejana, el único caucho que se usaba era el que salía del “jacio del Orinoco” ​, “shiringa” o “seringueira” (“Hevea brasiliensis”), llamado comúnmente “árbol del caucho”. pero como la revolución industrial es imparable, pronto empezó la masificación de los automóviles, con un consumo de este caucho natural muy superior al que la Naturaleza podía ofrecer.

En 1909, el químico y farmacéutico alemán Fritz Hofmann inventa el “caucho sintético”, y poco después hacia la década de los años 30, la estadounidense empresa química “Dupon”, consigue industrializar este caucho, y empieza el abastecimiento de este producto en la fabricación de las ruedas de los coches. Hoy se sabe que estos neumáticos se componen de un 19 % de caucho natural, y un 24 % de caucho sintético, y aunque las intensas investigaciones intentan producir un caucho sintético a partir de otros productos, el resultado esperado no tiene pinta ni de fácil, ni es rápido.

El químico y farmacéutico Friedrich Hofman

Este problema de las ruedas, no se identificó hasta hace poco, por lo que la búsqueda de soluciones que palien esta fuente de polución no ha hecho nada más que empezar.

Debido a este interés de las empresas fabricantes de neumáticos, parece ser que la también multinacional norteamericana “Goodyear”, ha conseguido fabricar un prototipo que incorpora musgo vivo, en los laterales, pues en teoría este musco tiene la capacidad de absorber el dióxido de carbono. A ver si hay suerte y empieza pronto su aplicación.

Otro producto que llega a la Mar, con una gran capacidad de envenenamiento, son las colillas de los cigarrillos, que, fabricándose por billones, solo un tercio de ellos acaban en la basura para su reciclaje (el gesto de tirarlas al suelo es totalmente automático), mientras que los dos tercios restantes acaban por diferentes caminos llegando a la Mar, listas para desprender en ese líquido elemento, nicotina, alquitrán y el plástico con el que se fabrican los filtros.

Sangrado del ‘Hevea brasiliensis’, para recolección del caucho natural

Parece ser que estas colillas son uno de los objetos que más ensucian nuestras playas.

Estos filtros están compuestos por acetato de celulosa, y en la mar se descomponen en pequeños micro-plásticos, siempre y cuando alguno de los seres que pueblan los Océanos, no los ingieran al confundirlo con alguna presa, con el consiguiente perjuicio que puede acarrarles.

Es verdad que hay una conciencia cada vez más generalizada de protección y conservación del Medio Ambiente, pero la aplicación de esta concienciación, y no es mi intención el ser un agorero, no está clara, pues los países desarrollados que deberían protegerla, por sus muchos intereses económicos no lo hacen, y los países en vías de desarrollo, por sus necesidades tampoco.

Ahora bien, esa es mi opinión, y por la cual, en la mente me aparece esa frase tan manida de… ¿Quién le pone primero el cascabel al gato?

Saludos

Fernando Suárez Cué

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