Eventos y comedias

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Hay situaciones en la vida (por desgracia, demasiadas) que nos irritan y alteran. La vida es de por sí dura e ingrata. Decía el poeta (H. Heine), refiriéndose a las vicisitudes de la vida, que “es necesario establecer una conexión entre lo patético y lo cómico; de lo contrario sería insoportable”. Tengo amigos que se desesperan cuando ven a nuestros ministros (y ministras, claro) lanzar promesas a gritos, mentir y gesticular a la vez que se abrazan, se besan y lloran. En estos casos, yo tengo muy en cuenta la reflexión del poeta, y a pesar de la desagradable sensación que causa pensar que estos señores se ríen de nosotros y que lo que en realidad les importa es la seguridad y la permanencia en sus puestos, procuro tomarlo por lo que parece: una comedia mala. Hace tiempo que así lo veo y así lo tomo. Me ayuda a soportarlo. Y hasta me río de sus disparates tanto como ellos lo hacen de nosotros.

Del mismo modo que tomo a risa lo expuesto, intento otro tanto con motivo del reciente evento conocido como Cumbre del Clima que, como en el caso anterior, da la impresión de ser utilizado como agencia de colocación para amiguetes y paniaguados. Muchos “poderosos” de lejanos países han acudido a la citada “Cumbre”, y con ellos multitud de acompañantes dispuestos a disfrutar de hoteles caros, buena comida y mejor bebida. Por supuesto, todo a cargo del contribuyente. ¿Han solucionado algo o habrá que esperar a otro evento similar y con idéntico resultado? El problema es muy serio y no admite retrasos. De la política y los políticos nada cabe esperar; tendremos que ser nosotros, los ciudadanos corrientes, los que con nuestra actitud respetuosa con el medio ambiente les demos ejemplo. A la larga puede dar resultado; el ejemplo es la mejor manera de influir en los demás, mucho más efectiva que esas “Cumbres” tan numerosas. Y tan “caras”. Sé que no es fácil mentalizar al pueblo de lo serio de este problema, y menos sin ayuda de los mandatarios correspondientes. Pero merece la pena intentarlo.

Me comentaba una señora este verano, el día de la fiesta de su pueblo, que la emocionaba el estampido de los cohetes y tracas. Me descolocó tal observación y opté por callarme. Me pregunto cómo puede alguien emocionarse con esos “sinfónicos” y ensordecedores estruendos. Respondo aquí a esa señora, aunque no me lea, citando unas frases de un artículo reciente de Raúl del Pozo. Se refiere en él a las fiestas de Pascua de este año: “Está confirmado que mueren miles de pájaros por la pirotecnia de las Pascuas. Las detonaciones los enloquecen y los matan”. Y a esta contaminación acústica hay que añadir la ambiental producida por los gases tóxicos.¿Es esta la manera de combatir el cambio climático? Esto me lleva a pensar en las fiestas de verano de los municipios asturianos.

Deseo equivocarme, pero mucho me temo que en todas ellas, incluidas las de mi pueblo, volveros a disfrutar del “agradable concierto” de tracas y cohetes. Si no comenzamos por las cosas sencillas y que están a nuestro alcance, como es la de modificar nuestras costumbres y renunciar a algunas de nuestras tradiciones, nada bueno nos espera. Así que, como decía mi abuela: “Que Dios nos coja confesados”.

José Manuel Carrera Elvira

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