Los pájaros del cielo

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Si observamos el comportamiento de las aves comprobaremos la enorme facilidad de estas para adaptarse a cualquier cambio y aprovecharse de todos los recursos a su alcance. Unos metros de jardín con un par de árboles frutales pueden servir de estancia y criadero para aves cantoras, y un árbol de buena altura y hoja perenne puede ser utilizado como dormidero para cientos de estorninos.

Cerca de mi casa hay un parque por el que acostumbro a pasar, y al lado hay una casa con un pequeño jardín. A veces me detengo en dicho parque para contemplar los árboles que, aunque no son muchos, sí los suficientes para albergar algunas aves que me gusta observar. Desde hace ya unos días, procedente del recinto cerrado del jardín, se oye el canto de un mirlo. Ahora, cada vez que paso por allí me detengo y me siento un rato para escucharlo.

El canto del mirlo me parece uno de los más hermosos que se pueden escuchar en nuestra región: es una melodía suave y dulce capaz de emocionar. Ayer, al atardecer, mientras escuchaba el trino del ave, vi un pequeño bando de estorninos que se dirigían a un par de coníferas próximas al lugar donde me encontraba. Los estorninos suelen formar grandes grupos, por lo que me sorprendió el escaso número de ejemplares que lo formaban.

Grande fue mi sorpresa cuando veo aproximarse una nube enorme de color oscuro que se movía a gran velocidad a la vez que dibujaba figuras caprichosas en el cielo. Se trataba de un numeroso bando de estorninos, tal vez miles, que se dirigían al dormidero, que no era otro que las coníferas del parque donde me encontraba. La nube se agrandaba por momentos, se alargaba, se encogía, se arremolinaba y giraba en las alturas en asombrosa sincronía mientras poco a poco descendía en dirección al dormidero.

Pronto me di cuenta de que era mucha la gente que los observaba. Alguien me preguntó que de dónde venían. Le respondí: “vienen del cielo”. Me pareció un espectáculo único, maravilloso y emocionante. Y yo, dejando volar la imaginación, quiero pensar que el mirlo nos dedica su bello canto y estas aves nos avisan con su presencia en lo alto para que disfrutemos de su vuelo antes de irse a descansar, a la vez que nos dicen: “ya estamos aquí, os saludamos desde el cielo”.

José Manuel Carrera Elvira

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