La leyenda de la moneda

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Drakkar vikingo

Que no hay que embarcarse un martes, que las mujeres a bordo traen mala suerte, que el que no se rompa la botella durante la botadura, silbar en cubierta o que los tenedores no tienen cabida a bordo, son algunas de las cosas que dan mala suerte, aparte de otras muchas, muchísimas, y no me preguntéis por qué, pues son las cábalas que invocaban los marinos de antaño.

Pero entre todas ellas, una de las tradiciones navales más curiosas, que su origen se pierde en la niebla de los tiempos, y que se sigue respetando a la hora de construir un buque, es la colocación de las monedas de la suerte. Es la llamada “Ceremonia de la moneda”,

Para algunos se remonta a la época de los vikingos, que tenían por costumbre colocar dos monedas de oro en el fondo de la “afonogadura” (fogonadura), ese agujero o abertura en las cubiertas de una embarcación que sirve para que pasen los palos, el cabrestante, las bombas etc. hasta su asiento o caja en la respectiva carlinga, bajo la base del mástil principal, y sobre la quilla del barco para celebrar el inicio de la construcción de un nuevo buque, como extensión del uso telúrico de colocar monedas de plata en la fundición de nuevas casas para asegurar la felicidad de sus moradores.

Moneda vikinga (Siglo IX)

Hay también quien la explica como derivación de la costumbre en la Grecia antigua de poner una moneda, de un óbolo en los ojos o situado debajo de la lengua de aquellos difuntos que debían ser enterrados, para que con ella pagaran el viaje a Caronte (“Carón” ​ (en griego antiguo “Khárôn” = ‘brillo intenso’), hijo de “Érebo”, dios de las sombras y la oscuridad, y de “Nix”, diosa de la noche., que era el barquero de Hades, que según la mitología griega guiaba las sombras errantes de los difuntos recientes de un lado a otro del río Aqueronte. Hay otros que lo explican también como la derivación de la costumbre romana de poner una moneda en la boca de los muertos, el “dupondius” (antigua moneda romana con un valor de dos “ases” o de medio “sestercio”.

Por extensión a estas costumbres, al colocar las monedas en la estructura de un barco, quedaría saldada la contribución de los tripulantes de un buque, que perdieran la vida en caso de hundirse éste, para, como decimos pudieran, pagar el pasaje de ese último viaje, al citado barquero Caronte.

Obolo de caronte

La “Ceremonia de la moneda”, todavía actualmente se lleva a cabo tanto en buques militares como en barcos comerciales, siendo lo habitual que una moneda la ponga el armador (propietario de la nave) y la otra el astillero que construye el barco.

Como caso curioso podemos citar al buque real “Vasa”, orgullo de la armada sueca, que se hundió tras su botadura en 1.628. Cuando fue reflotado, los arqueólogos no hallaron monedas en la base de los palos, y como es impensable que no las pusieran, es como si el barco estuviera maldito, tal vez porque en el astillero algún obrero necesitado hubiera retirado esas monedas antes de su botadura.

En definitiva, hace más de 2.000 años que la tradición naval manda poner estas monedas en la base del palo mayor de los buques o bien actualmente bajo su quilla, según el lugar considerado más importante de la nave, con el fin de darles suerte. Cabe acotar que, en algunos cruceros, como el “Silver Muse”, estas monedas están en una caja con tapa de vidrio en la cubierta de botes de la nave, con el objeto de que los huéspedes puedan admirarlas.

Doblon ecuatoriano de ocho escudos. La moneda de ‘Moby Dick’

Además y por lo visto, en la ceremonia de “puesta de quilla” del “Silver Muse”, se han soldado sobre ella otras ocho monedas, cada una diseñada especialmente en conmemoración de cada uno de los siete continentes por los que el buque navegará:, que son: un “rand sudafricano”, un “dólar australiano”, ,medio “dólar estadounidense”, un “real brasileño”, un “euro italiano”, un “dólar de Singapur”, una moneda conmemorativa de la Antártida y otra moneda conmemorativa del buque.

Un dato curioso es que en numismática, se conoce como la moneda de “Moby Dick”,  al “doblón ecuatoriano” de 8 escudos, acuñado en Quito, (Ecuador), entre 1838 y 1843, y es la “pieza de dieciséis dólares” de “una onza de oro” que el capitán Ahab clavó en el mástil del “Pequod”, prometiéndola al primer hombre que “levantara” al gran cetáceo blanco.

Las monedas del ‘Silver Muse’

Por último, un poema de Quichino de Michele (Concepción – Uruguay)

“La muerte y la moneda bajo el mástil de mi barco que se hunde”.

Cuando ya se pudran mis últimas lonjas
y por deliberación llamen al barquero Caronte
y la guadaña venga cortando el horizonte
Y no quede por allí ninguna monja…

… Que me salve del infierno en funerales,
y que en la barca de los insepultos
haga sordina cuando grite mil insultos
contra la muerte llamándome a esponsales…

…Entonces quiero saldar mi última entrega
la barca de Caronte y el viaje seguro
y que San Pedro decida si «se va» o «se queda»

No vaya que una vez atravesado el muro
por no haber gastado mi única moneda
no encuentre ni presente, ni pasado, ni futuro.

Hasta la vista

Silver Muse, Sea trials

Fernando Suárez Cué

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