Los prunos

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A los prunos, cuya floración anuncia el final del invierno, les gusta llevar la contraria, pues cuando los demás arboles se sirven de su pigmentación verde para la fotosíntesis, ellos se empeñan en que sus hojas sean púrpuras y, además, en que les salgan después de sus espectaculares e infinitas flores.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

2 Comentarios

  1. Rostroazul, buenos días.

    Muchas gracias por su poema, veo que estamos todos un poco contagiados por la iniciativa «Asturias, Capital Mundial de la Poesía».
    Para no ser menos, le voy a recoger un poema, aunque no es mío, yo no tengo ese don.
    «El viento que mece el pruno»

    «Mientras el viento que mece el pruno
    con suavidad a veces y otras con cierto desdén,
    espero tu llamada y las sombras de la noche empiezan a devorar las luces del viejo día
    que no volverá más.

    La belleza de los amores imposibles está en que nunca se agotan
    no sufren el desgaste de la rutina,
    del paso del tiempo ni de la aplastante realidad
    Son como pájaros volando alto, muy alto
    recortándose en el cielo, hermosos por inaccesibles y lejanos»

  2. Por las colinas de Llanes
    en medio de verdes prados
    compite con el almendro
    entre sol nubes y vientos
    un ciruelo engalanado
    con hojas rojas de fuego
    Y flores de un purpurado
    que parecen aunciarnos
    que el frío ya ha terminado
    mientras todos en Asturias
    sabemos que esto es errado
    aunque se empeña en lucirnos
    entre tanto verde prado
    entre nubes y borrinas
    el verano adelantado
    que doña Maiche agradece
    sin dudarlo de buen grado
    porque alegra sus paseos
    disfrutando su presente
    con su belleza serena
    reviviendo su pasado
    con su traje de aldeana
    Y en un mechón enredado
    una flor del pruno rojo
    de algún amor olvidado.

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