Metales pesados

0
395
Colillas en la arena de la playa

Hace ya algún tiempo, se está hablando mucho de los limos que se han depositado en nuestro puerto pesquero, con el enorme descalabro que produce para el normal funcionamiento de las labores propias de este empleo, pues no hay calado para la correcta entrada y salida las embarcaciones, y al parecer, es complicado el dragado de estos fondos por la cantidad anormal de los “metales pesados” que estos limos contienen.

Un “metal pesado” es un miembro de un grupo de elementos químicos que presentan una densidad alta, no muy bien definido y que exhibe propiedades metálicas. El término “metal pesado” es considerado como una «mala denominación» en un informe técnico de la “IUPAC” (Unión Internacional de Química Pura y Aplicada), debido a su definición contradictoria y su falta de bases de coherencia científica, existiendo un término alternativo como es “metal tóxico”, pero para el cual tampoco existe un consenso de su exacta definición.

Los metales pesados son, en general, tóxicos para los seres humanos, y además su característica de ser bioacumulativos (no pueden ser eliminados por el cuerpo) provoca que las concentraciones permitidas en el agua de consumo humano por la legislación vigente sean muy pequeñas. entre los más susceptibles de presentarse en el agua destacamos mercurio, níquel, cobre, plomo y cromo.

El incremento de concentración en las aguas de estos compuestos se debe principalmente a contaminación puntual de origen industrial o minero. Los lixiviados de vertederos o vertidos de aguas residuales pueden ser asimismo una fuente de contaminación.

Hay que señalar que la presencia de estos elementos es muy poco habitual y de aparecer lo hacen mediante trazas, es decir, en concentraciones muy por debajo del límite legal estipulado para aguas de consumo humano.

Frailecillo común

Dependiendo del contexto, los metales pesados pueden incluir elementos livianos como el carbono y pueden excluir algunos de los metales más pesados. Los metales pesados se encuentran libres y de forma natural en algunos ecosistemas y pueden variar en su concentración, ya que hay que señalar también, que en algunos casos existen aguas que sufren un proceso de enriquecimiento natural en metales pesados al atravesar acuíferos formados por rocas que los contienen en su composición.

Sin embargo, hay una serie de elementos que en alguna de sus formas pueden representar un serio problema medioambiental y es común referirse a ellos con el término genérico de «metales pesados». En la actualidad, existen fuentes antropogénicas de metales pesados, como la contaminación, que los ha introducido en los ecosistemas. Por ejemplo, los combustibles derivados de la basura (no orgánica) generalmente aportan estos metales, así que se debe considerar los metales pesados cuando se utilizan los residuos como combustible.

Los metales pesados tóxicos más conocidos son el mercurio, el plomo, el cadmio y el arsénico, y en raras ocasiones, algún no metal como el selenio. A veces también se habla de contaminación por metales pesados incluyendo otros elementos tóxicos más ligeros, como el berilio o el aluminio.

Los organismos vivos requieren diferentes cantidades de metales pesados. Pequeñas cantidades de hierro, cobalto, cobre, manganeso, molibdeno, y zinc son requeridas por los humanos. Excesivas cantidades pueden dañar nuestro organismo. Otros metales pesados como mercurio, plutonio, y plomo son metales tóxicos que no tienen un efecto vital o beneficioso para el organismo, y su acumulación en el tiempo y en el cuerpo de los animales puede causar serias enfermedades, como por ejemplo saturnismo (plumbosis o plombemia), al envenenamiento que produce el plomo (Pb) cuando entra en el cuerpo humano como enfermedad crónica causada por una intoxicación con sal de plomo), o mercurialismo (hidrargiria, hidrargirismo), cuando es envenenamiento por mercurio.

Algunos elementos que son normalmente tóxicos, para algunos organismos, bajo algunas condiciones pueden ser beneficiosos. Por ejemplo, el vanadio, el wolframio, incluso el cadmio. ​

Dentro de este grupo de metales que tratamos, la Unión Europea cita como los once elementos más importantes al arsénico, cadmio, cobalto, cromo, cobre, mercurio, manganeso, níquel, plomo, estaño y talio, de los cuales sus emisiones en incineradores están reguladas.

Algunos de ellos son necesarios para los humanos en pequeñas proporciones tales como el cobalto, el cobre, el cromo, el manganeso y el níquel, mientras otros son carcinogénicos o altamente tóxicos, afectando, entre otros, al sistema nervioso central (manganeso, mercurio, plomo, arsénico), los riñones o el hígado (mercurio, plomo, cadmio, cobre) o la piel, los huesos, o dientes (níquel, cadmio, cobre, cromo).

La contaminación con metales pesados puede surgir de muchas fuentes, pero más comúnmente de la purificación de metales, por ejemplo, el “smelting” (proceso de extracción del metal de la piedra) del cobre o la preparación de combustible nuclear. La electrodeposición es la primera fuente de cromo y cadmio. Mediante la precipitación de estos compuestos o el intercambio de iones hacia los suelos y barros, los metales pesados se pueden localizar y quedar depositados. A diferencia de los contaminantes orgánicos, los metales pesados no decaen y presentan otros desafíos para remediarlos.

Uno de los mayores problemas asociados a la aparición de metales pesados es el potencial de “bioacumulación” y “biomagnificación” causando mayor exposición de estos metales a un organismo de la que podría encontrarse sola en el medio ambiente. Peces de alta mar como el Tetractenos glaber (Pez sapo liso)) y aves marinas como la Fratercula arctica (frailecillo atlántico​, también conocido como frailecillo común o simplemente frailecillo), son controlados por la presencia de estos contaminantes. Los principales lugares en los que se encuentra bioacumulación son los estuarios o lugares con agua salobre, debido a que los contaminantes son arrastrados a lo largo del trayecto de los ríos y depositada en los lechos lacustres, siendo reportados niveles elevados de metales pesados en el fondo, en algas, ostras y peces de consumo humano, encontrando niveles elevados para metales pesados por encima de lo permitido por sus sistemas de salud y control ambiental

Pez sapo liso (pixin)

Y ahora para acabar, hay que decir que las colillas de los cigarrillos pueden ser una fuente importante de contaminantes metálicos de lixiviación (extracción de la materia soluble de una mezcla mediante la acción de un disolvente líquido). en el medio marino y, potencialmente, entrar en la cadena alimentaria,

Las colillas de cigarrillos son la forma más común de basura que se encuentra en el medio marino, con un estimado de 5 billones tiradas al medio ambiente en todo el mundo cada año. La investigación anterior también ha sugerido que los metales pueden lixiviar desde las colillas de los cigarrillos.

Los metales evaluados incluyeron cadmio (Cd), hierro (Fe), arsénico (As) níquel (Ni), cobre (Cu), zinc (Zn) y manganeso (Mn) de colillas de cigarrillos desechadas en los 10 centímetros superiores de los sedimentos y depositadas en la marca de la marea en las playas.

la liberación de metales a partir de colillas de cigarrillos esparcidas en el medio marino puede aumentar el potencial de daño agudo con respecto a las especies locales y entrar, a través de ellos, en la cadena alimentaria.

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

Dejar respuesta