Coronavirus. Culpas y mentiras

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Nadie duda ya, a estas alturas de la película, de que el tema actual, el que no podemos alejar de nuestra mente y no nos permite pensar en otra cosa, es el coronavirus. El confinamiento para los que vivimos en “pisitos”, que somos los más, y no disponemos de un palacete con jardín y tres cuartos de baño, comienza a ser insoportable y, sin duda, tendrá consecuencias cuando llegue el “después”, el desenlace del serial, si es que estamos aquí para verlo. Ayer me llamó un conocido para decirme que un familiar había dado positivo y estaba ingresado. Me decía que había que luchar, que no “quedaba otra”. Sí, querido amigo, estamos de acuerdo en eso. Pero cuando pienso en los más de cien mil contagiados, en los miles de fallecidos y en los familiares que ni siquiera han podido abrazar ni despedir a sus seres queridos, siento furia y deseo de que los culpables, que los hay, paguen por ello. Vimos a ese señor (Fernando Simón) decirnos una y otra vez, cuando comunicaba los fallecimientos, insistir en eso de que tenían “patologías previas”. Lo decía un día y al siguiente lo repetía, como dando a entender que no pasaba nada, que no tenía importancia. Pero hombre, ¿quién no tiene alguna patología a partir de cierta edad, digamos de los sesenta años? ¿Cómo se puede anteponer la edad y las “patologías previas” al derecho a la vida? ¿Qué pensarán los hijos, nietos y demás familiares de sus mayores queridos cuando oyen eso? ¡Impresentable y vergonzoso! Naturalmente, ahora ya no lo dicen, pues estamos viendo cómo el virus afecta a jóvenes y mayores. Hace unos días informaban este señor y el ministro de Sanidad de que no era necesario el uso de mascarillas. Ahora resulta que sí lo es. Pero el problema es que no las hay en ninguna parte. Una desgracia como esta merece la máxima seriedad. ¿En manos de quién estamos? Por supuesto que el culpable es el virus, pero las mentiras, la falta de previsión y la incompetencia han ayudado a su propagación. La incompetencia puede ser muy dañina, más cuando emana de un dirigente, de alguien que tiene poder. Manipular la realidad a través de las palabras no da resultado ni a corto ni a largo plazo. En unos días se ha podido comprobar que nos han estado mintiendo y ocultando la realidad hasta el último momento, hasta que la evidencia enmudeció sus argumentos. Y cuando las consecuencias de este proceder son tan terribles, los responsables deben pagar por ello. Deseo que así sea, al menos, para mitigar un poco el sufrimiento de tanta gente y, en especial, de los que han perdido a sus seres queridos. Poco podemos hacer ahora los ciudadanos, salvo permanecer en casa y esperar… Pero nada puede impedirnos criticar la ineficiencia, las mentiras y el engaño de los que están ahí para decirnos la verdad y para protegernos. ¡Que paguen por ello!

José Manuel Carrera Elvira

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