El mal de Mar o mareo

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Una Mar torpe puede producir mareo

“Para todo mal, la Mar, para todo bien, también”.

Ya nos acercamos al verano, y si el tiempo, las autoridades pertinentes y el “bichu”, nos lo permiten, se pondrá en acción ese refrán tan nuestro, y que reza…” Con el anticiclón, todos los barcos tienen tripulación”.

Y es verdad, con mares calmas, todo el mundo quiere y se atreve a embarcar en cualquier tronco flotante que se le “abarloe”.

Es entonces cuando empiezan los patrones a preguntar… ¿Tú te mareas?, y los nuevos nautas, antes de contestar, empiezan a consumir batidos de jarabes y bocadillos de biodraminas, pero… ¡Eso sí!… Con cafeína que atonta menos.

Pero de hecho… ¿Qué es el mareo?

Balanceo

Empecemos diciendo, que la raíz de la palabra “mareo”, que por cierto es un vocablo perteneciente a  la Mar, pues viene de la palabra latina “mare” (masa de agua), y a partir de ahí, nos aparecen otras palabras muy relacionadas, con ella, ya que uno de sus principales síntomas es la “náusea”,  palabra que proviene del latín “nausea”, y este del griego “nausia”, que a su vez se deriva de “naús” (barco o nave),

En términos médicos, este inconveniente se denomina “cinetosis” (del griego “kinetosis” que se traduce por “mal de movimiento”), que son los trastornos producidos en el organismo a causa del movimiento.

No hay una exacta explicación, de porque se produce el mareo, ya que distintas personas en un mismo lugar y situación, unas lo sufren y otras no. Pero… ¿Por qué?

En la marcha, desplazamiento fisiológico del hombre, no existe normalmente posibilidad de mareo, y, sin embargo, este se presenta cuando aumentamos la velocidad del transporte con movimientos anormales para nosotros, por lo que de las explicaciones que he oído, una de la que creo más comprensible y acertada, es la que nos habla de esa especie de confusión que sufrimos los humanos al no estar diseñados para permanecer dentro o sobre objetos en movimiento, y la causa, no es solo el movimiento en sí, sino que nuestro sistema nervioso central recibe información contradictoria de los sistemas perceptivos relacionados con el equilibrio, nuestra posición en el espacio y el movimiento.

‘Arfeo’ o ‘cabeceo’

El órgano del equilibrio se localiza en el “Aparato vestibular” que se sitúa en el oído interno y trabaja integrado con la vista y con los receptores de presión de la piel, de las articulaciones y de los músculos, por lo que la una información contradictoria de uno o varios de los sistemas hace que el Sistema Nervioso Central reaccione activando el centro de la náusea y termine en vómitos, contando por supuesto con la  “propiocepción”, es decir, la capacidad inconsciente de percibir, cada uno de nosotros en todo momento, la posición de las partes del propio cuerpo. Todo esto acostumbra a ocurrir cuando estamos soportando pasivamente, un movimiento de tipo oscilatorio como es el habitual en los barcos.

Hay tres movimientos en un barco, que son los que pueden causar el mareo. El “arfeo” o “arfada”, que alude a la acción de cabecear (“cabeceo”), o movimiento “longitudinal”, que es el que se produce de proa a popa, y parece ser el mas benigno, porque aparece normalmente cuando el barco está andando. El segundo es el de “balanceo” (“bandeo”), movimiento ”transversal” que es el movimiento del barco cuando pasa de babor a estribor, y viceversa, para volver a empezar, y el tercero y el mas terrible de todos, el movimiento “de cuchara”, que combina los dos al mismo tiempo. Este movimiento, para que nos hagamos una idea, es, por ejemplo, el que tiene el barco cuando estamos “a calamares”

Los síntomas del mareo son graduales.

En primer lugar, la persona sufre una especie de malestar indefinido y la sensación de que necesita respirar aire fresco, apareciendo la costumbre de aligerarse de ropa para poder” respirar mejor”. Craso error, pues eso lo que nos hace es perder temperatura corporal, que es lo que en realidad necesitamos. Es mejor abrigarse.

Me quiero morir…

Suelen aparecer también los bostezos y una mayor sensibilidad a los olores. Después el malestar se agudiza y llega la náusea, acompañada de sudores, sensación de mucho frío o mucho calor, pesadez o dolor de cabeza, palidez, excesiva salivación o, por el contrario, sequedad bucal, eructos, etc.

Si el mareo no se puede contener, lo que sigue son los vómitos, somnolencia, una palidez notoria e incluso angustia.

Yo que siempre he presumido de no marearme nunca, me acuerdo cuando empecé a salir a la Mar, con más o menos diez años, a pescar brecas con mi tío Baltasar Cué de la Fuente (tiu “Bata”), a pique de Llanes, y recuerdo perfectamente cuando ya llevábamos mas de una hora, y me preguntaba… ¿Tienes hambre Fernándín?, a lo que yo contestaba que sí. Entonces, me decía… “Recoge que nos vamos a tierra a desayunar como “hombrones”. Y yo marchaba feliz y contento porque me veía muy mayor.

Tiempo después, llegue a la conclusión de que Baltasar, con muy buen ojo, se daba cuenta cuando empezaba yo a marearme, y con esa treta del desayuno me llevaba a tierra. El secreto, según me contó años más tarde, consistía que, al faltarme riego en la cabeza, cosa de la que se daba cuenta porque los pabellones auditivos (las orejas, para los que no hemos hecho la carrera de medicina), perdían el color y se volvían como de cera, al mismo tiempo que empezaba a revolvérseme el estómago, dándome esa falsa sensación de hambre. Como la cosa no la había dejado ir a más, al pisar el muelle, todas esas sensaciones desaparecían. Creo que, debido a ese entrenamiento, no me he mareado nunca.

A punto de palamarla

A partir de ahí, y cuando que me han acompañado amigos a navegar, siempre he procurado decirles lo que a mi entender les podía servir, para no marearse.

Descansar bien la noche antes y evitar tomar alcohol antes de embarcar porque el alcohol deshidrata (esta es una asignatura pendiente que nunca he conseguido), pero de tomar alguna copa, beber mucha agua para reducir la deshidratación y minimizar los efectos de la resaca.

No ingieras alimentos ácidos o con alto contenido en grasas

Evita desayunos fuertes a base de panceta, huevos, salchichas, o zumos ácidos como el zumo de naranja, siendo una buena elección las frutas no ácidas como la manzana, los plátanos, peras, uvas o el melón

Evita alimentos con alto contenido en histamina como el queso curado, huevo, el pescado enlatado, alcohol o el chocolate. Dale tiempo a tu estómago para digerir la comida antes de embarcar, pero recuerda que navegar con el estómago vacío no es nada aconsejable.

Las bebidas de cola reducen los síntomas del mareo porque contienen ácido fosfórico que alivia las náuseas y ayuda a evitar los vómitos.

Sitúate en un lugar fresco y bien ventilado, apartado de humos y olores a combustible.

La parte central de la embarcación es la más estable y procura mantenerte siempre que sea posible en cubierta con la vista al horizonte, que ayudará a tus sentidos a mantenerse orientados.

Si ha de pasar noche navegando, serán mejor elección los camarotes situados en popa, pero si duerme fondeado el camarote de proa será el de menor movimiento y por tanto el más aconsejable.

La mejor opción para evitar el mareo será ponerse al timón, esto te hará mirar al horizonte y anticiparte a los movimientos del barco orientando de nuevo tus sentidos. Esto lo he hecho yo hacer infinidad de veces, y es “mano de santo”.

No lo mire ni le hable al que está mareado. Parece poco solidario, pero es práctico, ya que lo mejor que puede hacer por él es no marearse Ud. también.

Mascota algo tocada

Si piensa que va a poder dormir, inténtelo. Si no logra dormirse, no se quede acostado, ni con los ojos cerrados, ni bajo cubierta. Si logra dormirse, eso puede traerle un gran alivio.

El mareo en el mar es muy psicológico y si estás pensando en ello es casi seguro que acabarás mareándote, por ello, es mejor participar en las labores de navegación manteniéndote siempre bien ocupado.

A final, y es solo mi opinión, que conste, los “diez mandamientos” se reducen a dos… ¡El que se marea se marea, y el que no se marea, no se marea! ¡Menudo descubrimiento “Cristobalito”!

Mascota mareada

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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