Un gran día y mejor maniobra

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Vista aerea del Delta del Ebro

Viernes

20:00 h. Por fin consigo que el “Santa Clara”, zarpe desde el puerto de Garraf con rumbo SW hacia el Delta del Ebro, que se encuentra a unas 60 millas náuticas.

He dicho consigo, porque desde las 17:00 h.  he estado en el velero con Juan, el otro patrón, arranchando los alimentos de los que nos hemos abastecido, y preparándolo para el viaje, pero es igual, el resto de la tripulación va llegando tarde, y como siempre con la misma pregunta…

Vista aerea del puerto de Garraf

18:00 h.

Luis: ¿Aquí estamos José María yo… ¿Somos los primeros?

Fernando: No, Pedro y Tiago están tomando una cerveza en el Club.

L: ¡Ah! Pues voy con ellos y ahora vuelvo

Y así uno tras otro, excepto José, que me pregunto si podría venir con su novia, que le hacía mucha ilusión. Le dije que por supuesto, y hacerte “al pleno”, pues Yolanda, que así se llama la chica, además de ser muy simpática y agradable, resultó ser una cocinera de “5 estrellas”.

Como se va la luz y la tripulación, excepto Juan, no tienen experiencia, decido izar la mayor, como estabilizadora del barco, enrollar la génova y andar a motor.

Reparto las guardias, y aunque siempre habrá un acompañante, la noche la reparto entre Juan y yo. Decidiendo hacer la primera mitad.

La noche está clara y la Mar calma, pero José esta algo intranquilo porque no sabe si Yolanda podría llegar a marearse, a lo que le respondo que no se preocupe que eso no va a ocurrir.

Hablando con ella, le pregunto:

F: ¿Te gustaría “patronear” el barco?

Yolanda: Ya lo creo que me gustaría, pero no sé cómo se hace y puedo estropearlo todo.

F: Ponte aquí, coge la rueda y no mires hacia abajo, al compás

Y: ¡Vale!… ¿Pero cómo se dirige?

F: Igual que un coche, derecha, derecha e izquierda, izquierda. Solo que aquí, como buena patrona, tendrás que memorizar que izquierda es babor y derecha estribor. ¿De acuerdo?

F: Bien. Ahora mira al cielo que tienes delante y dime que estrella es la que más te gusta.

Y: Aquella que brilla mucho.

F: No es una estrella, es el planeta Venus (el “Lucero vespertino”), pero para el caso es lo mismo. Ahora lo que tienes que procurar es que, con el mástil vayas tapando la estrella, y así nos llevarás a donde queremos ir.

J: ¿No se mareará?

F: Tranquilo amigo, te aseguro que ahora ya no.

Sábado

Son las 02:30 h. y estamos ya “a pique” de Tarragona, teniendo por la proa los grandes buques fondeados, entre los que destaca un petrolero enorme.

Yolanda, que sigue al gobierno, enormemente ilusionada, me pregunta que hace.

F: Cae un poquitín a babor (ya sabes a la izquierda), y líbrale por la proa, y relativamente cerca para que veas lo enorme que es.

Así lo hace, cuando al poco tiempo me fijo en que el buque ha encendido sus luces de posición, y me enseña la roja.

F: Corrige el rumbo Yolanda, y cae a estribor (a la derecha), para pasarle por la popa, que ese” angelito” se va a poner en marcha.

Efectivamente así fue, y cuando llegamos al lugar en el que estaba fondeado, ya se veían muy lejos sus luces, en su rumbo hacia el S. Hay que ver con que velocidad se mueven esos “monstruos”, aunque no lo parezca.

04:00 h. Yolanda ya está cansada, y se va a dormir, y yo llamo a Juan para que me releve

07:00 h. Me despierta el nuevo movimiento del barco, Subo a cubierta y efectivamente Juan ha cambiado el rumbo cayendo a WSW, aproando al puerto de L’Ametlla, donde vamos a descansar, a desayunar y hacernos con una carta del Delta.

Puerto de L’Ametlla de Mar

Ocurre una anécdota muy divertida, y es que nos encontramos con un grandísimo grupo de “toliños” que llevaban nuestro rumbo, baja Juan para despertar a Yolanda y José para que vean el espectáculo, ya que había cientos de ellos. La mar hervía. Los ve Yolanda e inmediatamente se vuelva al camarote donde todavía estaba José diciéndole que subiera rápido a ver la Mar que estaba llena de delfines “de verdad”, Por lo visto solo los conocía del Delfinario del Zoológico de Barcelona

09:00 h Después de un buen desayuno a base de sardinas fritas, cervezas y café. Compramos la carta del Delta y zarpamos hacia el Ebro, pasando al lado de las bateas de mejillones y ostras y viendo al fondo algún que otro grupo de los escandalosos flamencos. Ya localizada la desembocadura principal, preguntamos a una lancha que nos adelantó (la amabilidad no fue una de las cualidades del patrón), la mejor entrada al rio… ¿Dónde estuvo el error?, porque de pronto el barco, con un cabezazo respetable, pegó con el bulbo de la orza en el fondo y allí se quedó tan quieto él,  como helados nosotros.

Uno de los barcos fluviales del Ebro.

Una vez hechos cargo de la situación empezamos a hacer las maniobras que creíamos necesarias para soltarnos, como cruzar la botavara y subirse en ella varias personas para hacer palanca y escorar el barco, o como empujar con la inflable a motor la proa, para ver si podíamos virarlo, pero nada. El problema es que el fondo donde habíamos dado no era arena, sino limo y fango, y su capacidad y fuerza de absorción era enorme.

Allí estuvimos en esa situación, dándonos algún que otro “calumbu”, y pensando ya en pedir por radio remolque, aunque no tenía ganas ningunas, cuando el viento empezó a refrescar cada vez más y rolar entrándonos por la amura de babor. Cazamos la génova y la mayor y pusimos el motor en marcha, esperando el golpe de suerte. Así ocurrió, la suerte no tardó en llegar en forma de una racha de viento más duro que llenando las velas, hizo escorar el barco entre los 40º y 35º, con lo que se soltó la orza del fondo en el momento que embragué y puse el motor a tope. Salimos bien, dejando una nube de fango y lodo, pero con la intranquilidad de que no encontráramos una piedra por delante, que con aquella arrancada podía hasta desfondarnos.

15:00 h. Al final, a motor, despacio y con un ojo clavado en la sonda, encontramos el canal principal del rio y, ya con calado suficiente, empezamos a remontarlo a vela, con bordos repetitivos y relativamente cortos, hasta llegar a la zona en la que acostumbran a atracar los barcos fluviales, y donde ayudados por la corriente del rio, atracamos como los antiguos bucaneros, sin tocar el motor.

Empezó la gente a relajarse, y después de unas duchas, nos dirigimos a un chiringuito que había allí mismo con el ánimo de “sacar la tripa de mal año”

Los menús sencillos, pero perfectamente preparados y sabrosísimos. El entrante consistió en unas ostras para repartir, y después la mayoría tomó mejillones en salsa picante y paella elaborada con ese arroz “bomba”, orgullo de los productores locales

Mientras Juan y este penitente, le entramos, porque no era de recibo el marcharse del delta sin haberlas degustado, a las “ortiguillas de mar” fritas, y después el famoso guiso “all y pebre de anguila”. Todo ello regado con cava de la zona, excepto, y de nuevo Juan y yo, que nos decantamos por un blanco, también de la zona, hecho a base de uva “garnacha”, que sin entrar en el debate de donde proviene exactamente la garnacha blanca (Alicante, Aragón o Cataluña), sí se puede decir es que es una variedad autóctona de España y que actualmente está considerada una de las más “cool” del panorama vitivinícola.

Personalmente a mí no me agradan demasiado los vinos que se hacen con mezclas de uvas. Pero bueno, eso son gustos.

Tras hacer la digestión, tomando unos chupitos de ese licor de arroz, dulce y untoso tan famoso en el Delta, y mientras echábamos unos “pitos” charlando con unos patrones de los barcos turísticos, empezamos a preparar el regreso y a despedirnos de nuestros nuevos amigos.

Una curiosa pero eficiente maniobra que me enseñaron fue la siguiente: soltar los dos “spring”, tanto el de proa como el de popa, y lo mismo que el “largo de proa”, manteniendo firme, pero en la mano, el “largo de popa”. Pues bien, efectuadas estas operaciones, la corriente del rio empieza a separar la proa hasta, si la dejas, aproarte totalmente a favor de la corriente. En el momento que creas oportuno, largas el largo de popa y con vela o motor te separas del atraque y empiezas a navegar “de bajada”. Fácil y operativo.

18:00 h. Una vez en la Mar, encontramos un “garbi” (viento de SW), entablado y fresco, que, recibiéndolo por la aleta de estribor, nos hizo disfrutar de una navegación rápida y segura, practicando trasluchadas, bordos y viradas. Una verdadera gozada.

21:00 h. Después de andar disfrutando de una navegación muy divertida, aproamos al puerto de Cambrils, al que llamamos para pedir entrada y amarre. Se nos concede y al llegar a la bocana, vemos a una persona, sobre una “scouter”, que nos está haciendo señales para que le sigamos hasta el pantalán que nos tenían reservado.

Puerto de Cambrils

Nada más atracar, se nos presentan las autoridades pertinentes, solicitando documentación, rol, origen del viaje, tiempo que creemos vamos a estar en el puerto, hora de partida y destino al que nos dirigiremos. Arreglado y conforme todo, se despiden amablemente y… ¡A otra cosa mariposa!

Por nuestra parte nos dirigimos a las instalaciones portuarias, para disfrutar de unas buenas duchas, y enterarnos donde hay un restaurante para cenar. Yolanda entra en juego y nos dice que ni hablar, que después de que tomemos unos “gintonis”, para refrescarnos ella prepara la cena a bordo, y empieza a organizarnos. Vosotros dos cortáis la lechuga, los tomates (pelados), los pimientos y los pepinos. Tú y tú (eso si, por favor), preparáis la mesa en la bañera (“dinette”).

Le agradecemos que no haya dado trabajo a los patrones, y nos dice que es lo menos que puede hacer, ya que nos tiene reservado el trabajo de fregar los cacharros. No hay ya respeto, ni por el conocimiento, ni por el mando.

La cena estupenda. Ensalada variada incluidos los espárragos, unas especies de cintas de pasta, con carne picada y pisto, y de postre una piña que deshacía sola. Después…teníamos que haber comprado otra botellina de licor de arroz.

Habíamos comprado una piña, totalmente madura, y Jose, nos enseñó a tomarla de una manera muy práctica y agradable. Se le quitan las hojas tirando de ellas, y después se van desgajando uno a uno, esa especie de caparazones, que sale con la pulpa pegada a é. De un bocado lo tomas, y no necesitas después limpiar nada, ya que nada has usado.

 Domingo

06:00 h. Como no puedo dormir más me levanto, aviso a Juan que salgo del barco, y me dirijo a la cafetería del Club, con intención de tomar un café. No abren hasta las 08:00, hora a la que ya tenía yo previsto el zarpar, así que regreso al “Santa Clara”, y junto a Yolanda que ya se había levantado, comenzamos a preparar el café, leche para los que la quieran con cacao, y bocadillos de “pan con tomate”, con jamón, embutidos o patés. Juan, Tiago y yo, nos decantamos por dos huevos fritos, con pimientos verdes, también pasados por la sartén y patatas “chips”. Después, picotear algo de fruta, y para postre café

12:00 h. El retorno fue sencillo y sin nada digno de mencionar, aparte de lo que vimos de pronto y muy cerca por la amura de babor, como el agua “hervía”. Recogimos la génova y a motor nos dirigimos hacia allí, largando dos aparejos de cacea por la popa.

No hicimos nada más que adentrarnos en la mancha, cuando trabamos un pez en cada aparejo, y que resultaron ser dos melvas, que una vez limpios y preparados, Yolanda y Jose, los prepararon en un arroz con curri que quedó como “para los chupo me dedos de lo rico que me ha supido” … ¡Riquísimos!

El final, ya podéis imaginároslo, tranquilidad y relajación hasta que rendimos el viaje en el puerto de Garraf, sobre las 20:00 h.

Antes de marchar, reponemos el combustible gastado, y el “Santa Clara”, quedó limpio, arranchado y preparado para la próxima salida.

Y eso es todo amigos.

Hasta la vista

Fernando Suárez Cué

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