«Oro rojo»: El milagro del ocle

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Varios ocleros recolectan algas de arribazón con tractores

Estamos entrando en el otoño llanisco, la Mar empieza a ponerse “torpona”, y a depositar en nuestras costas y playas un alga marina en particular, entre otras, de la que se extrae el “agar, y que tantas ayudas económicas ha traído a entrañables familias de nuestra Villa. Estamos hablando de nuestro “oro rojo” … ¡El ocle!

Las playas se están quedando solas, a excepción de algunas personas, que aprovechando que el agua de la Mar aún está caliente, desafían al mal tiempo dándose unos baños, que algunas veces resultan hasta más agradables y satisfactorios que los clásicos meses de julio y agosto ya que están solos y no tienen foráneos que los dispersen.

Pero no son los únicos, ya que, aunque vayan dejando las playas, en cuanto entran las marejadas, son sustituidos por gentes, principalmente del lugar, que comienzan a estudiar las zonas donde dicha marejada depositará las algas de arribazón en gruesas capas, con la intención de ir a recogerlas armados con palas, horcas y garabatos, o desde lanchas, si la ocasión lo permite y el valor de la “cosecha” lo aconseja, pues ese trabajo, uno de los más duros que puede presentar la Mar, se efectúa no solo en las playas, sino a lo largo de toda la costa, puertos incluidos, si la Mar con el poder de toda su bravura se lo propone.

Estos recolectores, van a por una de las dos fuentes de aprovisionamiento de algas, como son las de “arribazón” ó “algazos”, y que son las arrancadas de sus fondos por la Mar durante los temporales, y que luego las corrientes y los vientos se encargan de depositarlos en las costas. Está compuesto de algas muertas, por lo que su valor comercial es bastante inferior al “arrancado”, por ser de menor calidad que la de este.

Antiguamente, el ocle arrancado por la Mar solamente se usaba para el abonado de campos y huertas, pero con el tiempo y al ser considerado como una valiosa fuente de substancias de gran importancia comercial, su uso como abono podía considerarse como un despilfarro, aunque bien es verdad que los campos abonados con el ocle resultaban más productivos que los abonados con los producto de desecho de las cuadras y establos.

Garabato de 6 puntas
Antiguas palas de tres puntas.

Para ir a por el de arribazón, había que tener un permiso de la Comandancia de Marina, pero comprometiéndose a que solo se podía extraer esta ocle por medio de los llamados “garabatos”, que consistían en una especie de rastrillo de hierro de doble sentido, unido a un largo mástil o caña de eucalipto. Esta operación se tenía que hacer a mano, ya que para su arrastre estaban prohibidas, tanto las caballerías como los tractores, u otros medios mecánicos. En playas como las de Niembro, Barro o Celorio, que era donde más salía, los aldeanos que se dedicaron a esta faena sacaron algunos millones de pesetas. Hubo mucha riqueza y bastante repartida, de ahí su nombre de “oro rojo”.

Este ocle, los compradores costumbraban a secarlo en el campo de aviación, en Cué, antes de vendérselo y transportarlo a las fábricas de Reinosa en Cantabria y la de Burgos para su procesamiento.

Respecto al arrancado, aparte de la  “Eucheuma” (o “Guso” en las Filipinas), un grupo de macroalgas, rojas  utilizadas en la producción de “carragenano”, o de la “Gracilaria”, un género de algas rojas de importancia económica para la producción de agar, la que más parece abundar en nuestras costas es el “Gelidium”, un género de algas rojas pluricelulares que comprende 124 especies, y cuyos miembros del género son conocidos por un amplio número de nombres vulgares, como “tengusa”, “makusa” o “genso”, como ejemplo entre otros. Esta alga es una potente productora de “agar”.

‘Gelidium’

La palabra “agar” viene del malayo “agar-agar”, que significa “jalea”, siendo también conocido por los nombres “gelosa”, “gelosina”, “gelatina vegetal”, “gelatina china” o “gelatina japonesa”. Las algas y el gel extraído de ellas han sido utilizada desde tiempos antiguos en países de Extremo Oriente, como China, Japón o Corea, y fue traído su uso a Europa hacia la mitad del siglo XIX.

Pero ahora vayamos a lo nuestro.

Empieza el arranque en la costa de Llanes, esperando que haya habido muchas horas de sol, ya que entonces, aparecen las algas de mejor calidad. De ellas, de las algas arrancadas, las más cotizadas son las algas rojas, el “gelidium”, que en las costas del Cantábrico se le llama “marullo”

Se preparan las embarcaciones que se van a dedicar al arranque, armando los compresores que alimentaban tres o cuatro mangueras desde las que trabajaban los buzos contratados.

De las llaniscas, las lanchas que parecían ser las mas activas, podemos decir que eran “Vendaval”, de José Manuel Gutiérrez Meré (El Belga), “Javier Evaristo” de Patiño, o “Virgen del Rosario” (“La Menta”) de Gerardo Valle Bustillo (“Gerardín”), los cuales comenzaron a crear una industria realmente fructífera. También había algunas embarcaciones, como la “Villa de Noja”, de Merito y Lin, que cuando terminaba la costera del arrancado, se dedicaban al de arribazón.

Los buzos arrancaban las algas rojas y las iban metiendo en una red, que una vez llenas pesaban entre los 60 y 70 kilos. Al final de la jornada, cada embarcación regresaba a puerto con una cantidad de bolsas que oscilaban entre las 90 y las 100, con lo que tenemos un peso total de ocle embarcado que oscilaba entre los 5.000 y los 6.000 kilos por barco, pagándose entre 50 Ptas. y 60 Ptas. El kilo, según estuviese el mercado en ese momento.

Los buzos, parece ser que cobraban 30 céntimos por kilo embarcado, mientras que el patrón cobraba 60 céntimos, pero debía de hacerse cargo de la lancha, el gasoil, compresor y gastos generales.

Este ocle arrancado era el de mejor calidad, por lo cual se pagaba mejor, hasta tal punto, que en mojado se convenía el precio, pero en seco, y debido a la gran competencia existente entre las fábricas consumidoras de este producto, entraba casi en subasta, llegándose a pagar cantidades como 270 pesetas el kilo.

Viendo el futuro que se avecinaba, empresarios particulares de la Villa, empezaron a comprar estas recolectas Entre ellos destacaban, Pedro Conde, Sánchez Pesquera, “Fonso”, “Popo”, Francisco García Antolín (“Fragarán”), Llerandi y Maya, para enviarlo a los secaderos que había en Mansilla de las Mulas, en la provincia de León.

Con una gran vista comercial, también entraron el negocio, Pedro y “La Gebra”, que trajeron una máquina para empacar ocle, colocándola en una bodega que había en la calle Mayor, con otra entrada a la plaza de La Magdalena. Posteriormente en esa bodega estuvo la lechería de Raúl.

La caída en picado de este negocio, no es tanto por su prohibición debido al destrozo, según algunos, que se hacía en los fondos, ya que defendían que al arrancar las algas se llevaban las huevaras de los peces, además de dejar sin protección a los alevines ante sus depredadores.

Como podéis ver, ha habido muchos comentarios sobre el porqué se dejó de arrancar el ocle. Lo de los alevines, puede ser, pero la realidad de la caída del mercado del ocle, fue debido a varios motivos, siendo el primero la desaparición de las grandes extensiones de “gelidium”, debido a la recolecta industrial  que tuvo que soportar, y el segundo, la entrada en el mercado de Grandes Compañías Comerciales, tanto chilenas como marroquíes, que con trabajadores contratados con sueldos muy bajos, y al  mismo tiempo que contaban con grandes medios industriales, se dedicaron a arrancar ingentes cantidades de algas, prácticamente en todos los mares de la Tierra.

En la actualidad, las algas productoras se cultivan en muchas zonas, y aunque son «uno de los recursos marinos más abundantes y menos explotados», su producción en España no acaba de despegar.

“La mayoría de los escasos cultivos de macroalgas que tenemos en España, se ubican en rías, o entrantes de la mar como protección y abrigo de los oleajes y otros fenómenos costeros, tal es el caso de e la empresa “Huerta marina”, en las marismas del rio Piedra (Huelva), o la empresa “Porto Muiños” en Cerceda (La Coruña)

‘Huerta marina’ Estanque de algas en el ‘rio Piedra

Pero hasta la fecha, solo se había certificado la actividad de empresas recolectoras y transformadoras de algas marinas, sobre todo de ocle (“gelidium sesquipedale”), pero es la empresa “Algas de Asturias” a la que por primera vez que se certifica un cultivo de macroalgas marinas en Asturias.

Se da la particularidad que este cultivo de algas laminarias ubicado en la costa de Lastres es pionero en España y de los pocos existentes en Europa (tan solo tres o cuatro), en aguas abiertas, sometido al oleaje y régimen de mareas del Mar Cantábrico. La exposición al oleaje del Mar Cantábrico y la cantidad y calidad de los nutrientes de la zona, logran que estas algas se diferencien por su textura a la que se aporta finura y un extra de calidad sensorial. Es el “5” jotas” de los ocles.

Hasta la vista.

Fernando Suárez Cué

Bibliografía:

Antiguos mareantes de Llanes. Antonio Celorio Méndez-Trelles

Enciclopedia General del Mar.

Tertulia “Casa del Mar”. Francisco Carrandi (Paquín “El Roxiu”), Pedro Cote Piñera (Cote “el Patón”), Eutiquiano Díaz Sordo (Tiquiano “la Nutria”) y Ramón Rodríguez (“el Cortalixiu”).

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