…Y en la clave, el retrato del Emperador

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A veces la Historia contada sin ilustraciones, olvida detalles que le dan color y sabor. Este pensamiento me vino a la cabeza mientras empecé a irme por las ramas al intentar enfocar desde otro punto de vista la estancia del Emperador en Llanes, de la cual se ha escrito tan abundantemente, sobre todo basándose en la crónica de Laurent Vital y en el libro de Manuel de Foronda y Aguilera.

Así, me detuve en las elucubraciones sobre el autor del retablo del altar mayor de la Basílica, cuyo nombre Vital no revela, pero que por las pistas de su lugar de origen, Saint-Omer, y su residencia, junto a su mujer y sus hijos, en Burgos, se ha llegado a identificar como el escultor León Picardo. Y continué con las fábulas que al famoso cronista le fueron relatadas en su paseo por la villa, como aquella de ciertos amores de un llanisco con una sirena, que de tiempo en tiempo venía a la Osa a prodigar caricias a su afortunado pretendiente.

Incluso, me interesé por las intrigas contra el Señor de Chévres, que acompañaba en aquel viaje al joven Carlos, sobre el cual ejercía importante influencia. Es más, hasta llegué a reparar en una carta que al parecer desde Llanes, con fecha 27 de septiembre de 1517, escribió el monarca al Cardenal Cisneros, en la que le negaba la entrevista, que éste le había pedido una vez enterado de su venida a España, y le aconsejaba retirase a su diócesis y aguardar del cielo la recompensa a sus merecimientos.

Nada me convencía del todo, hasta que opté por escribir sobre el comportamiento que tendría con los llaniscos el que sería Su Majestad Imperial, que no estuvo a la altura de la gran acogida que ellos le habían dispensado durante los dos días de su estancia en la Villa.

Y cuando ya casi había dejado tranquilo al real personaje, inopinadamente se me presentó, en un articulo de Fernando Carrera, que ni siquiera estaba dedicado a Carlos I, sino a Jovellanos, la siguiente información: “El Emperador contribuyó a las obras que se estaban realizando en la Iglesia parroquial, por lo que su retrato, según el escritor José Saro Rojas, está esculpido en la clave del tercer crucero de la nave central”. Me quedé de “una pieza”.

Y aunque con pocas esperanzas de encontrar tal retrato, pues nunca había leído o escuchado nada al respecto, me faltó tiempo para visitar la Basílica a la búsqueda de la supuesta imagen de aquel monarca dueño del imperio más grande y heterogéneo de Europa, tanto por los idiomas que se hablaban como por la distancia geográfica entre sus territorios.

Una vez allí, con cierta excitación y emoción, contamos esos espacios definidos por la intersección de la nave principal y las trasversales: uno, dos y tres, para seguidamente enfocar, con los prismáticos y el teleobjetivo, la clave de la determinada bóveda, y en ella ante nuestros ojos, tan incrédulos como ilusionados, apareció cincelada lo que sin duda era una cabeza humana, en la que a primer golpe de vista distinguí unos ojos muy marcados, melena recortada, una corona y un collar. Se me puso la carne de gallina. Volví a casa intentando imaginar cómo sería físicamente el Carlos que desembarcó en su nuevo reino, contando con apenas 17 años y no hablando “ni papa” de español.

El resto del día me lo pasé preguntándome: ¿Si no fuera el Emperador? ¿Quién es? Y también dándole vueltas a las distintas descripciones que fui hallando; entre ellas, la muy literaria del humanista Paolo Giovio, que reza: “Tenía un rostro claro y trasparente, los ojos zarcos y suaves… compuestos a una cierta noble honestidad y varonil modestia. La nariz un poco aguileña y la barbilla un poco salida hacia afuera… lo que le quitaba un no sé que de gracia”.

Después, me dediqué a contemplar detenidamente los muchos retratos que se conservan de Carlos I, pero en casi todos me despistaba su pelo corto y su barba densa y rojiza que disimulaba su importante mandíbula, por lo que decidí concentrarme en los que le representaban de joven con melena y sin barba, encontrando cierta similitud con el de la imagen de la Iglesia, el que pintó, en el año 1519, Bernard van Orley, que se exhibe en el museo de Bellas Artes de Budapest.

Pero lo que me acabó de convencer de que pudiera tratarse del retrato de S. M. I., Carlos I de España y Emperador del Sacro Imperio Germánico, fue que la suerte de collar que aparece en la imagen cincelada en nuestra Basílica, y que está presente en todos los cuadros que consulté, no es otro que el Toisón de Oro, tan vinculado a la Casa de Habsburgo.

Maiche Perela Beaumont

Imagen, Valentín Orejas

12 Comentarios

  1. “El que hace, se equivoca, mucho, muchas veces, pero, …
    jamás comete el más grade de los errores: no hacer nada”

    Fernando, querido Maestro, perdona la insolencia del aprendiz deslenguado.

  2. Fernando, no es preciso que estés cara a la pared ni un segundo..A mí también me dio que pensar lo de la corona….Haciéndose preguntas se llega a la verdad…Ahora, gracias a la valiosa aportación de Eugenio, ya se ha disipado la duda de la corona…
    Qué paséis buen domingo.

  3. Por supuesto que Alfonso IX, no tuvo portar el “Toisón de Oro”, y no fue mi idea, ni por un momento el rebatir unos razonamientos que tan bien presentabas, y que tan magníficamente fueron ampliados por Eduardo, basándose en una serie de monedas en las que inclusive aparece el Emperador tocado con la “corona triunfal” o de “laurel”,
    Así que… «como el que presume de decir lo que piensa, es que no piensa lo que dice” … Cara a la pared durante una hora.
    Hay que ver lo que llega a aprender uno con vosotros.
    Otro abrazo y hasta la vista amigos.

  4. Eugenio, muchas gracias por tu valiosa aportación. Creo que el tema de la corona queda solventado con la moneda. Tal parece que el cincelador se basó en ella.
    Otro abrazo.

  5. Fernando, buenos días.
    Muchas gracias por tu comentario. Como he escrito, me he limitado a seguir las pistas que nos dieron Fernando Carrera y Saro Rojas…A mí también me llamó la atención de que en los abundantes retratos del Emperador no apareciera con corona..Si bien, me pongo en el lugar de quién cinceló la imagen que se puede ver en la clave del tercero crucero de la nave central de la Basílica, y se me ocurre que dificíl lo tenía en aquel tiempo para reflejar al retratado..
    En cuanto a que pudierá ser Alfonso IX, creo que es remontarse demasiado….y desde luego el rey que nos concedió el Fuero era imposible que llevara el Toisón….
    Un abrazo.

  6. Querido Eugenio,
    Me hace mucha ilusión que te haya prestado «el redescubrimiento»..En cuanto vengas por la Villa, iremos a buscar la clave del tercer crucero de la nave central de la Basílica.
    Un abrazo muy fuerte.

  7. Como siempre mucho me ha gustado tu escrito, el que he leído con mucha atención, admirada Perela, así como también los de Eugenio, Rostroazul y Lucca, por lo que a partir de ahora veremos esas piedras con otros ojos.
    Pero, cierto es, que cuando se quiere representar a un Rey, o a un Emperador, se le corona como símbolo de su majestad y poder, y en este caso, el autor del relieve, lo hace coronándolo a “lo grande”.
    Ahora bien, movido por la curiosidad, e indagando sobre los tocados usados por Carlos I, me he encontrado que, en todas sus representaciones, nunca lo he visto coronado, sino tocado con vistoso sombrero provisto de grandes plumas y portando el collar con la “Orden del Toisón de Oro”, que si aparece en la imagen que está en nuestra Basílica.

    Creo que la única corona que usó fue la del “Sacro Imperio Romano Germánico” de Carlomagno (que nada tiene que ver con la de la imagen), en el día de su coronación, en 1530 en la ciudad italiana de Bolonia de manos del papa Clemente VII. y se le hacía entrega de su espada junto con las otras insignias imperiales: el anillo, el orbe y el cetro.

    Respecto a la forma de la corona que porta la figura que nos ocupa, es más bien representativa de diversos reyes de la Edad Media que usaban las llamadas, “coronas heráldicas”, muy variadas, pero que eran consideradas como un simple elemento decorativo.
    De todas formas, si no hubiera sido por la presencia en la Villa del Emperador, no hubiera tenido razón de ser esa figura… ¿O tal vez sí?… ¿Alfonso IX, quizás?
    Que apasionante es la Historia, con todas sus ciertas y falsas interpretaciones.
    Un abrazo, y cuidaros mucho amigos.

  8. Lo presente, si no se evidencia, si no se advierte, … está muerto.No existe.

    Maiche, es estupendo que hayas despertado a la piedra que estaba dormida.
    ¿Cuántos habíamos mirado, pero nadie o casi nadie lo había visto?
    ¿Cuántos en Llames eran conscientes de la vigía del flamenco?
    A partir de ahora y, gracias a tu sorpresa, emoción y dedicación, muchos disfrutaremos de tu genial advertencia.

    El que nació flamenco y murió español, a partir de ahora, será más buscado en la clave del tercer crucero de la nave central de la Basílica de Llanes que, y con perdón, el Santísimo en el altar.

    Gracias Maiche.
    Un abrazo

  9. Lucca y Rostroazul, muy buenas tardes.
    Os agradezco mucho a los dos vuestra confianza..Lo cierto es que yo no soy historiadora ni investigadora..Simplemente, en el marco de una indagación para la Cofradía de Pescadores Santa Ana de Llanes, me encontré esa mención de Fernando Carrera sobre una información de Saro Rojas, y fui a la Basílica para comprobarlo, con no muchas esperanzas, pero si con cierta fé en alguien tan meticuloso como fue Saro RoJas. Y al contemplar que en aquel determinado lugar había una cabeza coronada, escribí sobre ello. Antes hice el experimento al revés: ¿Si no es el Emperador? ¿Quién es?
    Lo cierto es que es de pocos personajes históricos de occidente se hicieron tantos retratos en vida como del emperador Carlos V. De su imagen quedaron numerosos testimonios pictóricos y escultóricos desde su adolescencia hasta su retiro en el monasterio de Yuste. La mayoria realizados por destacados artitas de su época, entre ellos el maestro veneciano Tiziano. Así, que no sería extaño que en la Iglesia de Llanes, que estaba en obras durante su visita y para las cuales ayudó materialmente, hubieran cincelado su imagen.
    En todo caso, solo sería un redescubrimiento.

  10. Doña Maiche, buenas tardes,……después de un comentario tan ilustrado y apologético como el Lucca, a uno ya solo le cabe aplaudir……….. a usted por el descubrimiento y a Lucca por el comentario.

    En cualquier caso, quede constancia aquí de mi felicitación, porque yo no necesito confirmación de su relato, pues no se trata de un descubrimiento y una teoría suya; lo cual sí requeriría algún tipo de reconocimiento. Se trata de un redescubrimiento sobre un hecho ya constatado, y buena prueba es que Usted en sus investigaciones encontró el testimonio, la mención y se puso manos a la obra para comprobarlo…..Iba usted en busca del Emperador Carlos y a comprobar el sitio mencionado, y siguiendo su fuente, encontró al Emperador en el lugar indicado, lo que es toda una confirmación de que su fuente era correcta y la información real (nunca mejor dicho)

    A esto hemos de añadirle que el parecido en rasgos y el Toisón no hacen sino verificar el testimonio; en consecuencia, llegados a este punto, podemos decir sin miramientos, sin conjeturas, que la princesa ha encontrado a su emperador, y esto invierte la carga probatoria, quien diga que no es así debe exponer sus razones y probarlas……

    Mientras tanto…..Bienvenido Don Carlos …….Bienhallada Doña Maiche

  11. De confirmarse la teoría, ojalá que así fuera, la parroquial de Llanes, hoy Basílica, habría mantenido en una de las piedras que cierra el arco a uno de los más importantes personajes de la Historia de España. No es poca cosa que durante los últimos 503 años, el rey Carlos I de España y V de Alemania, haya sido testigo mudo de bautizos, primeras comuniones, confirmaciones, bodas, funerales, misas solemnes y las más variadas eucaristías relacionadas con llaniscos y llaniscas. Allí recibió sepultura momentánea Pedro Menéndez de Aviles, el Adelantado de la Florida; hasta allí llegó desde La Herrería el niño Pedro Inguanzo Rivero, futuro Cardenal Inguanzo, con la intención de bautizarse en la villa para disfrutar de los privilegios de hijo pilongo, y en ese lugar ocurrieron los acontecimientos más íntimos, desde el bautismo hasta el funeral, del político llanisco que voló más lejos: José Posda Herrera. Desde lo más alto, contempló el monarca del llamativo mentón los acontecimientos más relevantes que afectaron a los llaniscos en los últimos cinco siglo. Salvando las distancias, el hallazgo guarda paralelismo con otros muchos, como el de la Dama de Elche, ocurrido en 1897. Enhorabuena y confirmar que, a veces, los tesoros se descubren trabajando, no por casualidad.

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