La chusma

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Galera española

Tras consultar, por entretenimiento y curiosidad el magnífico libro “Antiguos mareantes de Llanes”, del historiador D. Antonio Celorio Menéndez-Trelles, y después de leer sobre la historia de tres galeras que fletó la Villa de Llanes (noticia que ya en su día pusimos en duda), provocó mi curiosidad de saber cómo vivía la gente que navegaba en ese tipo de embarcaciones, llegando a lo siguiente:

La “gente de remo” o “chusma” era el conjunto de todos aquellos remeros que embarcaron en las galeras españolas.

El término “chusma”, deriva del término genovés “ciüsma”, que a su vez proviene del griego “keleusma” (“κέλευσμα”), que es el canto acompasado con el que dirigir la boga de los remeros.

Esa  galera a la que pertenecía la “chusma”,  era un barco ligero y veloz, propulsado a remo y ayudado por una gran vela latina, muy maniobrable y con poca artillería que buscaba en el combate el abordaje. Su maniobrabilidad le otorgaba ventajas a la hora de embestir y descargar en tierra tanto bastimentos como hombres, a la vez de poder escapar de otros navíos contra el viento o en momentos de calma atmosférica (“calma chicha”).

Por cierto, cuando la galera embestía con su espolón, la misión de este no era tanto el abrirle una vía de agua, sino el escorarla hasta provocar su vuelco.

No toda la “gente de remo” de una galera, eran iguales ni procedían de los mismos estamentos sociales, siendo en un principio el perfil de hombre de galera era la de un ser hábil y que había llegado allí como último recurso, pero no como esclavo, ni por cuestiones delictivas, como podrían ser robos, asesinatos o violaciones.

El mundo de estos hombres estaba localizado buena parte del año en La Mar, navegando y luchando, posiblemente dos de las actividades más duras de esos tiempos, ya que, en los enfrentamientos navales, prácticamente toda la tripulación intervenía en el conflicto, inclusive también la chusma o hasta el médico de la galera, muchas veces.

La chusma en batalla

Esta gente de remo o chusma estaba compuesta por distintas tipologías de hombres que lo normal era cubrir los 25 bancos por costado con que contaban las galeras medianas, y tirados por ciento cincuenta hombres y diez de reserva para cuando algunos caían enfermos o eran heridos.

Al comenzar el siglo XVI las galeras “bogaban a tercerol”. En este tipo de boga, que en catalán se denominaba a “tres tires”, los tres remeros de cada banco manejaban un remo cada uno, de desigual tamaño, asegurados a su respectivo escálamo. Es posible que esta boga fuese inicialmente con dos remeros y dos remos por banco (a “dues tires”) en el siglo XIV, pero en la segunda mitad de ese siglo, las galeras ya se armaban a “tercerol”.

Los tres remos de cada banco eran de diferente tamaño y de distinta longitud para ajustarse a la regla práctica de que la parte del remo de la “postiza” hacia dentro debía ser un tercio de la longitud total, mientras que de la “postiza” al final de la pala del remo medía dos tercios. Esta norma empírica, unida a otra que recomendaba que el remo debía formar, cuando entraba en el agua, el menor ángulo con la superficie del agua, eran dos importantes pautas que condicionaban el diseño de la galera, concretamente en la relación de la distancia de la crujía a la postiza y en la del trancanil a la línea del agua, de manera que se sacase el mejor rendimiento al esfuerzo de la chusma.

Comitre

Como ya hemos dicho, esta gente de remo o chusma estaba compuesta por distintas tipologías de hombres, a saber:

  • Galeotes: También llamados “forzados” (“forzados a galeras”), eran hombres que preferían el remo como alternativa a su ingreso en prisión, así como la condena para los corsarios ingleses presos.
  • Esclavos: Sobre todo, eran los turcos y berberiscos apresados en campañas militares anteriores.
  • Buenas boyas: Se denominaba con este apelativo, a aquellos remeros, bien voluntarios o reenganchados al servicio después de haber concluido su pena de galeras, y que ahora recibían una paga por lo que antes era su condena.

Los “buenas boyas” eran, como ya hemos dicho, remeros a sueldo, y aunque el oficio de” buena boya” no era considerado deshonroso en siglos anteriores, más bien todo lo contrario, con la llegada del “galeote” y del “esclavo al remo” este trabajo se convirtió en uno de los peores y más viles posibles, ya que pocos eran los que se alistaban en los buques para remar junto a galeotes y esclavos, y los que lo hicieron fue por pura necesidad vital.

La primera correspondía a los “buenas boyas de bandera”, hombres libres con graves problemas económicos que procedían de entornos sociales bajos. Solían ser gentes provenientes de las costas mediterráneas, contratados normalmente por una campaña. Cobraban un sueldo y eran voluntarios que debían quedar libres cuando su tarea terminaba, cosa que no siempre ocurría.

Galera ‘ordinaria’ o ‘sutil’

El segundo tipo fueron los “buenas boyas galeotes”, que eran galeotes que habían terminado su pena y les obligaban a mantenerse en la galera, casi siempre a los remos, como hombres “libres” con paga. Esta obligación de mantenerse en la galera fue muy criticada pero las disposiciones legales que se dieron para evitarla no sirvieron prácticamente para nada.

En la época de la mal denominada “Armada Invencible”, ya que su nombre era el la “Grande y Felicísima Armada” o la “Gran Armada, y bajo el mandato de Don Álvaro de Bazán, la mayor parte de los remeros fueron buenas boyas.

¿Cómo se reclutaba?

Más del 90% de la chusma estuvo casi siempre compuesta por forzados o esclavos. La mayor parte de los galeotes eran ladrones, traidores, salteadores, blasfemos o asesinos. Sin embargo, el aumento de condenas a galeras por delitos menos graves provocó que también hubiera personas con pequeños deslices legales, desde escritores, zapateros o científicos hasta leñadores y agricultores.

El camino de la cárcel a los puertos de destino era un camino duro en el que algunos solían escaparse o morir por las duras condiciones del traslado. Además, no todos los que llegaban eran útiles para el remo, por lo que algunos eran devueltos a la cárcel por su inutilidad manifiesta.

Lo que parece fuera de toda duda es que más allá del contenido aleccionador y expiatorio, la pena de galeras fue un arma básica contra la falta de remeros en las galeras españolas, y una fuente de ingresos para las personas encargadas de su traslado.

Las causas del vertiginoso descenso de remeros profesionales se dieron como consecuencia directa de la progresiva introducción de “reos” y “esclavos en la boga”, algo indispensable por el aumento de los conflictos navales y de la flota, así como por el endurecimiento de las condenas.

La escasez de “buenas boyas”, es decir de remeros voluntarios, hizo que en ocasiones la corona se las ingeniase para reclutar remeros mediante formas poco ortodoxas. El “juego de la moneda de oro” era una de ellas, pues con solo apuntar su nombre y firmar un papel, los concursantes entraban en el sorteo de una moneda de oro, pero también firmaban (casi de manera oculta y por engaño al ser la mayoría analfabetos), un contrato de diez años para remar en las galeras. Me es imposible imaginarme lo que tendrían que ser diez años “en galeras”.

Don Miguel de Cervantes, en su obra “Los trabajos de Persiles y Segismunda” también describe un método similar, aunque esta vez por la cantidad de veinte ducados (750 € aproximadamente).

Remeros de galeras

En el libro de Jerónimo de Alcalá Yáñez, más conocido como el “Doctor Alcalá”, dice que la vida del galeote… “es propia vida de infierno, y no hay diferencia de una a otra, sino que la una es temporal y la otra es eterna”.

Evidentemente, nadie asió los remos por patriotismo ni por placer; solamente la extrema necesidad o la obligación por culpa, provocó que estos hombres realizasen una de las tareas más extenuantes y peligrosas de su época.

¡Hasta la vista!

Fernando Suárez Cué

 

Bibliografía:

Antiguos mareantes de Llanes – Antonio Celorio Méndez-Trelles

Historia Marítima del Mundo.

Historia Naval de España.

Enciclopedia General del Mar

2 Comentarios

  1. Admirado Rostroazul, me has dejado sin palabras, tan solo con las tuyas, por lo que me siento obligado, en mi próximo escrito el intentar aclarar, aunque sea un poquitín, como eran esos cantos o sonidos que te han llamado la atención, y que servían para unificar el trabajo de aquellos forzados.
    Gracias por tus palabras, y hasta la vista amigo, con la completa seguridad, de que en cuanto yo aparezca de nuevo por la Villa, te amenazo con el que vamos a ir a verte, “pongasti como ti pongas”, los que ya sabes que estamos haciendo equilibrios sobre esa línea, totalmente sincera, que une el aprecio con la admiración. Un fuerte abrazo.

  2. Amigo Fernando: Impresionante……..Magnífico…Colosal…..no tengo palabras para calificar tan perfecto e ilustrativo trabajo, con una concreción digna de encomio. Me ha quedado perfectamente claro el manejo y el sentir de la Galera. Algo que siempre me costó entender.

    El episodio mejor descrito en imagenes del funcionamiento de una galera, lo tenemos en la película Behn-Hur de Charlon Heston, donde aprendí como acompasaban el remo con los sonidos.

    Te felicito por tu trabajo

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