Las risas del virus

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Difícil es ahora mismo escribir sobre algo que no tenga relación con el tema actual, con el que nos inquieta y atemoriza, y con el que nos vemos obligados a convivir. Cualquier conversación, sea con familiares, amigos o vecinos acaba girando en torno al mismo asunto: el coronavirus. Me temo que quienes se libren. o nos libremos, de él quedaremos afectados  de otros males que no tardaremos en ver.

¿Peores? No lo sé; el tiempo lo dirá. Pero nada bueno será cuando la tristeza, la depresión y el miedo nos hayan invadido, si no lo han hecho ya. ¿Podremos soportarlo? Me temo que no.

Sin embargo, a pesar de lo trágico de la situación y del inmenso dolor que causa pensar en las decenas de miles de fallecidos como consecuencia de la pandemia, creo que siempre será mejor llevarlo con alegría y esperanza que con lágrimas. y mejor sonreír ante lo inevitable que amargarse pensando en lo peor.

Me comentaba hace unos días un amigo que en alguna parte había leído que el virus tenía la capacidad de reír, que estaba seguro de ello y se moría de risa cuando escuchaba hablar a ese «comité de expertos» formado por dos señores que nos mentían una y otra vez. Imagínense ustedes la risa del «bichito» cuando escuchaba a estos «sabios» decir que «no había problema», «que aquí no llegaría» y que «las mascarillas no eran de ninguna utilidad… Y no digamos cuando  otro decía eso de «hemos vencido al virus»: frases que pasarán a la historia y nunca olvidaremos, no, no hemos vencido al virus. Lo único que  hemos podido hacer es intentar que no nos coja, y para ello se ha recurrido a lo más sencillo y primitivo: al confinamiento y al sálvese quien pueda.

La naturaleza se ha enfadado y nos ha enviado este aviso contundente y trágico para que no olvidemos que es más fuerte que nosotros. No dejo de pensar en las palabras de mi amigo respecto a la risa del virus. La situación no es para reír, pero si el virus se carcajea de los entendidos, de sus conocimientos, «expertitud» y  palabrería hueca, y de las mentiras, la prepotencia y estupidez humana es posible que deje de castigarnos y no nos contagie sino sus risas.

Quiero soñar despierto (a veces sirve de ayuda) y creer que va a ser así. De lo contrario no nos queda otra que seguir sufriendo esta pesadilla interminable. Así que mejor es hacernos amigos del virus y reír con él. Tal vez de este modo se apiade de nosotros y se calme.

Ya conocen el refrán: «Si no puedes con tu enemigo, únete a él».

                             José Manuel Carrera Elvira

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