El cangrejo corredor

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Cangrejo corredor alimentándose de algas.

Los cangrejos son los crustáceos más populares de este planeta, ya sea por su divertida forma de caminar de lado, por sus curiosas pinzas, o por su manifiesta agilidad, más que demostrada en uno de los más conocidos y simpáticos de todos ellos (por lo menos para mí), el llamado “cangrejo corredor” o “zapatero” (“Pachygrapsus marmoratus”), al que habéis visto miles de veces en nuestra costa, tanto en la más dura y batida de las lastras, en las grietas de nuestros muelles, o en la protegida tranquilidad del pozu “Los Ballones”.

Mucho más lista y rápida que el resto de los cámbaros, a esta simpática y familiar especie  de crustáceo decápodo, es a la que nosotros conocemos como “mulata”.

Mulata

De caparazón, trapezoidal, de entre 22 a 36 milímetros de longitud, puede ser de color verde oliva o pardo claro. Está decorado por estrías de color verde claro o amarillo. Los ojos sobresalen ligeramente del cuerpo. Las pinzas son ligeramente desiguales (la más fina para cortar, y la más gruesa para romper), siendo más grandes en el macho que en la hembra, y sus patas, repartidas en cuatro pares, están provistas de pelos y adaptadas a correr y trepar, pero no para nadar.

También conocida en otras zonas del Cantábrico como “maragata” o “sapa”, la “mulata”, como hemos dicho, habita en la zona rompiente de acantilados y costas rocosas. No suele habitar a más de dos metros de profundidad, moviéndose con una cierta lentitud, pero al salir del agua es capaz de desplazarse a gran velocidad sobre la lastra, dando saltos de cierta longitud si le es necesario

Zoea de mulata

También se le puede encontrar en puertos, escondida en las junturas entre los bloques, y en prácticamente todos los hábitos marinos, como escolleras, playas y marismas, ya que tiene una gran resistencia a permanecer fuera del agua.

Esta variedad de hábitats se debe a que es omnívora, pero de hábito sumamente carroñero, pero, aunque se alimenta principalmente de materia orgánica procedente de animales o plantas muertas, tanto marinas como fluviales, tampoco le “hace ascos”, a pequeños crustáceos, gusanos o alevines de peces, cuando consigue apresarlos.

La época de reproducción varía según el lugar donde habita. En nuestras costas se reproducen en mayo, siendo sus larvas del tipo “zoea” (se caracterizan por su capacidad natatoria), como las larvas de la mayoría de los decápodos. Las hembras se vuelven fértiles a los dos años y normalmente viven de tres a cuatro años.

Estas hembras son capaces de poner hasta los 100.000 huevos por camada, y para su apareamiento con el fin de fecundarlos, las mulatas, como cangrejos que son, generalmente se colocan de frente, juntando los vientres.

‘Zapatero’ (Pachygrapsus marmoratus)

Los machos y las hembras no poseen el órgano reproductor en el mismo sitio por lo que el acople puede resultar un tanto complicado. Las hembras tienen el orificio sexual debajo de su tercer par de patas, pero en los machos este aparece en las patas posteriores de locomoción, y para complicar más el asunto hay también cangrejos hermafroditas, y que en el momento del apareamiento puede causar una cierta “descolocación”, en su pareja, con el añadido, al parecer, de que hay “mulatas” que pueden cambiar de sexo al ir envejeciendo.

En el caso de algunas especies marinas, las hembras están receptivas tras haber realizado la muda de su caparazón, porque el exoesqueleto se mantiene blando, facilitando de esta manera el intercambio de fluidos, teniendo además la capacidad de almacenar el esperma durante largo tiempo antes de usarlo para fertilizar sus huevos, cuando las situaciones ambientales, como la temperatura o la alimentación, son favorables.

Para localizar su alimento, las mulatas, que no son nada quisquillosas para comer, sobre todo sí son materiales en descomposición, cuentan con un sentido altamente desarrollado, y es el del “olfato”, que les permite detectar las substancias químicas que en el agua liberan sus presas.  Este olfato es debido a unos quimiorreceptores que están ubicados en sus antenas, cerca de sus ojos, y que les permite sentir su entorno, y les ayudan a moverse rápidamente hacia sus presas para su captura.

Cámbaru devorando carroña

Una mulata puede «saborear» su comida, usando pelos en sus partes bucales, tenazas e incluso en sus patas.

Basándose en ese desarrollado sentido, es lo que permite la pesca de la mulata, como la de los cámbaros, andaricas, centollos o langostas, por medio de jaulas o nansas cebadas con una variedad de productos, para nosotros malolientes, que puede incluir cuellos de pollo, cabezas o colas de bonitos, otros trozos de pescados, o piezas enteras como chicharros, xardas, sardinas, o anguilas, además de toda otra variedad de cebos que se le puedan ocurrir al pescador.

Cuando el cebo cuelga dentro de la cesta, los químicos “olorosos” se diluyen en el agua, y fluyen hacia la Mar, atrayendo así a todos los crustáceos hambrientos (siempre lo están), que haya por los alrededores.

Sin interés económico y nula importancia comercial, la mulata si es en cambio, una presa codiciada y muy perseguida en el marisqueo de ocio veraniego y como carnada para la pesca deportiva.

Cerco para mulatas

Y ahora a lo nuestro.

Recuerdo aquellas jornadas, en las que iba con Ángel Batalla García (hoy día digno Patrón Mayor de la Cofradía de Pescadores), a la “Playa del Sable” en “Tina Menor” (Cantabria), en la desembocadura del rio Nansa (hay quien la denomina “Ría de Bustio”), a coger mulatas para carnada.

El sistema y proceso era muy original y bien pensado, pero como me ha comentado Jose Mª del Rosal Rodríguez (Pepín “Colilla”), …” Muchas palizas me di con ese negocio”.

El sistema consistía en escoger un lugar donde el pedrero de cantos rodados fuera lo más grande posible. A continuación, se empezaban a retirar las piedras hacia el exterior formando un círculo, pero en cuyo centro se dejaban las piedras sin tocar, con el fin de que, bajo ellas, se pudieran refugiar todas las mulatas que quedaran al descubierto al retirar las piedras circundantes.

Después se iban retirando las piedras del montículo central, recogiendo las mulatas que iban apareciendo, cosa nada fácil, pues son sumamente rápidas y escurridizas.

Metidas en un caldero, se guardaban, procurando guardarlas vivas el mayor tiempo posible, hasta llegada la hora de usarlas como carnada,

Después, ya en la Mar y con las mulatas vivas, se iban encarnando los anzuelos del palangre, según iba saliendo por la popa de la lancha.

Con ellas se encarnaban los anzuelos de dos de los palangres más corrientes, el de lubinas y el de “xáragos”, los denominados palangres de superficie (un arte de pesca pasivo).

Palangre de superficie para lubinas

La verdad, como dijo nuestro buen amigo, Pepín “el Colilla”, estas recogidas de “mulatas”, te daban una buena paliza, y de eso puedo dar buena fe, pues después de la “cacería” llegabas a casa hecho unos zorros, mojado, con las manos hechas polvo y llenas de mataduras, y con arena hasta en sitios que ni te imaginabas como pudo llegar allí.

Menos mal que esta recolección ya no se lleva a cabo, debido a la aparición masiva de los “patelos”, unos cangrejos nadadores que los encuentras en Mar abierta, que han proliferado a “barullu”, y que son buenos para encarnar.

Pero esa es otra historia de la que ya hablaremos.

Buena Mar y hasta la vista.

Fernando Suárez Cué

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