Un espía ribadedense en la Guerra de la Independencia

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Volvemos nuevamente a la vetusta, fuerte, tosca y severa Torre de Noriega que, desde lo alto y al pie de la  Sierra del Cuera, domina el Valle Oscuro y el Mar Cantábrico; pero esta vez no para relatar alguna de esas leyendas que le vienen acompañando, sino para recordar a alguien de familia hidalga, antiguo abolengo y nada despreciable patrimonio, que en ella nació y se distinguió en la guerra de la Independencia.

Nos referimos a Ramón Noriega García, que tras recibir una esmerada educación abandonó la Casa-Torre para seguir la carrera militar.

Estando en su naturaleza ir allí donde más próximo era el peligro, se decidió por Canarias, entonces amenazada por las escuadras inglesas. Debido a que por sus condiciones no podía permanecer mucho tiempo en el anonimato, enseguida se le nombró alférez.

Era finales de mayo de 1808 cuando llegó al archipiélago la noticia del levantamiento de Madrid y del encarnecido combate sostenido en sus calles el día 2, por lo que el ribadedense optó por contribuir a arrojar más allá de las fronteras a quienes tan deslealmente las habían franqueado.

Así, al mando de “los Húsares Francos de Extramadura” participó en la batalla de Bailén, recibiendo por su memorable actuación el grado de capitán.

Al destacar por su sangre fría, valor y conocimientos militares, se le encomendaron labores de espionaje, en las que,valiéndose de diferentes disfraces, entraba en las poblaciones invadidas para informarse de la situación, fuerza, número y nombres de los generales enemigos. Tantas veces corrió  peligro que los franceses comenzaron a sospechar, salvándose más de una vez, gracias a su ingenio, de ser descubierto. Los servicios de espionaje no le dispensaron de seguir participando en batallas, como la Batalla de Talavera de la Reina a los órdenes del general Cuesta y Lord Wellington, en la cual fue herido en la cabeza y ambas piernas y dado por muerto. Recogido y curado, volvió a ejercer de espía, acabando por ser hecho prisionero, conducido a Sevilla y encarcelado en el cuartel de Pumarejos.

Las noticias que del valiente capitán tenían quienes le apresaron, llevaron al General Soult, jefe de las fuerzas francesas en Sevilla, a hacer a Noriega toda clase de ofrecimientos para que desertara de su bandera y siguiera la del rey napoleónico. Ni los halagos, ni las amenazas del francés movieron el temple de ánimo de Noriega, al cual se le incluyó en un traslado para poblar las cárceles francesas. Al pasar por Carmona, nuestro protagonista, echando mano a sus argucias, logró burlar la vigilancia y se encontró libre para empuñar de nuevo las armas. En octubre de 1810, a resultas de uno de aquellos actos de arrojo que le caracterizaban, vuelve a ser prendido y llevado a la cárcel de Zafra. Allí, es reconocido y comparece en un Consejo de Guerra que le condena a ser fusilado en el plazo de 24 horas, siendo puesto en capilla inmediatamente.

La noticia de aquella sentencia corrió por Sevilla entre el estupor y la ira de los habitantes, que nombraron comisiones para interceder por él, hicieron rogativas y oraciones. Mucho debieron pesar en el ánimo del general Soult los movimientos de opinión en contra de la resolución del Consejo de Guerra, además del temple de Noriega, que ni demandaba gracia ni mostraba temor, que decretó la suspensión del fallo.

Mientras permaneció preso su preocupación constante fue la cobardía de las autoridades españolas y no cesó de exhortar a sus compañeros a evadirse para volver a las filas del ejercito español, y no solo se limitaba a darles consejos sino que les trazaba planes.

En agosto de 1812, fecha en la que los franceses evacuaron Sevilla y abandonaron a la mayoría de prisioneros, nuestro valeroso comandante de “Húsares de Extremadura” fue trasportado a Francia, en compañía de otros oficiales y con una fuerte escolta. Ya casi en la frontera, Noriega volvió a burlar la vigilancia, y todavía llegó a tiempo para participar en la última campaña, la batalla de San Marcial.

Acabada la guerra se retiró a su Casa-Torre de Noriega, se casó y tuvo   cinco hijos, de los cuales solo una hija, María, continuó habitando hasta su fallecimiento en la legendaria Torre.

Fuente, “El Oriente de Asturias”

Maiche Perela Beaumont

Imágenes, Valentín Orejas y “El Oriente de Asturias”

2 Comentarios

  1. Muy buenos diás, Rostroazul.

    Me alegra mucho que le haya gustado la colaboración del espía ribadedense..En cuanto a la posiblidad de editar otro libro..no lo veo en un futuro a corto plazo…Pero en el caso que lo hiciera…contaría con usted para el prólogo y para que participara en la presentación…

    A mí también me ha sorprendido la conmutación de la pena a Noriega y a esa velocidad…Pero así lo recogen las fuentes a las que he accedido.. De lo que no me cabe duda es de que el general Soult admiraba a nuestro valiente militar.

    Me sorprende la casualidad respecto a la carcel de Zafra..A veces tal parece que las historias se entralazan en el tiempo.

    Gracias y qué disfrute del día.

  2. Doña Maiche: Buenas tardes nos de Dios. Me ha parecido fascinante la historia de Ramón Noriega. Esta faceta biográfica suya sacando de las fuentes mas variadas historias de Llanisco eminentes, se hace acreedora a un libro recopilatorio, que yo me comprometo desde esta humilde tribuna de comentarista, a acompañar en su presentación si llegara el caso. Es más si usted lo decide así, participaría de buen grado en su edición.

    El caso de este enjuto personaje con aspecto de mosquetero del Rey y semblante a los George Amstrong Custer, me ha dejado muchas incognitas. Si hay algo que no pongo en tela de juicio es su arrojo y valentía, porque el engaño en ese aspecto no lo resiste el algodón de la historia. Los cobardes no pasan el filtro de los héroes. Sin embargo, yo que me conozco esa zona de extremadura como mi Asturias del alma, me sorprende que al general Soult le pudiera la presión popular en Sevilla; para salvar de la muerte a un enemigo cualificado, que estaba nada menos que en Zafra, a casi 150 km . La manera de salvar el pellejo o dar el esquinazo a los franceses en dos ocasiones, si como dice usted, se le envidiaban sus dotes; entiendo que se debió a los pactos secretos de ambos bandos en el intercambio de prisioneros, utilizando el método de la vista gorda.

    Me ha llamado la atención lo de la carcel de Zafra donde estuvo Noriega. Por la época no pudo ser otra que la del edificio consistorial, que cerraba lo que entonces era el centro de la villa….La plaza Chica y que tenía en sus sótanos una estupenda carcel con pequeñas ventanas soterradas por el rasero del suelo con fuertes barrotes. Posteriormente al crecer Zafra, la ciudad pivotó hacia la plaza Grande y el edificio antiguo fue convertido en juzgados, precisamente porque ya tenían la carcel debajo, facilitando las detenciones y condenas.

    Cuando yo viví en Zafra en el 89 por razones profesionales, la carcel se había centralizado en Badajoz y el local donde estuvo Noriega, convertido en deposito judicial, que yo visité varias veces. Alli había de todo de los últimos 100 años de la vida judicial de un partido tan extenso como Zafra, todas las piezas de convicción incautadas por los delitos cometidos…. fusiles, sables, cuchillos, ropa, sillas de montar a caballo, y por supuesto se mantenían las puertas y los grilletes del antiguo presidio. Luego concluyo que alli estuvo Ramón Noriega, quien me lo hubiera dicho entonces.

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