A nadie le amarga un dulce

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Otro patrimonio de Llanes son sus excelentes confiterías, que hacen muy difícil no sucumbir ante sus escaparates. La tradición de comercios dedicados a la repostería viene de lejos, a las pastelerías actuales, que contribuyen al buen nombre de Llanes, Ortegal, Vega, El Fito, Loyma, Guirlache y Delicias de Llanes, se une el recuerdo de las que ya han desaparecido, pero que nos dejaron el recuerdo de olores y sabores dulces de toda la vida.

Entre aquellas confiterías, de las que mi abuela decía que no desmerecían de las de ninguna capital, estaba la de Bengoa, que fundó Eladio Bengoa, de origen vasco, que se había casado con la llanisca Conchita Nachón. Este singular personaje, junto con León Montalbán, propició la construcción del Teatro Benavente en agosto de 1924. Sus pasteles, que vendía tanto en Llanes como en Posada, donde tenía sucursal, eran famosos en toda Asturias. Además, todas las Navidades exhibía en su escaparate un descomunal dragón, práctica que se conserva y con gran éxito. En el año 1950, se hizo cargo del negocio José Vega, y al poco tiempo se lo traspasó a sus sobrinos Carmina Ampudia y Pepé Pérez. En la actualidad, es regentado por Maribel Ampudia.

Muy cerca, pero en la otra acera, donde estuvo Banesto y hoy El Dintel, se encontraba la confitería Auseva, considerada como una de las más elegantes y mejor instalada del norte de España. Eran famosos, además de sus pasteles, las pastas, las magdalenas y el helado Peñasanta, una creación y especialidad de la Casa. Se inauguró en 1929 por Francisco Menéndez Nachón, maestro confitero y persona de extraordinaria bondad, que había nacido en Pola de Siero y vino a Llanes a trabajar en este ramo. Antes de “El Auseva”, y una vez que consiguió independizarse inauguró la Confitería Pachín, y luego se trasladó con su familia para regentar durante unos años el hotel Pelayo de Covadonga.

Unos metros más arriba, en la calle del Castillo, donde se encuentra la tienda May, en 1920, la viuda de Parás, Filomena Peláez y sus tres hijas Manuela, Filo y Anita abrieron otra confitería de postín. Filomena también ejercía como comadrona y regentaba el merendero de la Portilla, donde servia un delicioso chocolate con leche o agua de la fuente del Cuartamentero con suspiros o rosquillas. La confitería anunciaba bocadillos, chocolates, bombones, helados, mantecados y surtido de regalos, y los jueves y domingos ofrecía pasteles de salmón y medias lunas. En dicho establecimiento, como en muchos de la villa, tenía su sede una tertulia en la que predominaban los golosos, entre ellos Wences Junco y los hermanos Vega Escandón.

Corriendo el año 1905, el celoriano Abelardo Sánchez Martínez, junto a su esposa Magdalena, abrió la confitería Esperanza, situada en el local que hoy ocupa la Joyería Cuende, hasta que el año 1910 se trasladó a su último emplazamiento, al lado del café Pinín. En 1924, se incorporó al negocio su hijo Ricardo, que sería su titular, juntamente con su esposa, hasta 1984, en que les sucedió su hijo Gustavo. Sentía Abelardo orgullo de haber sido el creador de la crema pastelera.

En la misma, que casi logró ser centenaria, ya que cerró sus puertas el 18 de junio de 2002, fueron muy apreciados los turrones, pasteles de coco, tartas de almendra, los insuperables roscones de Reyes y los caramelos de malvavisco, con simpáticas rimas en los envoltorios como ésta que rezaba: “En vida boca y dulzura/tendrá por la eternidad/comprando en Casa Abelardo/turrones por Navidad”.

No nos queremos dejar en el tintero otras confiterías, también desaparecidas, como la Noga, frente al Paseo de Posada Herrera, atendida por Serafina Quiroga y su hija Josefina, con sus especialidades en tartas heladas y helados Camy. Asimismo, Macram, en la Avda. de México, de la familia Rugarcía-Amieva, famosa por sus mantecados y sobaos. La confitería “Elsa”, de Agustín Rozas, primero en la calle La Estación, y luego en la Avda. de las Escuelas. Y, desde luego, la que regentaba Eugenio Sánchez Menéndez, de todos conocido como Genín, muy espléndido y querido, que emigró a Venezuela, donde se dedicó a la repostería, volviendo a Llanes para hacernos disfrutar, entre otras delicias, de unos inolvidables suizos.

Fuente, “El Oriente de Asturias”

Maiche Perela Beaumont

Imágenes, Valentín Orejas y “El Oriente de Asturias”

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