Viaje de Carlos V: De Flesinga a Tazones

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Retrato del joven Carlos I de España, posterior a 1515 por Bernard van Orley

Carlos, el que recibiría la mayor herencia de toda la Historia, estaba aburrido e intranquilo.

Así estaba el que heredaría el patrimonio borgoñón y el Archiducado de Austria, con derecho al trono del “Sacro Imperio Romano Germánico”, oficialmente conocido como “Emperador de los Romanos” (“Imperator Romanorum”), por ser nieto, por vía paterna de Maximiliano I de Habsburgo y María de Borgoña, con el nombre de Carlos V de Alemania, era así mismo, el heredero de las tres coronas españolas, la de Castilla, la de Navarra y la de Aragón (que comprendía los reinos de: Nápoles, Sicilia, Cerdeña, Valencia, Mallorca, Aragón, y el Condado de Barcelona), las tierras en el continente americano, así como las posesiones de la Indias Orientales (comprendían todo el Sudeste y Sur de Asia, desde Indonesia a la región del Indostán), y la Indias Occidentales (las islas del Caribe denominadas Antillas y Bahamas), por ser nieto, por vía materna, de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, con el nombre de Carlos I de España.

Como decimos, estaba nervioso y aburrido, pues llevaba ya cerca de tres meses en la ciudad de Middelburg, en la Isla de Walcheren, capital de la provincia de Zelanda (Países Bajos), a la espera de zarpar rumbo a España, desde el puerto de la cercana ciudad de Flesinga, para conocer y hacerse cargo de sus nuevas posesiones y del pueblo que las habitaba.

Probable caracterización del ‘Engelen’

La magnífica flota que le acompañaría estaba formada por 40 naves, preparadas para trasladar a todo su séquito con sus enseres. Según el investigador Javier López Martín, el rey de Dinamarca, Cristian II (casado con Isabel de Austria, hija de Juana I de Castilla y nieta del emperador Maximiliano I), cedió la embarcación “Engelen” (“La Ángela”), un elegante buque de 1.500 toneladas, 35 metros de eslora y 13 de manga, fino de proa, de tres puentes, cuatro palos y fuertemente armado, para uso del futuro monarca, llamando la atención de propios y extraños sus velas profusamente decoradas con imágenes religiosas de Cristo Crucificado, la Virgen y otros santos, de los a menudo invocados por los marinos. Incluia así mismo las columnas de Hércules y el “Plus Ultra”.

A este buque, Laurent Vital, un cortesano con el cargo de ayudante de cámara del monarca, y narrador oficial por ser testigo presencial, lo cita dos veces, la primera cuando embarrancó en los someros fondos arenosos mientras acudía al encuentro de la flota cerca de Flesinga antes de partir hacia España, hecho que afortunadamente se produjo durante la bajamar, lo que le permitió salir a flote de nuevo durante la pleamar, y describiéndolo como… “El principal barco de toda la armada y en el cual se fiaba más para el caso de sobrevivir algún suceso, pues pocos barcos iban por la mar a los que éste no hubiese osado encontrar y al choque echarlos al fondo. También a simple vista se veía que era el mejor equipado y guarnecido, tanto de gente de guerra como de artillería y demás municiones que sirven a guerrear por mar, y también era muy bueno a la vela a causa de que era largo y no ancho de proa”.

La segunda vez se refiere a él como “el gran barco”, y aunque perteneció a la flota del monarca, no lo reconoce como la nao real donde embarcó Carlos I ni siquiera la nave que comandaba el almirante de la flota.

Navíos en una tormenta de Wou, Claes Claesz (Museo Nacional del Prado)

Sin embargo, Laurent Vital, el que, como hemos dicho, se supone testigo de toda esta apasionante historia, en su relato tampoco hace referencia al nombre que tenía la nao de Carlos, únicamente indica que se encontraba al mando del capitán Juan Termonde, “Maestre de artillería”, y hombre de confianza de la familia real, pues ya había acompañado al padre del monarca, Felipe el Hermoso, en su último viaje a España desde Flandes.

No debemos olvidar, que en esa zona las aguas alborotadas por los temporales pasan de los 4.750 m. de profundidad que tiene el mar Cantábrico, a los 174 m. del Canal de la Mancha, por lo que el comportamiento de las olas y las mareas pueden ser imprevisiblemente extremas.

Los datos más conocidos, son los facilitados por los relatos de Laurent Vital que nos describe la larga espera antes de partir… “Finalmente, tanto y tan largo tiempo estuvo este noble príncipe en Zelanda, que se había entrado mucho en el otoño, en el que los días son cortos y fríos y las noches largas, y tan mal sucedió que durante las doce semanas que allí estuvo el Rey no hubo buen tiempo, propicio para hacer el viaje, que continuase dos días enteros, por lo cual el Rey tenía gran pesar, pues temía que, por su dilación, se forjase algo en Castilla en perjuicio suyo, cosa que, haciendo su viaje, esperaba enderezar”.

Afortunadamente, las condiciones meteorológicas mejoraron y domingo 6 de septiembre de 1517, se aclaró el tiempo, presentando un semblante mucho más bonancible al rolar el viento del ONO, por lo cual los pilotos, viendo que el aire estaba claro y la noche llena de estrellas que titilaban alegremente, decidieron zarpar en la esperanza de que el viento se entablaría en ese rumbo, permitiendo finalmente que  el príncipe Carlos, acompañado de su hermana la infanta Leonor embarcara en Flesinga el lunes 7 de septiembre de 1517 por la noche, durmiendo en el barco y zarpando al día siguiente, martes 8 de septiembre a las 5 de la mañana, con rumbo a Santander, con intención de realizar el viaje sin escalas, emprendió el peligroso viaje por mar hacia España para tomar posesión de sus reinos.

Aunque el viaje no comenzó con buena fortuna, ya que nada más zarpar, y durante la primera noche de travesía, ya fuera debido al mal funcionamiento de la cocina de a bordo, o por la negligencia de sus servidores, se propició un terrible incendio, que acabó con la total destrucción un navío de transporte y la muerte de los 165 animales que portaba en las caballerizas.

Imaginaria derrota de la escuadra de Carlos I, de Flesinga a Tazones (1517)

Al cabo de tres días de navegación, el jueves 10 ya habían atravesado el Canal de La Mancha y se encontraban, “en los mares de España, a 50 leguas (130,5 millas náuticas) de la costa, con viento favorable “por lo que esperaban llegar frente a las costas españolas en un par de días, pero según Vital.. “antes de que pasase la noche, el viento cambió y se puso tan contrario que no podía ser peor para abordar en Castilla, pues era más propio para retroceder cien leguas que para adelantar una, por lo que no se podía avanzar a la vela ni de otro modo”. Evidentemente se encontraban en el preludio de un gran temporal atlántico, probablemente con fuertes vientos del SO, que frente a la costa de Llanes, podría haber sido una galerna proporciones más que considerables.

Como ya sabemos cómo las gasta nuestra Mar, no nos debe extrañar, que teniendo previsto arribar a Santander, sucesivos temporales atlánticos del NO, pusieran en peligro la vida del monarca y la de sus acompañantes, situación que obligó a Juan Termonde y resto de capitanes a desviar el rumbo de tan imponente flota, hasta que al fin descubrieron, en la madrugada del sábado 19 de setiembre de 1517, duodécimo del viaje, que se hallaban a pique del pueblín pesquero de Tazones, junto a Villaviciosa, frente a las costas y montañas de Asturias.

Esta situación que era más que evidente, por supuesto, propició el descontento entre ellos a juzgar por su actitud y maneras, y ya  entonces, sobre las 6 de la tarde, tenían perfecto conocimiento de su error y descarrío, encontrándose capitanes y pilotos totalmente avergonzados y afligidos, puesto que la tarde anterior habían afirmado estar ante las costas de Vizcaya, que se encuentran a cuarenta leguas (120 millas), de distancia unas de otras, llevando a su nuevo rey y señor, desde tan lejos a un erróneo destino, máxime cuando con aquel viento no podían volver a recuperar su inicial ruta. Un verdadero desastre.

Como en otras ocasiones notables, la meteorología pudo cambiar el devenir de la historia del futuro rey de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, artífice de la unidad española.

Fondeó la imponente flota frente al pequeño puerto de Tazones, por lo no es difícil imaginarse es susto y desasosiego que atenazarían los corazones de los lugareños, al observar la llegada de las 40 naves, algo nunca visto en este pequeño puerto pesquero, por lo que se dispusieron inicialmente para la defensa, puesto que pensaban que eran enemigos turcos o franceses.

Ahora bien, una vez vieron que los que desembarcaban no iban armados, que había también damas y damiselas, y que hablaban castellano (excepto Carlos que desconocía el español), y portaban el blasón de Castilla, depusieron las armas y dieron la bienvenida a la comitiva real.

Por tanto, sí hubo desembarco en Tazones, aunque Vital, en su relato, continua diciendo que… “Prepararon y engalanaron una gran barcaza real (falúa) donde embarcaron el Rey y su hermana, así como acompañantes notables, y aunque a un cuarto de legua, había un pueblo y puerto llamado Tazones, esto no obstante, no fueron allí a causa de que era un lugar demasiado malo para alojarse en él tanta gente principal, y a causa de que, a dos leguas cerca de allí, había una buena villita, donde estarían mucho mejor alojados que en dicho Tazones. Entonces, a fuerza de remos, llevaron a dicho señor Rey por un río de agua dulce que entraba en tierra, entre dos altas montañas que se perdían de vista, llegando este río hasta esa villita llamada Villaviciosa.”

El cronista oficial, Pedro Boisot, describe también ese momento así…” Echaron anclas, y una vez fondeados, el Rey, su hermana, las señoras y señoritas, con todos los grandes Maestres y señores, entraron en la Falúa Real, y a remo se dirigieron a tierra pasando a lo largo de un pueblecito llamado Tazones, por no tener condiciones para alojar a la comitiva. El Rey fue llevado, por una ría que se internaba en el país, hasta una villa llamada Villaviciosa, a la cual llegaron siendo ya de noche”.

Escudo del rey Carlos I de España antes de convertirse en Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico

Por ello, algunos historiadores, afirman tajantemente que el Rey desembarcó en Villaviciosa, no en Tazones.

Carlos V pernoctó su primera noche en Villaviciosa el 19 de septiembre de 1517, para después dar comienzo a su larga travesía por la cornisa cantábrica, hasta….

Pero esa es ya otra apasionante historia, de la que os podéis informar mucho mejor que conmigo, leyendo los relatos nuestra convecina y buena conocedora de ese tema, Maiche Perela Beaumont.

¡Hacedme caso!

Buena Mar y hasta la vista amigos.

Fernando Suárez Cué

1 Comentario

  1. Muy buenos días, Fernando.
    Maravillosa colaboración sobre la primera parte del viaje de Carlos I a España. Aportas mucha información que desconocía. En lo que a mí respecta, solo conozco algunos datos de la estancia de dos días del futuro emperador, su hermana y séquito en nuestra villa, que viene a ser lo que su cronista contó. Felicidades y muchas gracias.

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