Modas ridículas

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Aunque el título de este artículo invita a pensar que voy a hablar de la moda en el vestir, no es así. Hay  otro tipo de modas que a veces nos pasan desapercibidas, pero que son claramente tan machaconas y ridículas como la primera. Me refiero aquí a la moda en el lenguaje.

Ayer, cuando salí a la calle para dar un paseo vi a una chica que vestía un pantalón de pata de elefante, como aquellos que vestíamos todos los jóvenes hace ya casi unos cincuenta años. Supongo que entonces no apreciábamos lo ridículos que estábamos; en realidad parecíamos una manada de elefantitos pateando el asfalto de las calles.

Era la moda.

Y esta otra, la del lenguaje a la que me refiero, no es menos ridícula que la anterior. La diferencia entre ambas está en que con la primera no molestábamos a nadie, mientras que la  segunda es poco menos que insoportable.

No tengo duda de que todos ustedes ven la televisión y escuchan hablar a políticos, empresarios, médicos y demás profesionales. ¿Han escuchado ustedes a alguno decir tres frases seguidas sin intercalar entre ellas un par de veces el adverbio «evidentemente»? Seguro que no. Y no digamos cuántas más si la duración de la charla se alarga algunos minutos. Que conste que no me estoy refiriendo al feminismo léxico ni a algún lapsus linguae; ni  tampoco al «conceto» de aquel Pepiño ni al «proponidos» del señor Garzón, etc.

Estos errores pasan y los comete quien habla o escribe. Pero cuando profesionales, incluidos periodistas y presentadores de cadenas de televisión a los que se les supone dominio de la retórica, se repiten y hacen un uso exagerado de una muletilla que por repetitiva ofende, es para salir corriendo. ¿Habrán amenazado a estos señores con no salir en la foto si no hacen uso del «evidentemente» de marras? La palabra tiene gran valor, pero es preferible un silencio oportuno al mal uso de ella. El oído es sumamente sensible y a mí, personalmente, escuchar estas repeticiones de palabras que destruyen el perfume y la donosura de nuestra lengua me causa el mismo sobresalto que cualquier ruido fuerte y molesto.

¡Como si no hubiera sinónimos suficientes en español para evitar cacofonías y coletillas!  De pena.

José Manuel Carrera Elvira

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