Árgano o cabestrante

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Halando de un cabo

Cuando nos imaginamos o pensamos en barcos, casi nadie se acuerda de un instrumento que todos portan, por ser una máquina necesaria y hasta imprescindible. Me refiero al “árgano” o “cabestrante”.

Es esta una máquina que, a modo de grúa, se emplea para subir cosas de mucho peso por medio de una maroma o cable que se va enrollando en un torno vertical a medida que gira, y se logra por la potencia que se aplica a unas barras, o palancas, introducidas en las cajas abiertas en el canto exterior del cilindro, en la parte alta de la máquina.

“Movían el árgano una media docena de barras, cada una empujada por cuatro hombres”.

Imagen del uso del cabestrante

Esta palabra en su etimología viene de “árgana” y es de procedencia latina popular bajo denominación “arganum” y a su vez del griego “οργανα” (“organa”), y se puede traducir por “instrumentos”.

Tal como los demuestran varios jeroglíficos egipcios ya era conocida su utilidad, hacia el siglo XII a. C.

En un principio los árganos, recogían la cuerda en su tambor, mientras que hoy en día, en los cabestrantes náuticos la cuerda o cadena, ya no se almacena en el tambor, sino que, limitándose a enrollar unas pocas vueltas en él, va haciéndolo pasar para depositarlo en la “caja de cadena” (también denominado “pozo de cadena”), un espacio determinado para ese fin.

Caja o pozo de cadenas

Otra palabra que puede entrar en este grupo es “malacate”, del náhuatl “malacatl” (“huso”), “cosa giratoria” que, a manera de cabrestante, era usada en las minas para sacar minerales y drenar el agua. El “náhuatl”  o mexicano es una macrolengua “yutonahua” que se habla en México.

Hoy en día, “malacate” (winch en inglés), es un tambor que contiene enrollado un cable de acero, soportado por una base, que va fijado sobre una superficie lisa.

Cabestrante de fondeo

En apoyo de estos mecanismos se encuentra el “estopor”, que en náutica es otro mecanismo intercalado entre el cabrestante del ancla y el escobén a fin de evitar el movimiento de la cadena. La acción del estopor forma parte del trincado a “son de mar” de las anclas en navegación, evitando que por efecto de un fuerte cabeceo las mismas se muevan de sus alojamientos, aunque su principal objetivo es evitar que el molinete sufra la tensión de la cadena.

Estos “molinetes”, que en las embarcaciones de recreo pequeñas es lo que acostumbran a armar en proa, es una máquina que consiste en un tambor (cilindro) horizontal accionado mecánicamente por una banda que sirve para mover pesos, sobre todo el del fondeo. En esencia es un cabrestante horizontal.

Malacates del ancla

Como este tipo de embarcaciones no suelen montar el estopor, y siendo Imprescindible un freno en el molinete una vez fondeado, se debe fijar un cabo con un mosquetón entre la cadena y una cornamusa, con el mismo empleo, o sea evitar que el molinete sufra toda la tensión del fondeo.

Dentro de este tipo de artilugios, debemos contar con el chigre, que son máquinas con eje de giro horizontal y que permiten multiplicar la fuerza ejercida sobre cabos, cables o cadenas. Están movidas generalmente por electricidad, y son empleadas en carga y descarga de objetos más o menos pesados y voluminosos, para servir de ayuda a un remolque, o para la acción de “espiar” el barco, por medio de “espías”, que en náutica son los cabos que sirven para mover una embarcación, dándolo a un muelle, boya o a algún objeto fijo.

Estopor

Esta maniobra de “espiar”, una de las más interesantes de las que he usado, se emplea con frecuencia por las embarcaciones de vela para entrar o salir de un puerto, cuando el viento no les da para hacerlo, y no hay, o no se quiere utilizar un remolcador, También se usa para navegar a lo largo de un canal u otro lugar muy restringido, o para ascender contra la corriente de un rio, como fue en nuestro caso.

Lo más sencillo en la maniobra de espiarse, consistió simplemente en largar o “tender la espía”, haciéndola firme, para ello, a un muerto, argolla de tierra ( en nuestro caso fue el tronco de un árbol)), ancla o anclote fondeado con ese fin, y tras pasarla por proa, cobrarla e ir introduciéndola a bordo por medio del cabestrante o del chigre, si el barco lo tiene, para  una vez llegado al lugar donde ha sido amarrada la espía, cobrarla y repetir la maniobra tantas veces como haga falta.

Molinete electrico de fondeo

Antiguamente se hacía mediante una fila de hombres que, mano sobre mano, halaban de ella, caminando por la cubierta si esta era lo suficientemente espaciosa.

En otros casos, cuando el viento no entra de la dirección deseada para mover el barco. y hay peligro real de abordar cualquier obstáculo al aproarse al viento, además de la espía se usan otros cabos, dos para las amuras y dos para la aletas, que controlando los desplazamientos que pudiera tener, que dejan al patrón dueño de los movimientos del buque.

Whinche

Una vez aclarada la maniobra, solo que relajarse y descansar.

¡Buena Mar y hasta la vista amigos!

Fernando Suárez Cué

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