Teyeu

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El segundo jueves de abril, en el que no cabía más luz, un viento fuerte y muy frío del nordeste nos hizo pensar que nuestro paseo sería más apacible por el interior que por la costa. Así, nos adentramos en el Valle de Ardisana y aparcamos el coche junto al puente de Riocaliente, donde disfrutamos contemplando sobre el río Tejo a las golondrinas quebrando el aire con sus vuelos.

Seguimos hacia Mestas, ese pueblo famoso por cultivar las verdinas, escuchando el canto de revoltosas lavanderas cascadeñas, que apenas dejaban ver su color amarillo lima. Y a la altura del Hotel Benzúa, cambiamos nuestro habitual camino y cogimos el que se encuentra entre el río Santa Marina y las casas de aldea Xideces.

¡Cuántas veces habré estado comiendo en Xideces y sin embargo nunca había tomado ese camino!

Continuamos hasta un cruce, donde un crucero tiene en su base una inscripción que reza: “La Venta”, y optamos por seguir el sendero de la izquierda. A medida que avanzamos todo se volvía magia, molinos olvidados, cuidados caballos, un burrín, que se acercó a saludar, margaritas, malvas acorazonadas, manzanos florecidos, en cuyas ramas revoloteaban camachuelos casi sintetizados con el color rosado de las flores. Sin faltar alisos, abedules, fresnos, nogales y castaños retorcidos con vocación de milenarios. Y de pronto nos salió al paso otro senderín que sube a Llumedián, aldea a 160 metros, encaramada en el extremo más bajo de la sierra de la Cubeta.
Decidimos no desviarnos, dejando la visita a Llumedián para otro día, y tras un rebaño de vacas de afilados cuernos y multitud de terneros tomando el sol, llegamos a otra aldea, Teyéu, a la vera del río Piedrahita, de casas agrupadas y 7 habitantes.

Todavía continuamos unos metros más hasta que la vista del valle se va cerrando por la ladera de la sierra de la Cubeta y los montes de Hibeo y sus contrafuertes.

Al llegar a casa, con los pensamientos y las sensaciones tan desordenados que no era capaz de escribir, me faltó tiempo para enterarme de que Teyéu se adentra en el antiguo camino real de Piedrahita, que fue en el siglo XVIII uno de los itinerarios mas transitados por ser de paso obligado para los viajeros que realizaban la ruta de Llanes a Cangas y Oviedo. Figurando, entre ellos, el mismísimo Jovellanos, según recoge en el diario de su viaje de 1790.

Es más, Sánchez Albornoz refiere que esa calzada fue abierta ya en tiempos de los romanos.

¡No hay cómo cambiar de camino!

Maiche Perela Beaumont

Imágenes, Valentín Orejas

2 Comentarios

  1. Buena tardes, Rostroazul.

    Todo mi agradecimiento por su bonito y afectuoso comentario. Le echamos en falta el miércoles en «el pajarín punky».. Nos tienes usted muy mal acostumbrados..

    Tengo que darle la razón en que en los mismos paseos los ojos y los pensamientos son distintos…Cuando repito un camino del que he escrito…se me ocurren muchas cosas que no he recogido..Y, también, cambian totalmente dependiendo del estado de ánimo…Sí el paseo a Teyeu…en lugar de haber sido el segundo jueves de abril…hubiera tenido lugar el primer jueves de mayo…en poco se parecerían…Y no le digo nada…si además del estado de ánimo…cambía la estación…Por ejemplo en Otoño..en vez de en Primavera…

    Me lee usted con muy buenos ojos…De momento no tengo pensado editar ningún libro más…Pero mis artículos están a su disposición…

    De nuevo gracias, de corazón.

    Le espero el miércoles.

  2. Cuando Doña Maiche escribe sobre un camino, saca quizás la vertiente más entrañable de su prosa.
    Es cuando se pone de manifiesto que es una parte esencial de su ser. Escribe para sobrevivir, para reconstruir lo destruido, para dar significado a aquello que de otra manera pasaría inadvertido a miles,…. escribe para percatarse al máximo de su entorno y, al mismo tiempo, escribe para encontrarse a si misma y que nosotros, sus lectores la encontremos en el camino y disfrutemos de su esencia con ella.

    ¡Cuántas veces habré estado comiendo en Xideces y sin embargo nunca había tomado ese camino!

    Escribe todo lo que descubre su mirada en ese punto donde intenta salvar lo que, si no fuera por la escritura, se perdería; Las palabras escritas sobre una hoja en blanco son víctimas de la imaginación que explora posiciones desconocidas donde surgen un sinfín de experiencias desordenadas…..

    ¡Al llegar a casa, con los pensamientos y las sensaciones tan desordenados que no era capaz de escribir, me faltó tiempo para enterarme de que Teyéu se adentra en el antiguo camino real de Piedrahita….!

    La escritora reescribe desde su siempre deformante imaginación aquellas experiencias tal como las percata en su estado de ánimo. Nadie que hiciera el mismo paseo que Doña Maiche nos contaría la misma experiencia, y ni ella misma si lo hiciera hoy en vez de cuando lo hizo, lo vería del mismo color ni se fijaría en las mismas cosas,….ni los camachuelos la verían a ella con el mismo semblante.

    Inaprensible es la vida y las experiencias, el relato presente como el pasado, son iluminados por una luz, del que vive para contar a su lector y que nos cuenta como es el vivir de Doña Maiche.

    Gracias doña Maiche por escribir tan bien, por contarnos la magia de cada rincón de su comarca… debería recopilar en un III libro sus artículos. Si no lo hace usted quizás yo lo haga
     

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