Rincones secretos X

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Esta semana nos vamos a una frontera, la que forma el río Aguamía o Guadamía entre los concejos de Ribadesella y Llanes.

El pequeño río de apenas 5 kilómetros nace en la Sierra de la Cueva Negra, debajo del Picu Bacia.

Para acercarnos a su recorrido dejaremos la autovía A8 dirección Oviedo en la salida 312 hacia Belmonte por la AS-263. A la altura de la estación de FEVE hay un cruce a mano derecha que nos llevará hacia Llames de Pría y Garaña por la carretera LLN-17. Poco antes de llegar a esta localidad hay un cruce a la izquierda que va hacia Cuerres y cuando veamos un mojón indicativo del Camino de Santiago, ahí podremos aparcar el coche y empezar la ruta.

Lo primero que encontramos es un puente medieval (podría estar construído sobre otro de origen romano) y hay una placa dedicada a Samuel Cachero, quien diseñó esta senda. Nada más pasar el puente, hay que cruzar una «pasera» de madera que nos lleva a la orilla del río en su margen izquierda. Un bosque de ribera nos acompañará: avellanos, acacias, arbustos llenos de flores… Cruzamos unas acequias que desviaban el agua hacia la presa de un molino que encontramos rehabilitado como vivienda. A lo largo del río Guadamía llegaron a funcionar hasta nueve molinos, hoy convertidos en ruinas que están siendo tomadas por la vegetación.

Hay otros dos puentes de piedra, chiquitinos y con falta de que se les limpie la maleza antes de que se los coma. También cruzamos pasarelas de madera más modernas pasando de un concejo a otro.

En primavera vamos viendo cascadas, pozas verdes y profundas… Y flores, cantidad de iris amarillos y calas (mantos) que ponen una nota de color en las aguas del pequeño río.

Hay tanto que ver que sin darte cuenta ya estás pisando arena, el paisaje se abre, desaparecen los árboles y el río se convierte en ría pues el mar está a la vuelta de la esquina en la ya cercana playa de Guadamía. Con marea alta no se puede pasar. Así que seguimos la senda del G.R. E-9 que nos lleva hacia Llames de Pría. En menos de dos kilómetros llegaremos al punto donde dejamos el coche.

Si tuviésemos que ponerle un título sería el de «Senda para los sentidos». Vemos una vegetación exuberante, árboles, arbustos, flores… Oímos los cantos de los pájaros y el sonido del agua… Tocamos los troncos rugosos de los árboles y la suavidad de las calas… Olemos los musgos, las hierbas, las flores, el mar… Saboreamos cualquier hierba de los cientos que encuentras…

Son aproximadamente 4 kilómetros que se recorren sin problemas en una hora larga, todo dependiendo de la capacidad de contemplación que cada uno tenga.

Texto e imágenes, Sol Caso Blanco

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