San Antón bendice en Parres

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Hace muchos, «muchísimos», años los ganaderos y agricultores del pueblo de Parres, en el concejo de Llanes, engalanaban con campanillas a sus vacas y limpiaban de toda suciedad a sus gallinas y otros animales para acercarse hasta la iglesia parroquial a celebrar San Antón. Una vez allí, el cura bendecía aquel ganado y a todos los animales que llegaban, y que habían de ser sustento de los hombres de aquel lugar. También venían de otros pueblos, y todos con el fin de que el patrón de los animales santificara sus bienes, tan preciados, y tan únicos por aquel entonces.

Con el tiempo, los vecinos dejaron de tener la agricultura y la ganadería como sustento principal y la decadencia del campo ha sido más que evidente. Por ende, aquella tradición ancestral ha ido cambiando con el paso de los años.

Ya nadie acude a San Antón para encomendar sus rebaños y garantizarse un buen futuro. Pero la devoción al santo en este pueblo abrigado por el Cuera y el Mañanga se mantiene sin intereses que vayan más allá de garantizar la salud de mascotas y animales de compañía, a los que sus dueños quieren como miembros de la familia.

El pasado año hubo burros, pájaros, tortugas y hasta hámsters. Este año sólo había unos cuantos perros y dos gatos que acudieron para ser bendecidos, de uno en uno,  por el párroco Florentino Hoyos, en el interior del templo de Santa María Magdalena. Allí fue donde él ofició la ceremonia religiosa, cantada por el coro de Parres al son de la gaita de Julián Herrero, de la Banda L’Alloru de Balmori. Un espectáculo musical que atrajo los oídos del centenar de personas que acudieron a la misa.

Fue al término de ésta cuando Hoyos, con la ayuda del pequeño Pelayo, bendijo a los animales, en brazos de sus dueños. Los de Eloy Romano y Alba Romano, Can (cruzado) y Luna (Pastor Vasco) que no era la primera vez que llegaban a la homilía «para cumplir con la tradición». Aunque no son los únicos animales de casa, todos serían demasiados para poder llegar hasta la iglesia con ellos. «Tenemos cinco perros y siete gatos», explicaba la pequeña Alba, de siete años. «Y la ganta de mi abuela, que no la pude traer porque todavía no tiene ni un año, pero que el año que viene vendrá», anunció. «Y también traeré a Kira (Pastor Vasco) que esta vez no pudo venir porque está trabajando con mi padre», lamentó. Lo hacía junto a Marina y Noel Palacio Galán, de cuatro y cinco años, respectivamente, que mientras corrían por alrededor de la iglesia, explicaban que en su casa hay dos animales, «un perro», de nombre «Manolín» y una yegua que a Noel se le olvidó nombrar.

Antes, «traían burros», aunque el que siempre lo hacía «murió, Pepe, murió». Desde entonces «ya casi no vienen» y eso que sólo en el pueblo de Parres, «hay hasta 21».

Lo que sí había era más perros. Virtudes Cantero llegó de Porrúa con Willer (Border Collie). «Nunca falto, es la primera vez que vengo con éste, pero antes venía con otros dos que tuve» para cumplir con «una tradición genial» que «no debería de perderse porque nos gusta a mucha gente».

A tanta que dos personas se desplazan desde Torrelavega para cumplir con San Antón en Parres. Es el caso de José Miguel Rubín y «esposa» que acuden desde que «nos enteramos de esta tradición» al pueblo para que el cura bendiga a su perro Triski de 8 años. «Lo vimos por internet hace dos años y no dudamos en venir», aseguran. «Nuestras mascotas son lo más importante para nosotros, y que estén benditas es un ritual más para su vida», decían mientras posaban para una foto que su hija les hacía junto al santo.

Mientras, esperaba su turno para hacerse la instantánea Jesús Saavedra, «el guarnicioneru de Llanes» que sostenía en sus brazos a Lucas (Fox Terrier), recién bañado en agua bendita. Saavedra, en silla de ruedas y con 90 años cumplidos, acudía a San Antón por primera vez.

Rebeca Díaz Caneja ha perdido la cuenta de las veces que ha acudido a la cita. Esta vecina parraguesa no llevó animales propios, pero acudió con la gata Musi, de su vecina Melia Fernández, que no pudo acudir por motivos laborales. Su minino quedó bendito.

Igual que Tula, la Fox Terrier de Goya Cerezo, la más divina de todas las perras que allí había, con una cadena de perlas y luciendo sus mejores galas para la ocasión.

Porque en Parres la de hoy es una fiesta. A los animales y sus bendiciones, se unen las ofrendas de alimentos, productos casi siempre provenientes del campo. «Apenas hay alimentos en las huertas y cada vez se vive menos de la agricultura», lamentaban Rebeca y su hermana Raquel. «Así que esos productos han sido sustituidos por boronas, bizcochos, nueces, limones y cosas de casa» que distintos vecinos ofrecían hoy al santo para la posterior subasta popular. Una subasta que, en ediciones anteriores, incluía animales vivos, «conejos, gallinas y pollos», sobre todo. Pero que este año no contó con ninguno de ellos».

En su defecto, Chichi Gómez hizo un arroz con leche por el que se alcanzaron los 38 euros de puja. Se lo llevó Sol Rodríguez, una vecina de Gijón con casa en Andrín que venía sólo a bendecir a su mascota, un perro, Coco, de 14 años.  «Creí que no lo iba a conseguir», decía Sol mirando una fuente de arroz con leche «que no te imaginas lo bien que sabe». El apunte gastronómico lo hacía la voz de la subasta, Cardi Gómez, hermano de la elaboradora del suculento postre asturiano.

Cardi lleva subastando «unos cuantos años», heredó la tradición de su padre, «Ricardín» que apretaba las tuercas de los presentes en tiempos donde se pagaba por una borona hasta cien euros.

Hoy la borona se pagó a 41 euros y lo hizo un vasco que «no la ha probado en la vida». Iñaki Castañeda ni conocía la borona rellena, ni la fiesta de San Antón, pero se no dudó en pujar por ella. Luego preguntaba cómo se comía, «¿de primero, de segundo o de postre?¿caliente o fría?». Goya Cerezo, la cocinera del manjar, le haría posteriormente recomendaciones al respecto.

Docenas de huevos que alcanzaron los 13 euros y que Mariguí Fernández pago gustosa junto a los 23 que invirtió en un bizcocho casero. Quesos de Porrúa a 13 euros, y quesos de casa por 10. Nueces por valor de 15 euros que ya tiene en casa Ana Martín, o los dos «rabos de gochu», indispensables, en la cocina de Goya Cerezo, previo pago de 10 euros…

Y así hasta alcanzar la cifra de unos 250 euros que los vecinos deciden donar a la iglesia, a quienes eran ofrecidos previamente.

Parece que la tradición decae en cuanto a la llegada de animales diversos, pero en Parres no dejarán que muera y animan a que el próximo año, los vecinos regresen con sus animales, sus mascotas y sus ofrendas a los pies de San Antón.

 

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