La radioafición rompe la brecha generacional en Llanes

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La brecha generacional tiene sus excepciones. Es posible que una persona de 92 años comparta la misma afición con otra de 10. Pese a la diferencia de edad y aunque les separe el salto tecnológico más grande vivido en la edad contemporánea, Ceferino Ibáñez y Pablo Molina, nonagenario el primero, y con la década recién cumplida el segundo, son el más veterano y el más joven radioaficionados del país. Y hoy se han reunido en Llanes, alrededor de una mesa en la que compartían mantel con otras 140 personas que comparten idéntica afición y que llegaron de diferentes puntos de España para rendir su particular homenaje a las ondas eléctricas.

Acudieron a la llamada del Radio Club Escudería Villa de Llanes para dar forma a una cita que ha cumplido siete años y que, cada edición, supera en participantes a la anterior. Este año, fue más especial que otros. Precisamente porque Ibáñez y Molina son dos ejemplos de perseverancia y descubrimiento. Entre las experiencias de uno y las ganas de aprender del otro, se crea un mundo que sólo entienden quienes tienen a esta afición como la más valorada. «Quien prueba, repite, y se engancha». Lo dice Ibáñez, la voz de la experiencia nacida en la localidad piloñesa de Infiesto, que no ha dejado de conectarse a la radio desde «que era bien joven».

«Trabajé en el asunto eléctrico y en mi etapa en Alcoa me encargaba de las emisoras de Peñamayor y el Sueve», explicaba el piloñés. «Fue ahí cuando me aficioné. Controlaba que todo estuviera bien y hacía servicios dos veces al mes. Recorría las zonas donde estaban las centrales y las oficinas y, además, era capataz de toda la zona de Infiesto», relata. Aquel empleo le llevó a sentir curiosidad por seguir utilizando la radio para algo más que le trabajo. «Conocías a mucha gente, la sigues conociendo» y es, precisamente eso, «lo que más me gusta».

Tanto que la radioafición creó vínculos que aún permanecen. «Todas las noches hacemos un QSO», detalla. Pero, ¿qué es un QSO? «Pues establecer una conversación entre varios que nos juntamos por radio todas las noches a partir de las diez», indica evidenciando las siglas. «Yo el móvil lo uso poco, la radio es lo que más utilizo para hablar con gente de todas partes», explica recordando su indicativo, EA 1AXU.

A día de hoy, Ibáñez repara las antenas del Sueve cada vez que «un viento las estropea, que es bastante a menudo» y ha inculcado la pasión por la radio a su hijo y su nuera, con quienes habla a través de ella. «Tienen afición, claro que sí, y cualquier chaval joven a quien se lo muestres también, yo he estado enseñando y haciendo pruebas en clases de escolares y en cuanto escuchan lo que se oye les entra el gusanillo», asegura.

Y algo debe haber de cierto en lo que dice porque así fue como Pablo Molina comenzó en este mundo en el que apenas encuentra a gente de su edad, algo que, si hay que buscar la parte positiva, la halla en que «soy el mimado de todos» los que conocen a través de las ondas. «Escuché hablar a mi padre (Josep) y me gustó», asegura el pequeño que comenzó «hablando en PMR -una frecuencia de radio con un alcance corto-, una banda libre» para la que no hace falta titulación. Primero «hablaba con mi padre, por casa o por el camping», recuerda, hasta que llegó el momento de dar el salto y al pequeño Pablo le entró la curiosidad «de hablar con más distancias».

Así, el 21 de septiembre pasado «me saqué mi indicativo» tras superar dos pruebas. Lo dice orgulloso, señalándose la chaqueta en la que lo lleva bordado, EA 1IWT, precedediendo a su propio nombre.

«No hay nada más divertido que otra cosa en este mundo, todo es divertido» en esta especie de esfera paralela de los radioaficionados. «Conoces a bastante gente» y Pablo considera muy importante «saber inglés porque nunca sabes con quién puedes contactar».  Y porque uno de sus retos está en «contactar con la Estación Espacial» como ya lo hizo el llanisco, José Ramón Llanes, el pasado mes de mayo.

Todo se andará. De momento, Pablo aprende poco a poco, y hoy se irá de Llanes para Oviedo, donde reside a pesar de ser cántabro, con un buen puñado de consejos y anécdotas narradas por Ceferino. Y por el resto de participantes en la comida en la que hubo recuerdos y un sorteo de regalos.

Mientras todo avanza, el padre de Pablo, Josep, aboga por «fomentar la radioafición entre todos» para bajar la media de edad que «está en los 60 años». «Aunque esto no para de crecer», asume José Antonio Gonzalo, del Radio Club de la Escudería Villa de Llanes. No en vano, en Asturias hay 1.300 personas con licencia que eligen las ondas eléctricas para comunicarse y sitúan al Principado como la quinta provincia más activa de España en número de radioaficionados.

La radioafición, en esencia, resume el llanisco Álex Darrosa, «es una red social, la evolución de los corrillos de las abuelas», y la antesala de un mundo tecnológico que apenas recuerda las ondas eléctricas como medio de comunicación.

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